Ocho visiones de un joven

o Respuestas constructivas para preguntas angustiantes

Michael Hardt

Para algunos creyentes, las visiones nocturnas de Zacarías han sido una fuente de aliento, especialmente en tiempos difíciles para el testimonio. Para otros, han sido siempre algo oscuro o misterioso. Este artículo pretende ayudar al segundo grupo de la siguiente manera: nos proponemos mostrar a Zacarías y a otros fieles judíos atribulados por una serie de preguntas que surgían de la situación tan particular por la que estaban atravesando. Nosotros formulamos estas preguntas y mostramos cómo cada una de ellas obtuvo una respuesta por medio de las distintas visiones. También intentaremos demostrar de qué manera estas visiones están relacionadas entre sí. Ellas muestran, paso a paso, el camino que va desde la situación desesperante del remanente de aquel tiempo hasta la época en que los planes concernientes a Jerusalén y, más importante aún, a “el varón cuyo nombre es el Renuevo” (Zacarías 6:12) alcanzan su pleno cumplimiento.

1.ª visión: Zacarías 1: 7-17

¿Cuáles eran las dificultades en los días de Zacarías? El trono de Dios (1.º Crónicas 29:23) ya no estaba en Jerusalén. El Imperio Persa dominaba la región. La cantidad de judíos que habían retornado a Jerusalén era relativamente poca, y aun estos pocos habían dejado de trabajar (Esdras 4:24). A Zacarías le tocó vivir en medio de este pobre, débil y oprimido «remanente» (Esdras 5:1) que ya no podía jactarse de nada: sin poder, sin milagros, sin señales de la presencia de Dios y sin la nube de gloria. Esta observación rápida del contexto en el que se hallaban nos resulta suficiente para pensar cuál fue, en esa situación, la primera pregunta que surgió:

 

Pregunta 1

¿Acaso Dios no se siente absolutamente contrariado ante el hecho de que los gentiles opriman al pueblo de Dios? En otras palabras, ¿permitiría Dios que dicha situación persistiera indefinidamente?

La primera visión (Zacarías 1: 7-17) nos da la respuesta. Un hombre montado sobre un caballo rojo se detiene entre los mirtos, lo cual nos habla de un avivamiento (cfr. Nehemías 8:15; Isaías 41: 19; 55: 13). El mensaje del ángel contiene los siguientes elementos clave: Jehová está celoso por Jerusalén y por Sión (v. 14). Además, Él se muestra indignado a causa del poder gentil (v. 15). El versículo 16 presenta la promesa de mostrar nuevamente misericordia y, puntualmente, de que Su casa será edificada, y que la elegida será Jerusalén (v. 17). Todo esto responde la primera pregunta de una manera que seguramente sobrepasa la expectativa de muchos de nosotros.

 

2.ª visión: Zacarías 1: 18-21

Una vez que ha sido dada por medio de la primera visión la confirmación de que Dios mostrará misericordia nuevamente, surge la segunda pregunta:

 

Pregunta 2

¿Y qué sucede con los gentiles? ¿Cómo puede ser que Jerusalén sea la elegida y las ciudades sean colmadas de prosperidad (v. 17) si el poder gentil todavía nos está oprimiendo?

La visión de los cuatro cuernos responde cabalmente esta pregunta. Estos cuatro cuernos de las naciones se habían levantado contra la tierra de Judá (v. 21); pero, Dios posee los instrumentos adecuados para tratar con ellos: cuatro carpinteros están listos (v. 20) “para aterrarlos” (v. 21).

 

3.ª visión: Zacarías 2: 1-13

Aparentemente, el poder gentil no era el único impedimento para la restauración de Sión. Si un judío fiel miraba alrededor de Jerusalén, sólo podía ver ruinas. Muros, puertas y casas estaban en ruinas; y este estado de cosas persistió hasta la época de Nehemías (Nehemías 1:3). Además, el hecho de que poca gente habitara esta ciudad le daba a la misma una apariencia de desolación aún mayor (cfr. Nehemías 7:4).

 

Pregunta 3

¿Se interesará Dios en una ciudad en que sólo puede hallarse “piedras... polvo...” (Salmo 102:14) y ruinas?

El hombre que tenía el cordel de medir (v. 1) da la respuesta. Él iba camino a “medir a Jerusalén”, es decir, a tomar posesión de ella. Esto es reforzado por el mensaje del ángel, quien afirma que Jerusalén será habitada como una ciudad sin muros a causa de la muchedumbre, excepto por el muro de fuego que tendrá a su alrededor: Jehová mismo (vv. 4-5). Muchos de aquellos que habitan en la “tierra del norte” o “con la hija de Babilonia” están invitados a reunirse, y se reunirán, cuando el Señor aparezca en gloria (v. 8). Finalmente, Jehová mismo vendrá (v. 10) y habitará en medio de ellos (vv. 10,11). Jehová es presentado como habiendo ya iniciado este «viaje» (v. 13), el cual concluirá cuando Él se reúna con su pueblo. Judá entonces será la porción de Jehová, y Jerusalén Su elegida (v. 12). ¡Qué respuesta más completa para aquellos corazones que se afligen a causa de la ruina de Sión!

 

4.ª visión: Zacarías 3: 1-10

Ahora debemos pasar de los obstáculos prácticos (dominio gentil, una ciudad en ruinas, debilidad numérica, etc.) a los morales. Cualquiera que estuviera conciente del estado moral del pueblo seguramente se preguntaría:

Pregunta 4

¿Cómo puede ser que esta tierra sea santa (Zacarías 3:9)? ¿Acaso no nos hemos corrompido? ¿Y qué sucede con nuestra culpa? ¿Puede Jehová restaurar la tierra de una gente que se ha corrompido y que, por lo tanto, está sujeta a las acusaciones de Satanás?

Muy adecuadamente, por cierto, en esta visión aparece el sumo sacerdote Josué, vestido con ropas sucias [1] (v. 3) y de pie delante del ángel de Jehová (v. 1). Satanás no pierde oportunidad para estar presente (v. 2) cuando se trata de acusar al pueblo representado por el sumo sacerdote. Pero, el mensaje del ángel es muy particular: “Y éste respondió y habló a los que estaban delante de él, diciendo: ¡Quitadle las ropas sucias! Y a él le dijo: Mira que he hecho pasar de ti tu iniquidad, y te voy a vestir de ropas de gala” (v. 4). La iniquidad es quitada y en su lugar se colocan ropas de gala: esta es la respuesta de Dios.

[1] La iniquidad de Josué aparece como representativa y como personal. En otras palabras, habla de los pecados del pueblo, no de sus propios pecados: la iniquidad de esta tierra será removida en un solo día (v. 9).

 

5.ª visión: Zacarías 4: 1-14

Una vez quitada la culpa moral (la promesa de ser quitada), el problema de la debilidad en el orden práctico sin embargo subsiste. Israel no tenía rey, sino solamente un gobernador, llamado Zorobabel (Esdras 2:2 y Hageo 1:1). La autoridad Real recaía absolutamente sobre el Imperio Persa. Por lo tanto, la pregunta angustiante sería la siguiente:

Pregunta 5:

¿Qué sucede con nuestra debilidad? ¿Cómo podemos brindar un testimonio bajo estas circunstancias?

La respuesta aparece enmarcada en la visión del candelabro (v. 2) y los dos olivos (v. 3), estos últimos representando a Josué y a Zorobabel, los dos líderes del pueblo o “los dos hijos de aceite que permanecen junto al Señor de toda la tierra” (v. 14). El versículo 6 presenta un claro mensaje dirigido a Zorobabel: “¡No por esfuerzo, ni con poder, sino por mi Espíritu!, dice Jehová de los Ejércitos”. Si el líder civil aparentemente no tenía suficiente poder, esto no podía frustrar los planes de Dios. No era el tiempo de exhibir poder, sino “el día de las cosas pequeñas” (v. 10). El testimonio (el candelabro) sólo podía ser mantenido por el Espíritu de Dios (v. 6). Zorobabel, a pesar de su aparente debilidad, había sido elegido para concluir la obra, pero solamente por gracia (v. 7).

 

6.ª y 7.ª visiones: Zacarías 5: 1-4 y 5-11

Mientras que las primeras cinco visiones contienen afirmaciones contundentes acerca de la restauración de Sión en sus diversos aspectos, las últimas tres tratan sobre los asuntos complementarios. Las primeras (visiones 6 y 7) incluso se presentan como advertencias. Pues un judío, luego de haberse enterado del contenido de las primeras cinco visiones, podría haberse preguntado:

Pregunta 6 y 7:

¿Pero acaso Dios pasará por alto el mal que aún permanece entre nosotros?

Aun cuando es cierto lo que afirma la expresión “quitaré la iniquidad de esta tierra en un solo día” (Zacarías 3:9), esto no quiere decir que Dios pase por alto el mal. La gracia no debe tornarse en lascivia (Judas 4, Romanos 3:8 y 6:1). Por lo tanto, Zacarías observa un rollo que vuela (v. 2), el cual representaba a la maldición (v. 3) que alcanzaba a la tierra a causa del mal moral en contra de Dios (perjuro) y en contra de su prójimo (robo). Las consecuencias de cualquiera de estas transgresiones morales mencionadas será inevitablemente la destrucción (v. 4).

La séptima visión presenta a una mujer sentada en medio del efa y personalizada como la “Maldad” misma (v. 8). Esto presenta de manera muy sugestiva a la idolatría. Y el mal religioso no puede ser tolerado más que el perjuro o el robo. La idolatría, por lo tanto, es conducida de regreso a Babilonia (Sinar, v. 11), su propia fuente. Tal como las cigüeñas regresan a sus nidos, la idolatría exhibe sus raíces y orígenes en Babilonia. Dios no pasa por alto estas cosas, sino que las trata como lo que son.

 

8.ª visión: Zacarías 6: 1-8

Esta visión final resguarda contra un potencial malentendido. Si Josué y Zorobabel son aceptados por Jehová como “los dos hijos de aceite que permanecen junto al Señor de toda la tierra” (Zacarías 4:14), entonces surge una pregunta:

Pregunta 8:

¿Debemos someternos al poder gentil? ¿No es suficiente respetar a los líderes que Dios nos ha dado? (Especialmente si consideramos que Dios está “sumamente indignado” contra las naciones, Zacarías 1:15)

Este pensamiento puede surgir en muchas personas especialmente cuando están a la luz de la 5.ª visión. Cuán atractivo debe de haber sido la idea de librarse del humillante yugo de los gentiles. Pero, la visión final advierte en contra de esta idea atrayendo la atención hacia los agentes (espíritus, v. 5, versión JND) que operan detrás del poder de los gentiles. Ellos no actúan siguiendo sus propias ideas, sino que “van saliendo de su puesto, junto al Señor de toda la tierra” (!) (v. 5 b ). Por lo tanto, hasta el momento, ellos están autorizados por el Señor. En parte (sólo los caballos negros han ido a la tierra del norte y cumplido así su objetivo) ellos ya han sosegado la indignación de Dios (o “han satisfecho mi ira”, nota al pie de la versión JND en inglés). No obstante, hasta que estos espíritus hayan cumplido con los designios de Dios, ellos deben seguir su curso de acción sin desviarse ni a la izquierda ni a la derecha.

¡Cuán plenamente son alentados por Dios sus fieles en el día de ruina! ¡Y cómo Él también los preserva cuidadosamente de las malas interpretaciones que pudieran surgir! Así, el camino queda abierto para contemplar la escena final: un Hombre cuyo nombre es el Renuevo, Rey y Sacerdote sobre su trono. En los versículos 12 y 13, es presentada una secuencia de las glorias del Señor Jesús. Los consejos de Dios y la restauración de Sión encuentran su centro en este Hombre: “¡Mirad al hombre cuyo nombre es el Vástago!; y él de su propio tronco brotará; y edificará el Templo de Jehová. Sí, edificará el Templo de Jehová, y llevará sobre sí la gloria; y se sentará y reinará sobre su trono, siendo Sacerdote sobre su trono; y el consejo de la paz estará entre los dos”.

¿Es todo esto importante en nuestros días?

 

Finalmente, podemos afirmar que las visiones de Zacarías, después de más de 2.500 años, no han perdido su vigencia. Los creyentes de hoy en día, quienes ocupan un lugar muy especial en el corazón del Señor (los que conforman la Iglesia , que Cristo amó y ganó para sí mismo (Efesios 5:25) bien pueden recibir lecciones morales de estas antiguas visiones.

En primer lugar, aprendemos que Dios quizá no intervenga mientras su pueblo está siendo oprimido, pero esto está lejos de significar que Él se comporte con indiferencia (cfr. la visión 1). También es cierto que Dios tiene un instrumento adecuado para tratar debidamente con todo poder opositor (visión 2). Además, podemos estar seguros de que Dios se interesa aun por el más débil esfuerzo realizado a fin de mantener un fiel testimonio para Él (visión 3). El Señor siempre se ocupará de los suyos en lo que se refiere a sus faltas y fracasos (si esto es juzgado), como así también en cuanto a la debilidad de los mismos (visión 4 y 5). Sin embargo, recordemos que nunca podemos pensar que Dios tolera el mal. Ya sea que el mal esté dirigido contra nuestro prójimo (visión 6) o contra Dios mismo (visión 7), Él siempre lo juzgará. Al mismo tiempo, siempre debemos respetar la manera en que Dios provee a los suyos, y también debemos estar concientes de que, aun cuando Él esté operando detrás de escena, gobierna y dirige todas las cosas perfectamente según Sus planes (visión 8).

Si aprendemos estas lecciones, apreciaremos más lo que Dios desea enseñarnos acerca de las glorias del Hombre de Sus consejos (Zacarías 6: 12-13)

 

 

Traducido del inglés por Ezequiel Marangone

 

 

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