MÁS FRUTO

La Disciplina

Georges André

«Todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto». (Juan 15:2)

Introducción

Nuestro tema parece austero a primera vista, y sin embargo es muy actual. Muy a menudo, jóvenes, y los menos jóvenes, se preguntan: —“¿por qué permitió Dios tal acontecimiento en mi vida? — ¿Por qué fui suspendido de mis exámenes? — ¿Por qué mi madre está enferma? ¿Por qué tal duelo?”

A tales preguntas, se dan dos grandes categorías de respuestas: La del Islam, el fatalismo: está escrito, sólo hay que aceptarlo, y someterse, porque es inevitable. Muy diferente la otra respuesta, la cristiana: “¿que quieres enseñarme?” No es una resignación pasiva, sino una aceptación activa de lo que Dios permite en la vida de los suyos, con el fin de producir allí fruto que sea para su gloria. La disciplina es un elemento de la obra que Dios emprende para cada uno de sus hijos, con un propósito de gracia para que sea para su gloria: «Jehová cumplirá su propósito en mí» (Salmo 138:8). «El tiene un pensamiento… acabará lo que tiene determinado para mí (Job 23:14 J.N.D.). Como lo dice el apóstol: «el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo» (Filipenses 1:6). Hebreos 13:21 lo confirma: «haciendo en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo».

Romanos 8:28 nos dice que «todas las cosas» ni siquiera las fáciles y las agradables, «les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados».

Juan 15:1-2 nos habla del Padre como del labrador que “limpia” el sarmiento sustentador del fruto, «para que lleve más fruto». Es el fruto del que nos habla Filipenses 1:11: «llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios».

No se trata aquí de servicio, o de los resultados de una actividad para el Señor, sino del fruto moral que es producido por la vida de Dios en nosotros, bajo el efecto del Espíritu Santo.

Hebreos 12:5-11 ante todo, presenta el tema que va a ocuparnos. Es importante leer en extenso este texto. «Y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo.
Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.»

 

¿Que es la disciplina?

La palabra disciplina viene del griego paideia, derivado de apacienta (al hijo), que se encuentra al principio de las palabras españolas como peda gogo, ped iatra, por ejemplo. Podemos discernir tres sentidos de esta palabra en la Biblia, la Palabra de Dios:

1.-Criar, educar, instruir - Es así que en los Hechos 22:3, nos narra el apóstol que ha sido «criado» a los pies de Gamaliel

En Tito 2:12, encontramos a la gracia que nos «enseña». Su efecto no es una enseñanza intelectual, sino una formación totalmente práctica en la vida: «renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente». ¡Qué educación!

En 2ª Timoteo 2:25, es importante «enseñar» con dulzura a los que se oponen. No sólo una enseñanza dogmática, sino todo aquello que implica una educación, una disciplina, para que aquel que se ha opuesto al pensamiento divino sea conducido a “hacer Su voluntad”. En fin, en 2ª Timoteo 3:16, encontramos que la Escritura es útil, entre otras cosas, para «instruir» en justicia, que fue una enseñanza muy práctica en él.

En Efesios 6:4, encontramos la misma palabra, en donde los padres son exhortados a «criar» a sus hijos (¡no dejarles crecer!) en la «disciplina» y bajo las advertencias del Señor. Es el alcance habitual de la palabra disciplina, que implica no solamente educación, sino que también corrección.

2. Corregir: - Es el sentido que el libro de Proverbios coloca muchas veces delante de nosotros (3:11-12; 29:15; 20:30, etc.): no sólo la instrucción, la reprimenda, sino que también la corrección, la «vara». Tal corrección implica dolor, pena, «tristeza» (Hebreos 12:11).

El Padre debe "limpiar" el pámpano, porque hay cosas que quitar. El amor del Padre y no su ira* está al principio de tal disciplina. Hebreos 12 lo subraya: el Señor al que ama, disciplina; el Padre forma a sus hijos no para que sean sus hijos, sino porque le pertenecen. Y no olvidemos que esta disciplina paternal se dirige a cada uno: «todos han sido participantes» (v. 8).

*Nota del versículo 7 de Hebreos 12 Versión J.N.Darby (fr). Disciplina: formación moral de un hijo, no castigo.

¿Cuál es el motivo? El versículo 10 nos lo dice: «para nuestro provecho», y, «para que participemos de su santidad». No una santidad que tengamos que alcanzar, sino aquella que nos ha hecho participantes, y que nos llama a imitar en nuestra vida.

Los padres que disciplinan a sus hijos "son respetados" por ellos. Dejar que los jovencitos hagan todo, les conducirá ciertamente a un estado de espíritu que no conviene hacia sus padres. La disciplina del «Padre de los espíritus» produce «sumisión, obediencia» (v. 9). Nos conduce a decir como el Señor Jesús en Mateo 11:26: «Sí, Padre…», Como él mismo lo dirá en la hora la más difícil y dolorosa de su vida: «Padre mío, hágase tu voluntad.» Es la enseñanza de Romanos 12:2: «Para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta».  

Cuando el hijo de Dios está bajo la disciplina de su Padre, dos peligros se le presentan: «menospreciar la disciplina del Señor» (v. 5). Despreciar la disciplina, es no ponerse en guardia, pensar que pasará pronto; también es acorazarse en contra de ella: el estoicismo (indiferencia); o bien, aceptarlo con una pasiva resignación: el fatalismo, en el bosque de los “por que”.

Podemos también, como en Isaias 40:27, creer que, «mi causa pasó inadvertida para mi Dios.» (versión J.N.D. (fr)), pensar que el Señor nos olvida.

¿Que hacer? En primer lugar rogar que el Señor nos libre de pensamientos desalentadores. Luego buscar en su Palabra las promesas que nos hace para los tiempos difíciles. En fin, considerar las numerosas exhortaciones de la Escritura en relación con la prueba. Por ejemplo, Daniel 10:19: «la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate. Y mientras él me hablaba, recobré las fuerzas». Aun en Isaías 7:4: «Guárdate, y repósate; no temas en absoluto, ni se turbe tu corazón». Acordémonos de la voz del Señor Jesús para aquellos que estaban atormentados remando en la tempestad: «¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?». Hebreos 13:5 añade: «porque El dijo: No te desampararé, ni te dejaré ;»; De manera que, llenos de confianza, decimos: «En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre?». Leemos aun en el Salmo 94:19: «En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, Tus consolaciones alegraban mi alma.». Si en cambio no queremos aceptar la prueba de la mano de nuestro Padre, tendrá como resultado la amargura.

Sea lo que sea, la Palabra reconoce que la disciplina, en el presente, es, o por lo menos parece ser, un tema de tristeza. Más tarde, se vuelve en el fruto apacible de justicia a los que son ejercidos por ella (Hebreos 12:11). Pero es importante "ser ejercitados", buscar lo que el Señor quiere decirnos por esta prueba, lo que hay en nosotros que hay que quitar, lo que hay que abandonar y juzgar. Con la tentación se tendrá también la salida, nos dice 1ª Corintios 10:13, porque Él es fiel. Pero quiere que tomemos en serio las cosas, las consideremos en Su presencia y en Su luz.

¿Cómo responden nuestros corazones al corazón del Padre quien nos aflige, en su deseo de vernos producir fruto? ¿Sabemos darle nuestro agradecimiento para el resultado que persigue? Y si el misterio de la prueba permanece, podemos entregarnos a su gracia: «Y acá abajo los brazos eternos» (Deut. 33:27).

El fruto producido por la disciplina, el fruto apacible, nos permite ayudar a otros que pasan por la prueba: «Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas» (Hebreos 12:12). Después de haber experimentado la fidelidad y el amor del Padre, procuremos acudir en ayuda de aquellos que podrían desanimarse, cuando en el curso de su vida han atravesado el sufrimiento: «que alentéis a los de poco ánimo» (1ª Tes. 5:14; 2ª Corintios 1:4).

Castigar- El verbo pai deuo, en ciertos pasajes, tiene este significado entonces. Por ejemplo en 1ª Corintios 11:31-32: «Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo». En este caso, la disciplina reviste el carácter de castigo, porque hubo un mal, más o menos grave, que no se juzgó, sino que ha sido mantenido en la vida. Este castigo habría sido ahorrado si hubiéramos reconocido nuestra falta y hubiéramos juzgado las causas. Todavía el amor del Señor está porque castiga, a fin de que «no seamos condenados».

El pensamiento del juicio propio conduce a David a decir al final del salmo 139: «Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad». Al comienzo del Salmo era: «me conoces» (v.2:3); la conclusión es: «Examíname»: acompañar la mirada divina hasta el fondo de nuestro corazón. Experiencia a veces penosa, donde Job podía decir: «¿Sería bueno que él os escudriñase?» (13:9) ¿Pero tal ejercicio no nos conducirá «a la vida eterna»?

En Apocalipsis 3:19, como última exhortación a Laodicia, que se alejó tanto de él, el Señor aun le dice: «Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete».

Toda prueba no es un castigo. Las móviles disciplinarios de Dios se ejercitan en formación, en corrección, pero siempre con el propósito de producir el bien, y de hacer profundizar más la vida espiritual en sus hijos. Otras pruebas son positivamente «para la gloria de Dios». Fue el caso del ciego nacido en Juan 9:3 y de Lázaro de Juan 11:4. Otras veces, puede ser dado un testimonio para la gloria del Señor, para aquellos que atraviesan grandes sufrimientos.

«Con el propósito de hacerte bien»

El capítulo 8 de Deuteronomio, particularmente los versículos 2-6 y 14-17, ilustran, en la historia de Israel, todo el pensamiento acerca de la disciplina. Estas cosas han sido escritas para servirnos de advertencia, lo dice 1ª Corintios 10:11. Es importante entonces considerarlas. Jehová ha dicho a su pueblo: «te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto». Hay etapas en la vida: un aniversario, finales de un año, días especiales dónde somos llamados a considerar el camino por el cual nos hemos conducidos. Dos tipos de experiencias pueden haber marcado el camino recorrido: Por una parte, pruebas «para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón». Por otra parte, todos los cuidados de la providencia divina: «te sustentó con maná, tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado y te sacó agua de la roca del pedernal».

Esta disciplina paternal, asi como tiene los beneficios de su providencia, tiene también un fin muy preciso:

1.Por temor de que tu corazón se enorgullezca (v. 14)

2.Que te olvides de Jehová tu Dios (v. 14)

3.Que digas en tu corazón: «Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza». (v. 17)

Otro motivo de la prueba está subrayado en el versículo 3: «te hizo tener hambre, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre». Tener hambre implica una insatisfacción, una necesidad, un descontento, que Dios permite con el fin de hacernos sentir que solo las cosas espirituales pueden apaciguar el «hambre». Es la experiencia de 2ª Corintios 4:16-18: «no desmayamos… mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas».

La conclusión de todo el capítulo es la de nuestro título: «Con el propósito de hacerte bien» (v. 16). La humillación, la prueba, el hambre, fueron los objetos para conducir la obra maestra que Dios había emprendido en el corazón. El salmista podía decirlo: «Bueno me es haber sido humillado» (Salmo 119:71) «Dios es el que conduce todo a buen término, para mi» (Biblia J.N.D (Salmo 57:2). ¿El "báculo" del Pastor (para conducir a la oveja que se extravía) no está en Su mano, como un instrumento de consuelo?

Buscaremos ilustrar esta disciplina por diversos ejemplos bíblicos: Para el caso clásico de Jacob, veremos el folleto de H. Rossier: «Jacob o la disciplina».

Consideraremos aquí en particular a:

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Job: La disciplina para conocer su propio corazón

Uno de los motivos del camino en el desierto eran para conducir al pueblo a «saber lo que había en tu corazón» (Deut. 8:2), este corazón que Dios solo verdaderamente sondea: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? 
Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras»
(Jeremías 17:9-10). Es por eso que el salmista oraba para que Dios sondeara su corazón, para que Él conociera sus pensamientos, con el fin de que al encontrarse en el camino del dolor lo condujera a la vida eterna (Salmo 139).

Fue la experiencia de Ezequías, cuando, en la cumbre de su carrera, «Dios lo dejó, para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón» (2ª Crónicas 32:31), y sobre todo tenemos la experiencia de Job. La Palabra de Dios dedica todo un libro que nos enseña que la satisfacción del yo — “ Yo soy limpio y sin defecto; Soy inocente, y no hay maldad en mí”( Job 33:9) — debe enjuiciarse y abandonarse en la gracia: «Por tanto me aborrezco, Y me arrepiento en polvo y ceniza» (42:6).

De entrada señalemos que, el objeto de la disciplina de Job no fue para castigarle, como sus amigos lo creyeron sin razón. Dios lo empleó para poner en evidencia la justicia propia que se escondía en su corazón, y era el único medio para conducirlo a la verdadera bendición. Hablando de Job, Santiago nos dice: «y habéis visto el fin del Job, que el Señor es muy misericordioso y compasivo».

 

Job bendecido

La Palabra nos dice y repite que Job era un hombre perfecto y recto, que temía a Dios y se apartaba del mal. Jehová mismo le llama «mi siervo». Fue bendecido en su familia: pareciera que sus siete hijos y sus tres hijas tenían buena armonía entre ellos. Tenía éxito en sus empresas: su ganado se multiplicaba, sus conocimientos prosperaban. Su vida moral era ejemplar: era fiel; se ocupaba del huérfano y de la viuda; era hospitalario. Además era considerado entre sus conocidos. (29:7 y siguientes).

¿Entonces qué le faltaba a este patriarca? Hasta en la prueba no le atribuye nada a Dios que sea inconveniente, no peca en absoluto con sus labios; conserva «perfección», pero… estaba muy conciente de ella: «¡ Mi justicia tengo asida, y no la cederé; No me reprochará mi corazón en todos mis días!» (27:6) O aun: «Yo soy limpio y sin defecto; Soy inocente, y no hay maldad en mí (33:9).

De sus hijos, Job decía: «Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones» (1:5). No pasaba por su pensamiento que él mismo habría podido hablar en contra Dios.

¿Entonces cómo Jehová podrá conducir a Job para que conozca su propio corazón? Es el tema total del libro, 39 capítulos, ¡mucho más que para colocar delante de nosotros la vida de Abraham o la de José!

Job probado — Cap. 1:13 al 2

Las pruebas van a caer sobre Job. Será despojado de sus bienes. Va a ser profundamente tocado en sus afectos por medio de la muerte de sus diez hijos. Pero su actitud permanece intachable: «Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.» Luego es tocado en su cuerpo, la enfermedad cae sobre él, «una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza» El enemigo se sirve de su mujer para hacerle maldecir a Dios. Pero Job se mantiene firme y no peca en absoluto con sus labios.

No se trata de una continuación trágica de accidentes, de una acumulación de desgracias. No, la Palabra nos muestra que Dios gobierna todo. Luego delante de nuestros ojos se descubre algo más, es Dios que llama la atención de Satanás sobre Job, ¡poniendo límites al poder del enemigo! (1ª Corintios 10:13). A pesar de todo lo que será manifestado en su ser interior, ¿Job va a glorificar a Dios frente a Satanás? En 1ª Corintios 4:9, los apóstoles son ofrecidos igualmente en espectáculo para los ángeles, testimonio de su fe para la gloria de Dios, como lo fueron también los tres jóvenes Hebreos en el horno de fuego.

Satanás es «el acusador de nuestros hermanos» (Apoc. 12:10). Es nuestro «adversario» (1ª Pedro 5:8). Provoca a Dios en contra de Job (1:9-11; 2:4-5). «Incita» a David a contar al pueblo (1ª Crónicas 21:1). Se «opone» a Josué, sumo sacerdote (Zacarías 3:1); «pide zarandear» a Simón Pedro (Lucas 22:31). Y sin embargo sólo es un agente en las manos del Señor; que desaparece al final de la prueba, dejando al santo frente a Dios: Job, en el capítulo 42, David en la era de Ornan, Josué revestido de trajes reales, Pedro plenamente restaurado.

Pero cuando toma lugar en el corazón, el Adversario no deja a su presa, como un Judas (Juan 13:27), o Ananías (Hechos 5:3).

Dios le dio a Pablo «un mensajero de Satanás para abofetearlo», a pesar de eso, y por el efecto de la gracia divina, su comunión con Dios se mantuvo por toda su vida (2ª Corintios 12:7).

La reacción de Job a la prueba es notable; pero su historia no podía acabarse así. Dios deseaba bendecirlo doblemente, revelársele, manifestarle su gracia y darle el verdadero descanso a su alma inquieta (3:25-26). Job era un hombre de elite, una alma solitaria, de la que Dios se ocupa en gracia aparte del pueblo elegido, para formarle y conducirlo más cerca de Él.

Los tres amigos

La mujer de Job lo incita a maldecir a Dios. Sus amigos se juntan para «compadecerlo y consolarlo». A pesar de todas sus buenas intenciones, van a forzarlo a fondo. No entraban en absoluto en el plan de Dios, y, tomando sus puntos de vista, se enredan aún más en sus erróneas afirmaciones.

¡Qué ejemplo perfecto para ser prudentes cuando visitamos a los amigos en la prueba! Fácilmente somos llevados a juzgar, en lugar de reservarnos nuestras apreciaciones con respecto a los motivos de la disciplina que Dios ha permitido para nuestro hermano. Cuan necesario es ser conducido por el Espíritu de Dios, paso a paso, una palabra después de la otra. Primero escuchar largamente; enseguida, abrir su Palabra, mirando al Señor.

Los amigos vienen a «condolerse de él y para consolarle» a Job, para ocuparlo de si mismo. Es una trampa. Si alguien está en la prueba, no se trata de compadecerle, y de estar de acuerdo posiblemente a sus "por qué". Será mucho mejor, lo que harán después que hubo pasado la prueba, los hermanos y hermanas de Job, «se condolieron de él» (42:11), y sobre todo, el ejemplo de Eliu, que dirigió el pensamiento y el corazón de Job hacia Dios. Considerando su desdicha, durante siete días y siete noches, los amigos quedan mudos, después de haber llorado a gritos, desgarrado sus vestidos y esparcido polvo sobre sus cabezas, «porque vieron que su dolor era muy grande».

Ante el silencio cargado de reproches, Job ya no soporta. Explota (3 y sig.) ¿Por qué?, ¿Por qué? ¿Por qué? No rezonga por las circunstancias; las acepta de la mano de Dios; pero objeta los motivos de esta prueba, al no discernirlos y encontrarlos injustos. De ahí su tormento y sus “por qué”.

Veintinueve capítulos colocan delante de nosotros al patriarca y a sus amigos que discuten, disputan, contienden. Los tres dicen y repiten: Dios te castiga porque has pecado. Job replica: soy puro, no he cometido iniquidad. Empujado al fondo acusa a Dios: El es injusto, tiene cosida mi iniquidad (14:17). El tono del debate se acentúa y se exacerba, sacando a la luz esta justicia propia, esta satisfacción de yo, este orgullo espiritual, que estaba en el fondo del corazón de Job. Va a recordar todas sus buenas acciones (29), todo el mal que supo evitar; considerando que Dios lo castiga sin razón, pide poder hablarle: «Yo le contaría el número de mis pasos, Y como príncipe me presentaría ante él.» (31:37). Después de esta larga disputa, aparentemente inútil, una sola conclusión se impone: «Aquí terminan las palabras de Job» (31:40). He aquí el primer paso hacia la restauración: callarse.  

Eliu

Durante las largas conversaciones de Job y de sus amigos, Eliu, mucho más joven, escuchaba (32:11-12). Sus rasgos característicos son la paciencia, la modestia, la humildad; no discute; no halaga; no es parcial, sino que le anima un espíritu de rectitud. No da prueba de suficiencia, sino que sabe ponerse al nivel del pobre que sufre (33:6-7). Cual bello tipo del Salvador que vino, como Hombre entre los hombres, rebajándose para estar en medio de nosotros «como El que sirve» (Lucas 22:27).

Eliu presenta la gracia, pero también la verdad. Sin rodeos le dice a Job cuales son sus faltas: considerarse justo (33:9) y acusar a Dios (33:10-11; 34:5). Pero no concentra los pensamientos del patriarca sobre el mismo; lo coloca delante del Señor.

El joven señala la grandeza de Dios (33:12), que no tiene que dar cuenta de sus actos (v. 13), que no es injusto, sino que desea el verdadero bien de los suyos (v. 14-30).

Luego Job debe callarse, reflexionar, dejar de discutir y discutir. Eliu le advierte que va por mal camino; el Señor permite la disciplina con el fin de conducir al hombre a «aquello que para Él es lo recto», sólo la rectitud al juzgarse a si mismo, será el camino de la bendición y del conocimiento de la gracia. Pero el está conciente que solo «Lo vence Dios, no el hombre.» (32:13).

Eliu subraya nuevamente el propósito de esta disciplina: el hacer al creyente reconocer sus transgresiones que han llegado a ser muchas, para volverse de la iniquidad (36:8, sig)). Dos resultados pueden producirse: escuchar, servir a Dios (v. 11) y encontrar la bendición; o bien no escuchar, e irse en la desgracia (v. 12).

Acabando sus discursos, Eliu va a comparar esta disciplina con las nubes, con la tormenta que Dios permite en la vida de los suyos: «Regando también llega a disipar la densa nube,… Asimismo por sus designios se revuelven las nubes en derredor… Unas veces por azote,… Otras por misericordia las hará venir.» (37:11-13). Bajo el efecto de la tormenta, bajo el efecto de la disciplina, «se estremece el corazón, Y salta de su lugar»; «ahora ya no se puede mirar la luz brillante, está escondida en las nubes». Pero el propósito de la disciplina es la bendición: «Luego que pasa el viento y los limpia, produce un cielo claro» (37:21 Biblia J.N.D.).

La presencia de Dios

Durante veintinueve capítulos, Job y sus amigos discutieron y cuestionaron. Durante seis capítulos Eliu habló de parte de Dios a Job. Solo cuatro capítulos le bastarán a Jehová para llevar a cabo la obra maestra que perseguía en el corazón de Job.: «¿Qué enseñador semejante a él?» (36: 22).

Job había dicho: «Yo hablaría con el Todopoderoso, Y querría razonar con Dios».  Dios se baja. No agobia a su siervo con reproches severos, aunque justificados. Toma el lugar del alumno: «Yo te preguntaré, y tú me contestarás (38:3; 40:2). Va a hacerle un número de preguntas a Job, el cual no podrá responder a ninguna. «¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?» (38:4). Job es tomado de improviso desde la primera pregunta. Cuando por fin Jehová insiste: «El que disputa con Dios, responda a esto.» (40:2), Job solo puede decir: «He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca. Una vez hablé, mas no responderé; Aun dos veces, mas no volveré a hablar». Era mejor callarse, pero Jehová deseaba conducir a su siervo mucho más allá, hasta la confesión completa y al juicio propio. También debe repetir: «¡ Yo te preguntaré, y tú me responderás! … ¿Me condenarás a mí, para justificarte tú?»

Hace desfilar delante de él a algunas de sus criaturas, para terminar por el leviatán, el cocodrilo, bajo una imagen poética que se puede discernir con el poder de Satanás, enemigo que el hombre no puede vencer: «¡Te acordarás de la batalla, y nunca más volverás!»

En efecto, el Señor no deseaba solamente enseñarle a Job que debía aprender a callar, sino que deseaba conducirle a una relación y comunión perfecta con Él. Delante de la grandeza del Todopoderoso, va a sentir su nada y el abismo adonde su obstinación lo condujo. ¿Quien de nosotros posee por si mismo la revelación del Creador?, pero tenemos aquella del «unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.» ¡Cuanto mas aprendemos a conocernos y a negarnos a nosotros mismos, mas le conoceremos, A Él y a su corazón! (Filipenses 3:7-10).

Confesión y restauración (Cap.42)

Cientos versículos nos relatan como Job discutió, acusó a Dios, justificándose. Cinco versículos son suficientes para relatar la confesión que le va a abrir el camino para la bendición.

«Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti.»  (V. 2). Colocado ante el poder del enemigo, Job debe reconocer que únicamente puede recurrir al poder de Dios.

Pero debe confesar también su ignorancia: «yo hablaba lo que no entendía; Cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía». Se había jactado de discernirlo todo, de conocerlo todo; sin embargo en la presencia de Dios, debió comprobar que no sabía nada. Cuan fácilmente nos sucede que hablamos de nosotros cosas demasiado maravillosas, ¡mientras que una poca humildad nos sentaría mejor!.

¿Cuál es la conclusión de Job? «Oye, te ruego, y hablaré; Te preguntaré, y me enseñarás». En el silencio y en la presencia divina, escuchar y aprender; dejarse corregir, instruir, formar ¿no es la parte que necesitamos buscar a menudo, aparte, sólo con Él?

Estar a tus pies como María,

Dejando las horas fluir

En un silencio que se olvida,

Jesús, para dejarte hablar.

(Hymnes et Cantiques 134:1).

Pero no se trata solamente de oír: «De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven» experiencia personal y profunda del alma, en el secreto con su Señor. Visión del joven Isaias en el templo, que determinará toda su vida (Isaias 6); visión de Pablo en el mismo templo (reconstruido), cuando oyó la Voz que le decía: «Ve, porque yo te enviaré lejos a los gentiles» (Hechos 22:17-21).

Job, que se había atrevido a decir: «No me reprochará mi corazón en todos mis días» declara: «Por tanto me aborrezco, Y me arrepiento en polvo y ceniza. Conoce ahora su propio corazón, pero sobre todo a Dios y su gracia, «Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo.» (Santiago 5:11).

La bendición va a derramarse sobre el patriarca, conducido por fin al punto donde Dios lo quería: que reconociera Su grandeza y Su amor; que se diera cuenta de su propia miseria; y se entregara a la gracia. Sin embargo una cosa debía efectuarse: perdonar a sus amigos. Job ora por ellos. «Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job». Ellos lo habían forzado a fondo, no habían hablado de Dios como convenía. Habían culpado a Jehová de haber hecho venir el castigo sobre su amigo ¡Qué invitación a la prudencia en nuestros juicios!. Lucas 6:36-37 nos lo recuerda: «Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso…no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados». Los tres hombres deben también aprender la misma lección de su amigo, y aceptan ofrecer un “holocausto” con el fin de ser beneficiarios de la misma propiciación (33:24), que ofrecida por Job había sido a los ojos de Dios, "agradable" (42:8).

Jehová da a Job el doble de todo lo que había tenido…salvo los hijos. En efecto, todo el ganado en otro tiempo se había perdido, pero los hijos no: habían sido recogidos cerca de Dios, por los cuales su padre había ofrecido el sacrificio; esperarán el día de esta resurrección de la cual el patriarca había podido decir: «Y después de deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios; Al cual veré por mí mismo, Y mis ojos lo verán, y no otro» (19:26-27).

 

Elías, Jonás, Juan-Marcos Disciplina y restauración en el servicio

El servicio del Señor nos expone a trampas y peligros. La vida de estos tres hombres citados mas arriba es el ejemplo. El ministerio de Elías ha estado detenido por el orgullo espiritual: «sólo yo he quedado». El de Jonás ha sido trabado por la preocupación de su reputación personal. Juan-Marcos abandonó la obra por temor de los obstáculos y del sufrimiento.

Pero la fidelidad del Padre desea, por medio de la disciplina, librar a sus siervos de la trampa en la cual han caído y restaurarlos.

¿No es nuestra parte orar por los siervos del Señor, tan particularmente expuestos a los esfuerzos de Satanás para detenerlos en la carrera? («el lazo del diablo» 1ª Timoteo 3:7).

Elias

Todo el ministerio del profeta está marcado por estas palabras «Vive Jehová de los ejércitos, en cuya presencia estoy» repetidas más de una vez en la primera parte de su carrera. Esta comunión con Dios es uno de los secretos de su vida. — Lo segundo es que era un hombre de oración. Santiago 5:17 nos dice que «oró fervientemente para que no lloviese. ¿ No era su ocupación primordial en el torrente de Kerit? Para resucitar al hijo de la viuda de Sarepta, ora (1ª Reyes 17:20-21). En el altar del Carmelo, suplica públicamente a Jehová: «Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios». Cuando el pueblo se ha humillado, el actúa haciendo caer la lluvia, Elías sube a la cumbre del Carmelo, «postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas», siete veces consecutivas. Tercer secreto de un servicio bendecido: cada vez que Dios le dice: «Ve» el va, su vida está marcada por la dependencia, por la sumisión. (1ª Reyes 17:3, 8; 18:1; 19:15).

Elías es un instrumento de la disciplina de Dios para su pueblo, con el fin de conducirlo hacia Él. Esta disciplina se ejercita primero por los años de sequedad, luego triunfa en el monte Carmelo cuando el profeta se enfrenta de Jehová con los profetas de Baal.

Elías sufre con el pueblo de Dios. Su fe es ejercitada, primero en la soledad en el torrente de Kerit, luego con la sencillez en Sarepta. Luego de la victoria del Carmelo, debe hacer frente totalmente solo a los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, a los cuatrocientos profetas de Asera, al rey mismo y a todas sus fuerzas. Declara: «Sólo yo he quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta hombres.» (1ª Reyes 18:22). Es lo mismo que había sucedido en otro tiempo con Josué y Caleb, solos frente a los diez espías que desprestigiaban al país, y enfrente a todo Israel que se lamentaba. ¡ Pero qué diferencia! Ellos dos sufrieron con el pueblo que acompañaron a través de todo el desierto. Fue para ellos una escuela, una formación, una preparación para la tarea a la cual Dios los llamaba; una disciplina muy diferente le aguardaba a Elías.

En el corazón del profeta, había germinado una raíz de amargura: «Sólo yo» Expresión de suficiencia, de decepción de un ministerio aparentemente sin fruto, en una palabra, orgullo. Que contraste con Aquel que podía decir: «soy manso y humilde de corazón». También la disciplina de Dios era necesaria para desnudar el corazón de su siervo y restaurarlo.

El enebro —1ª Reyes 19:1-9

Después de la tensión del Carmelo, Elías se apresuró a retirarse aparte. El cansancio, tanto físico como psíquico, mandaba un descanso. ¡ Es peligroso para un siervo del Señor haber logrado un gran triunfo, un bello resultado en una serie de reuniones, y tener la aprobación de las multitudes!... Debe entonces reencontrarse solo, aparte con Dios, para que el hombre interior sea verdaderamente renovado.

Elías no va allá voluntariamente, es forzado por las amenazas de Jezabel. Un viaje largo, unos ciento ochenta kilómetros, emprendido sin oración, que lo conduce al sur del país, lejos del atentado de la reina; huye más lejos aun, un día en el desierto; finalmente se sienta bajo un enebro y pide la muerte:«Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres». ¿ Había pensado en el resultado ? Era la trampa que había hecho tropezar a Pedro: «Aunque todos se escandalicen, yo no» (Marcos 14:28).

La carrera del profeta parece acabada. Ha sucumbido en el desaliento, piensa sólo en la muerte. Se acuesta y se duerme. Pero la gracia de Dios, la disciplina del Padre, va a intervenir. En Kerit, al desierto, los cuervos le llevan pan y carne; fue necesario el ángel para alimentarlo y sobre todo orientarlo.

Dos veces el mensajero celestial lo toca y le dice: «Levántate y come» Elías mira, y he aquí, a su cabecera, un pastel que se cuece sobre piedras calientes, y un cántaro de agua. En otro tiempo, este pastel había sido ofrecido en el santuario, tipo de los sufrimientos de Cristo; ahora, en el desierto, lejos del templo, lejos del altar de los sacrificios, estaba allí para fortalecer el alma del profeta y darle las fuerzas para recorrer «el l argo camino que le resta». Elías llega al monte de Dios, a la presencia de Jehová por la fuerza de estos alimentos, permanece ahí durante cuarenta días y cuarenta noches. El Señor había deseado primero fortalecerlo en su ser interior, antes de este encuentro memorable donde estaría cara a cara con Él.

Para Job, habían hecho falta meses de miseria para desnudar su corazón y traerlo a la presencia de Dios. Para Elías, un mes y medio fue necesario. Para Jonás, tres días y tres noches en las profundidades del mar. Cualquiera que sea el tiempo, parece largo cuando el alma no goza de la comunión de su Señor.

 

Horeb — 1ª Reyes 19:10-18

En la soledad del monte de Dios, en la cueva donde Moisés posiblemente estuvo refugiado cuando Jehová paso delante de él (Éxodo 33:32), la palabra divina se dirige al siervo desalentado: «¿ Qué haces aquí, Elías?»

El profeta descubre entonces la amargura de su corazón. Acusa al pueblo: «los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida» Romanos 11:2-4 nos recuerda este incidente, la única falta de un hombre de Dios del Antiguo Testamento que es relatada en el Nuevo: ¡ le hace una petición a Dios en contra de Israel! ¡ Qué contraste con Moisés qué, en esta misma montaña, en circunstancias aun más graves, había intercedido por el pueblo culpable, y hasta habría deseado ofrecerse en rescate por él!

Elías no se contenta con acusar a los demás, él mismo se justifica; todo el orgullo espiritual de su corazón se manifiesta: «He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; y sólo yo he quedado».

Jehová hizo pasar por delante de él todo su poder en juicio: el gran viento impetuoso, el terremoto, el fuego, — Pero Jehová no estaba en estas cosas. Viene luego una voz dulce y suave que Moisés había oído en este mismo lugar, la voz de la gracia, desconocida del profeta. La pregunta se repite: «¿ Qué haces aquí, Elías?» Elías comienza de nuevo, con su interpelación, y su recomendación. Todavía no ha comprendido lo que Dios quería decirle. La disciplina no ha producido su fruto. La voz de Jehová debe entonces decirle, como en otro tiempo le dice a Agar (Génesis 16:9):«Ve, vuélvete».

Regresa por el camino por el cual viniste. ¡Has creído que eres tu el único profeta¡ Tengo otro profeta en reserva, no te necesito más; tu ungirás a, Eliseo, hijo de Safat «para que sea profeta en tu lugar». — ¡has creído que solo tu has sido fiel ! Pues bien, me he reservado en Israel «siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron»

¿ Cuál va a ser la reacción de Elías ? ¿ Va a considerarse totalmente puesto a un lado, desanimado, y estar en la monotonía cotidiana hasta que la tumba se abra para él? No, la disciplina va a llevar sus frutos.

Restauración

Sin tardar, Elías se vuelve y encuentra a Eliseo. Pasa por delante de él «y echó sobre él su manto». Sin celo ninguno, renuncia en cierto modo a su función de profeta y se lo transmite a Eliseo. El joven desea seguirlo, pero Elías le responde: «Ve, vuelve», es decir yo no te he pedido que me sigas. Pero Eliseo se levanta, va tras su maestro, y le servirá humildemente, derramando agua sobre sus manos (2ª Reyes 3:11 «He aqui a Eliseo, hijo de Safat, que vertía el agua sobre las manos de Elías» Biblia J.N.D). Será formado por el gran profeta de Israel; en el momento de Dios, levantará el manto que, en el día de su juventud, había sido colocado sobre sus hombros (2ª Reyes 2:13).

Elías aún podrá ser un instrumento para Dios, instrumento lleno de energía espiritual, al anunciarle a Acán el juicio que le alcanzará a causa de su conducta hacia Nabot; exposición tan poderosa de la palabra de Jehová que Acab se humilla y hace por si mismo la experiencia de la gracia (1ª Reyes 21:27-29). La energía espiritual le alcanza aun hacia Ocozías, hijo de Acab, a quien el profeta no teme revelarle su impiedad porque había ido a interrogar a Baal-zebub, como si no hubiera Dios en Israel para consultarle su palabra (2ª Reyes 1:16).

En fin el siervo triunfa cuando, después de haber vuelto de trazar toda la historia de Israel, de Gilgal en Betel, de Betel a Jericó, luego más allá del Jordán, no pasará por la muerte, sino que será llevado al cielo en un carro de fuego. Era la aprobación de Dios sobre el servicio, el servicio extenso de su profeta.

Jonás

Personalidad extraña de un hombre a quien le importaba más su propia reputación de profeta (2ª Reyes 14:25), que la obediencia al llamamiento de Dios. ¡Se aparta de la misión divina, porque teme que consiga y desmienta su profecía de juicio! En efecto, si Dios hiciera gracia a los Ninivitas, podrían ellos decir que su predicción había sido falsa, cuando Jonás había anunciado anteriormente la destrucción de la ciudad.

En lugar de responder al llamamiento, huye de delante de Jehová. Desciende a Jope, desciende en la embarcación, luego desciende al fondo de la embarcación, donde, habiéndose acostado, «dormía profundamente»¹ ¡ Qué lugar para un profeta de Jehová! La disciplina deberá por consiguiente ejercitarse hacia él, instrumento de desgracia para sus compañeros de viaje, lo contrario del apóstol Pablo en Hechos 27.

Esta disciplina se celebrará en varias fases.

En primer lugar la tempestad es ineficaz: duerme al fondo en la bodega del barco.

Vienen las preguntas de los marineros: «que haces, dormilón»² Les había dicho que huía de Jehová, pero apenas se preocuparon, hasta que no estuvieron ellos mismos llenos de miedo. El profeta es conducido a confesar lo que hizo «yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre vosotros» A menudo difícil confesión, pero que no hay que dudar en hacerla, cuando es necesaria, hasta delante de sus hermanos.

Jonás está ahora en la marea. La gracia de Dios provee un gran pez preparado allí para preservarlo. Durante tres días y tres noches en las profundidades del mar, al fondo de su desamparo, va a clamar a Jehová.

La disciplina lo ha conducido a la presencia de Dios. Sólo, en una tal situación, que lo llama el «seno del Seol» clama; clama del fondo de su desamparo, clama en el abismo, en el corazón de los mares. En su angustia, cuando su alma desfallecía en él, se acuerda de Jehová; su oración alcanza hasta Él, en el templo de su santidad.

¹ Versión J.N.Darby y V.M

² Versión J.N.Darby

A pesar de todo, el profeta no pierde su confianza en su Dios, y concluirá su súplica con estas palabras notables: « La salvación es de Jehová».

¿ La disciplina habrá llevado su fruto ? Por desgracia, a Jonás le va bien en Nínive; su profecía toca la conciencia del rey y del pueblo, quienes se arrepienten; el juicio es suspendido, Dios no lo hace venir en vida de Jonás. Pero el profeta encuentra esto muy malo, y se enoja. No tiene ninguna comprensión de la gracia, y le reprocha a Dios por ser misericordioso y lento para la ira.

Viene entonces la cuarta fase de la disciplina, casi una lección de escuela infantil. Jehová prepara una calabaza, que hace sombra en la cabeza de nuestro predicador para librarlo de su miseria. Jonás se maravilla con esta protección con un gozo ingenuo. Al día siguiente el arbusto se seca; el pobre profeta se irrita totalmente por la desgracia de su árbol. Jehová debe decirle: «Tuviste tú lástima de la calabacera, y no tendré yo piedad de Nínive, donde hay más de ciento veinte mil personas» Jonás tiene mucha preocupación por lo que le toca a él mismo, pero queda frío delante del destino de las almas que se pierden. Ante la reprensión divina, se calla. Y sin embargo, Dios en su fidelidad, había “preparado” todo a la medida para su siervo: el viento, el pez, la calabacera, el gusano, el viento de Oriente. Todo esto no había llegado por casualidad, sino que eran, en la mano de Dios, instrumentos de su disciplina, que el profeta tenía tanto trabajo para comprenderlo y aceptarlo.

Los marineros se van sobre el mar en calma; los Ninivitas son librados del juicio; pero Jonás, enojado, desea la muerte. Sin embargo un trabajo finalmente debe hacerse en su alma, ya que, bajo la acción del Espíritu de Dios, no teme escribir su historia, y reconocer así sus faltas.

Juan -Marcos

El joven, comprometido demasiado temprano en el servicio, está estancado por temor a los obstáculos y la persecución. Que contraste con Aquel que levantaba su rostro como una piedra para subir a Jerusalén y no retrocedía delante de los sufrimientos que sabía que tenía el deber de encontrar.

El apóstol se lo había dicho a Timoteo:«sufre penalidades »(2ª Timoteo 2:3); «soporta las aflicciones» (4:5). Hay promesas para los que confían en el Señor: el Salmo 5:11 nos dice: «Pero alégrense todos los que en ti confían… porque tú los defiendes» Una buena voluntad juvenil no basta para comprometerse con perseverancia en el servicio; la fuente es el amor para el Señor. Ni la influencia bien intencionada de personas, ni la imitación de otros siervos, ni el entusiasmo del día, son suficientes para mantenerse firme en este trabajo. Hay que primero sentarse y calcular los gastos antes de construir la torre. No obstante es bueno estar atento a los estímulos que el Señor nos puede dar, sea directamente, o por medio de otros hermanos. Hebreos 10:24 nos exhorta a estimularnos los unos a los otros en el amor y en las buenas obras. En Colosenses 4:17, el apóstol le recuerda a Arquipo que tenga cuidado con el servicio que recibió del Señor, a fin de que lo cumpla. En Mateo 21:28, el padre le dice a su hijo : «Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña» En Mateo 20:6, el Amo censura a aquellos que se quedan en la plaza de la ciudad «todo el día desocupados».

El joven Juan, apodado Marcos, sin embargo había comenzado bien. En la casa de su madre (Hechos 12:12), bajo una influencia feliz, había vivido una «juventud protegida» ; en este clima piadoso donde la oración era practicada, había crecido con buenas instrucciones. Bernabé y Pablo pueden «llevarlo también con ellos» cuando cumplieron su servicio en Jerusalén (Hechos 12:25). Más tarde, va a seguirlos como siervo ( Hechos 13:5). Acostumbrado a ser servido (12:13), aprende a servir.¿ Por qué, después de uno tiempo, se detiene y «apartándose de ellos, volvió a Jerusalén»? ( Hechos 13:13). ¿ Eran las penas de la casa maternal, o el temor de la persecución, las distancias, el cansancio, los obstáculos? Expresamente esto no se nos dice, sino que el Señor había advertido los suyos: « Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.» (Lucas 9:62).

También debe ejercitarse hacia Juan-Marcos la disciplina paternal. El Señor desea que sea dejado a un lado por un tiempo suficiente. Cuando Bernabé, en Hechos 15:38, desea tomarlo de nuevo para un viaje con Pablo que le conducirá a visitar las asambleas, éste se niega. Discierne que la disciplina aun no llevado su fruto. Bernabé, de quien Juan-Marcos era el sobrino, insiste, y lolleva con él. El resultado de esto es la disputa de los dos siervos. ¡ Que consecuencias de una falsa salida ! Juan-Marcos había cedido a la ligera con un entusiasmo pasajero. Posiblemente ambos apóstoles habían tomado muy fácilmente al joven como el siervo; las consecuencias se manifiestan.

Mucho más tarde, el apóstol encarcelado tendrá a su lado al mismo Juan-Marcos. Da órdenes a las asambleas de recibirlo si va hacia ellos. (Colosenses 4:10). En Filemón 24, asocia a Marcos con sus compañeros de obra. En 2ª Timoteo 4:11 por fin, declara que le es útil para el servicio. Bella restauración de un hombre, enseñado y formado por la disciplina, que, como lo comprendemos, ha sido empleada por el Espíritu de Dios para escribir el evangelio del Siervo perfecto.

 

Eli - Noemí - Abraham La disciplina en la familia

Tres personajes de otro tiempo, cada uno con su carácter, en su esfera familiar, y la disciplina que Dios, en su gracia, los ha hecho atravesar. Estas circunstancias lejanas se trasladan fácilmente en nuestra vida hoy; son completamente actuales; no es necesario hacer un gran esfuerzo para sacar de aquello algunas enseñanzas que Dios desea darnos por su medio.

Consideremos en primer lugar lo que la Palabra de Dios nos dice sobre la casa del siervo de Dios. La Biblia nos habla por una parte de la casa de Dios, por otra parte de la de su siervo.

En cuanto a Su casa (1ª Timoteo 3:15), las instrucciones de Dios son claras. Debe estar marcada por la santidad, la espiritualidad, la piedad de cada día. Dios le dio su posición en Cristo; su carácter práctico depende de la marcha de los que la componen. La responsabilidad debe responder a los privilegios, en el gozo de una reunión donde Jesús es el centro

Los privilegios y la responsabilidad que se relacionan con la casa del siervo son presentados muy claramente en la Escritura. En Lucas, tres pasajes lo subrayan: Marta «le recibió en su casa» (10:38); en Zaqueo, muy joven en la fe, el Señor le dice : «es necesario que pose hoy en tu casa» (19:5). Con los discípulos de Emaus, se deja rogar; «le obligaron a quedarse» La santidad práctica conviene a la casa del hijo de Dios, si escoge que el Señor esté allí. Jacob nos da el ejemplo (Génesis 35:2-3). Cuando Dios lo invita a subir a Betel, le surge la pregunta : ¿ mi casa está pura para venir a la casa de Dios? Le dice a los suyos:«Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestidos». No sólo Jacob, sino que su familia, debían estar dispuestos a responder al llamado de Dios para presentarse delante de Él.

Al final de su carrera, Josué puede decir: «yo y mi casa serviremos a Jehová». No basta que el padre sea fiel; es llamado a llevar, a tomar con él a sus hijos en la esfera de la casa de Dios, — que bendición puede resultar de la fidelidad de un hombre apegado al Señor: «Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó».

En 1ª Timoteo 3:2, el sobreveedor u obispo es invitado a «que gobierne bien su casa». No hay lugar para las vanidades mundanas, los motivos mezclados, las pretensiones, el orgullo. Para realizarlo, hace falta toda la gracia de Dios. Que aliento encontramos al abrir la puerta y dejar entrar al Señor con el fin de gozar, en la intimidad del hogar de su preciosa comunión, aplicando sobre la casa del siervo toda la exhortación de Apocalipsis 3:20,

Eli

¡ Historia poco atrayente, y sin embargo tan esencial en un tiempo que los padres no se atreven ya a reprender, ni a corregir a sus hijos !

Parece que Eli tenía mucho más edad que sus hijos; esta "distancia" ( ¡qué puede ser psicológica, sin depender del número de los años!) nos ayuda a comprender ciertos problemas que había en su familia. Además, al sacerdote a veces le faltaba percepción espiritual: acusaba a Ana de estar ebria, mientras que esta, en su tristeza, solo buscaba un alivio en la oración de fe (1ª Samuel 1:13).

Sin embargo su corazón estaba muy ligado a la casa de Jehová. Que consuelo encontraba en el joven Samuel, como un abuelo con su nieto piadoso. Tales casos pueden producirse: todo el interés, toda la alegría se concentran sobre la casa de Dios y a menudo se tiende a dejar a la familia demasiado de lado; se pierde el contacto con los hijos, en lugar de vivir juntos sus intereses, sus alegrías, sus problemas. No es fácil ocuparse suficiente de su familia y dedicarle todo el tiempo que se quisiera a las cosas de Dios. Sólo el Señor es suficiente para eso y puede dar a los suyos el equilibrio necesario.

Ofni y Finnes que «no tenían conocimiento de Jehová» habían recibido sin embargo el oficio de sacerdotes y servían en la casa de Dios.¿Con que fin? Esencialmente para sacar provecho, como lo muestra 1ª Samuel 2 :12-17 El pecado de estos jóvenes era «muy grande» delante de Jehová, porque despreciaban Su ofrenda.

Su mala conducta (v. 22) provocaba escándalo en medio del pueblo (v. 23)., habían acumulado con los años faltas. Pero su padre parecía ignorarlo.

Cuando se entera (v. 22), les dice blandamente: «¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes. 
No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo»
El padre decía:«esto no es bueno». Pero Jehová consideraba el pecado de ellos como "muy grande".

Eli, indulgente, trata de intervenir con algunas palabras, pero no hace ninguna sanción, aparentemente lo hace como había corregido a sus hijos en otro tiempo. Su ejemplo sin embargo era bueno. Era un hombre piadoso, pero le faltaba firmeza; Jehová le reprocha, por voz de Samuel, por no haber “castigado” a sus hijos que se corrompían. Sin duda los jóvenes habían crecido, estaban casados (4:19), pero tampoco el padre guardaba la responsabilidad al no prohibirle sus acciones, pero al menos retenerlas. Salomón, en cambio, tiene, en sus escritos, muchas exhortaciones y advertencias; sin embargo su hijo Roboam no caminó para la gloria de Dios: faltaba el ejemplo, en casa del rey.

Verdaderamente necesitamos la gracia de Dios para que nuestros hijos sean criados «en disciplina y amonestación del Señor» (Efesios 6:4). Es todo un programa. Criar a los hijos, simplemente no es “dejarlos crecer”. Es compartir con ellos, la lectura de la Palabra de Dios con una enseñanza a su alcance, y la reunión alrededor del Señor, por lo menos para el culto, luego, cuando crecen, por medio de la edificación y la oración. Es también asociarse con ellos en sus pasatiempos diversos, en todas estas bellas experiencias que se puede hacer en familia y que unen a padres e hijos. Es allí dónde el ejemplo de los padres se hace sentir. No en que tengan que usar una excesiva severidad: «padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos», o aun : «Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten». (Colosenses 3:21).

Siendo demasiado duros, podríamos provocar reacciones desfavorables, aunque contenidas por un tiempo; y el hijo dejaría de desarrollarse. Pero esto no implica dejarse estar, ni indulgencia trasladada que no sabe “castigarlo”.

La conducta de Eli y de sus hijos va a traer la disciplina divina. Primero Dios advierte. «Y vino un varón de Dios a Elí» (v. 27) y le habla de parte de Jehová, subrayando entre otras cosas: «has honrado a tus hijos más que a mí,» (v. 29). Pone el dedo sobre la herida esencial. El Señor no tenía el primer lugar en esta familia. El honor y el temor no le eran dados; la satisfacción de los hijos, su placer, pasaban por sobre la reverencia hacia Dios; su mala conducta no fue reprendida. Es fácil descuidar la Palabra en familia, o, por muchos pretextos, no tomar a los niños consigo llevándolos al culto, o hasta ir, solo de cuando en cuando. ¿ Hay que asombrarse entonces de las consecuencias?

Ante la exhortación del hombre de Dios, Elí no dice nada. No hay arrepentimiento, no hay humillación. El tiempo pasa… Jehová va a hablar una vez más por medio de Samuel, el niño criado en el templo, a quien Eli ama y estima. El joven teme transmitirle al viejo sacerdote el mensaje de Jehová. Pero en su insistencia, le cuenta el asunto: «yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado». Eli escucha, se resigna: «Jehová es; haga lo que bien le pareciere». No hay humillación más profunda, no hay vuelta.

Entonces el castigo, el drama, inexorablemente debe cumplirse. Los dos hijos de Elí son muertos en batalla. Cuando el sacerdote sabe que el arca de Dios ha sido tomada — y ni siquiera cuando supo que sus dos hijos murieron — se cae hacia atrás de su asiento, y se estrella con la nuca. Su nuera, mujer de Fines, da a luz en el dolor, y se muere diciendo: «Traspasada es la gloria de Israel; porque ha sido tomada el arca de Dios.» (4:22)

El anciano padre y la nuera, demuestran su amor por Jehová preocupándose mas de corazón con la toma del arca que con la muerte del hijo o del marido; sin embargo la tragedia termina en la muerte, el duelo y la deshonra.

 

Elimelec y Noemí - Ruth 1

Un hambre sobreviene en la tierra de Canaán, prueba permitida por Jehová, con el propósito que Él conoce. ¡La actitud de la fe sería buscar la razón de esta disciplina, arrepentirse, someterse! (1ª Reyes 8:35) Pero Elimelec y los suyos no lo entienden así. Quieren sustraerse de la prueba que Dios permite y se van a los campos de Moab, afuera de las fronteras fijadas por Dios, en primer lugar para «permanecer» … y rápidamente «moran» allí. La vida material de la familia está asegurada, pero todo el resto va a perderse. No sólo se está en el mundo para un trabajo necesario, sino que se complace con el, se le desea, y se establece.

Progreso muy actual donde numerosas familias, sin cambiar precisamente de domicilio, se cambia de ambiente; poco a poco se acomodan con el mundo y las cosas del mundo; encuentran placer, y… lo aman (1ª Juan 2 :15).

La disciplina de Dios se va a ejercer primeramente con Elimelec, quien muere. La viuda queda con sus dos hijos. Los jóvenes se casan con mujeres moabitas, que no conocían a Jehová. Durante diez años habitan allí; pero ha llegado el tiempo de volver a Belén. Mahlón y Quelión, también mueren; «la mujer queda desamparada de sus dos hijos y de su marido». Aparentemente había estado de acuerdo en su tiempo de dejar el país e instalarse en Moab; luego no se había opuesto sin duda al matrimonio de sus hijos. Hay que asombrarse cuando ella concluye : «Jehová ha dado testimonio contra mí, y el Todopoderoso me ha afligido».

Esta disciplina dolorosa va a llevar sus frutos. Sabiendo que Jehová visitó a su pueblo para darles el pan, se va del lugar donde estaba para volverse a la tierra de Judá. Reconoce haberse ido de allí “llena”; ahora Jehová la trae devuelta “vacía”, pero va a restablecerla. El corazón quebrantado y humillado, que reconoce la rectitud de los caminos de Dios sin excusarse, va a ser bendición para Ruth, su nuera viuda, y la conducirá para llegar a resguardarse bajo las alas del Dios de Israel.

¡ Qué buenas relaciones entre la suegra y la nuera! Noemí puede decir «¿no he de buscar hogar para ti, para que te vaya bien. Ruth será llamada «la nuera, que te ama» (4:15). Noemí encontrará hasta un "hijo"; alegría que llenará nuevamente su corazón (4:16).

¿ Cómo haremos la felicidad de nuestros hijos ? No será conduciéndolos «en los campos de Moab», pero si enseñándoles a conocer a una Persona en quien está el poder: el verdadero Booz.

Abraham

No queremos considerar toda la historia del patriarca, sino el fruto producido por la disciplina de Dios en su vida familiar.

El llamamiento de Abraham estaba claro: «Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré» (Gen. 12:1). Sin embargo Abraham se aparta de la instrucción divina:

-Toma con él a su padre y a su sobrino (11:31, 32)

-Desciende a Egipto (12:10)

- Acuerda con su mujer llamarle “su hermana”

Las consecuencias lastimosas de tales desviaciones traen sobre él la disciplina divina, pero también el fruto precioso que ella produce.

El padre

El llamamiento de Dios no se dirigía a Taré. Sin duda era duro dejar solo a su anciano padre en Ur ¿ Pero la fe no habría podido contar con Dios para ocuparse de él, posiblemente por medio de Nacor su segundo hijo, como tantos otros que Dios ha llamado lejos a su servicio y han debido hacerlo desde hace tiempo.? Taré se une sin embargo a Abraham y a los suyos para el viaje a Canaán; hasta parece tomar la iniciativa; pero, por una razón que no se nos dice, el grupo se detiene en Haran, donde Taré muere. Solamente después de la muerte del padre, «Dios le trasladó a esta tierra» (Hechos 7:3-4).

Un parentesco puede así ser un obstáculo en la senda de la fe. El joven matrimonio que ha fundado un hogar, conservando el respeto, la estima y el afecto por sus padres, sobre todo si son creyentes, debe tomar sus propias responsabilidades, y caminar detrás del Señor en el camino donde la fe le conduce.

Lot

Sin duda era muy natural, para Abraham, llevar con él a su sobrino Lot, el hijo de su hermano difunto. Pero el llamamiento de Dios directamente no se había dirigido a Lot. Éste seguía a Dios por una fe educativa, bajo la influencia de sus mayores.

Descendiendo a Egipto, el tío no le da un ejemplo saludable. En efecto, en el momento de la elección que resulta de la disputa de los pastores, Abraham, el más de edad, deja al más joven escoger, Lot levanta sus ojos y ve toda la planicie del Jordán «como la tierra de Egipto en la dirección de Zoar». Los recuerdos del país del Nilo determinan su elección; se va hacia lo que se llamó “la cloaca luminosa que se hundirá”. Ejemplo importante para los padres que son tentados a darles el “gusto de Egipto” a sus hijos, y que muy pronto ya no sabrán donde están las "fronteras" según Dios. ¡Qué disciplina produce esto para Abraham! Tristeza de la separación; esfuerzos luego para acudir en ayuda de su sobrino encarcelado, costos y peligros que conducen de esto; ansiedad del patriarca, que intercede por Lot, cuando Jehová decide destruir Sodoma. Después de que Lot perdiera todo, fortuna, hogar, esposa, hijos casados, sus hijas lo engañan para dar origen a los enemigos de los descendientes de Abraham (Gen. 19:37-38).

Observemos cual es el fruto que la disciplina lleva a la casa del patriarca, y cual es el sostén que el Señor le da. Después de la separación con Lot, el realiza una comunión preciosa con Dios (13:14); las promesas son renovadas; en Mamré, un tercer altar es edificado para Jehová.

Después de haber librado a Lot del poder de los reyes, Abraham se beneficia de la intervención de Melquisedec; rey de justicia y de paz que le aporta pan y vino, y la bendición de parte del Dios Todopoderoso. Así fortificado, el patriarca sabe negar la invitación insidiosa del rey de Sodoma: «Dame las personas, y toma para ti los bienes» (14:21). Trampa que muchos creyentes han encontrado en el camino : ¡ comprometerse en un camino, en una empresa, donde las almas de los hijos serán puestas en peligro, aunque asegurando lo material!

Por fin, cuando Jehová va a destruir a Sodoma, Él mismo se le aparece a Abraham bajo el roble de Mamré, le hace gozar de su comunión, le dice lo que va a hacer, pone oído a su intercesión, y a causa de esta intercesión, saca a Lot fuera de la destrucción (19:29).

 

 

Agar

De Egipto, Abraham no solamente había traído recuerdos, sino que a «una sierva egipcia» (16:1), que había sido introducida en la intimidad de su familia. He allí el peligro. Posiblemente es lo ideal que se tenga en un hogar a alguna jovencita creyente para el servicio doméstico, pero en si es lo mismo. En cambio, acoger a alguien o elemento del mundo en el círculo íntimo, constituye un peligro permanente. La presencia de Agar llega a ser un tema de tensión entre la ama y la criada, luego entre los esposos, sin hablar de la trampa que el consejo de Sara ha presentado para su marido (13:3-6). Más tarde, Agar da a luz a Ismael, quien se burla de Isaac (21:9), nuevo tema de tensión entre los padres.

La disciplina lleva por fin su fruto ; después de más de veinte años de vida común, con tristeza pero con tacto, Abraham es obligado a devolver a la criada, a echarla, como lo dice en Gálatas 4:30, con el fin de que Isaac pueda crecer en un hogar apacible, donde la fe predomina.

Hasta el mundo observa el fruto de esta disciplina. Abimelec, y Ficol, jefe de su ejército, pueden decirle a Abraham: «Dios está contigo en todo cuanto haces» (21:22).

«Mi hermana»

Cuando Dios había hecho deambular a Abraham lejos de la casa de su padre, había concluido un convenio medio-mentiroso con su mujer: «cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida. Ahora, pues, di que eres mi hermana».

¡Este subterfugio trajo muchas dificultades en el momento de su estadía en Egipto (12:14-20). El patriarca, vuelto a la tierra de Canaán, había reencontrado la comunión con Jehová (13:3-4). Pero en el "fondo" no había sido juzgado; una nueva desviación llega..

En capítulo 20, Abraham recae en la misma falta. Esta vez confiesa por fin el convenio de mentira que había hecho con Sara (20:12-13). Puede entonces orar por Abimelec, (v. 17) y conocer una restauración plena. Después de muchos años, Jehová podrá darle a Isaac  

Isaac

La disciplina llevó frutos en la vida del patriarca; necesita sin embargo una experiencia suprema en la cual la Palabra nos dice: «después de estas cosas, que probó Dios a Abraham» (22:1). Ya no era una disciplina destinada a poner en evidencia alguna falta y juzgarlo, sino una prueba apta para hacer relucir la fe del hombre de Dios ( Santiago 2:21). En la tensión de esos días, Abraham aprende a recibir todo de Dios, hasta a Isaac en su resurrección (Hebreos 11). Muestra la calma y la dignidad de la fe: «Dios se proveerá de cordero para el holocausto». Es Jehová-Jiré. El fruto apacible que la prueba produjo en el, la renovación de las promesas, no sólo de Abraham, sino que «en tu simiente (que es Cristo: Galatas. 3:16 ), serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz»

 

Los Recabitas La disciplina personal

Una pregunta se instala: ¿ Hay que esperar "pasivamente" la disciplina de Dios, sea para prevenir una caída, o sea cuando se ha faltado ?

La Palabra nos muestra en pasajes diversos cuan necesario es, en la dependencia del Espíritu de Dios, ser vigilantes y sobrios para ser guardados de la caída. Por otra parte somos llamados a juzgarnos, reconociendo y confesando nuestras faltas, para no ser castigados (disciplinados) por el Señor, sino que, por el contrario, ser conducidos al gozo del perdón. (Salmo 32).

La disciplina voluntaria preventiva – 1ª Corintios 9:24-27; 1ª Tesalonicenses 5:6-8

Por décima vez posiblemente en su epístola, el apóstol declara: «¿No sabéis?» Esta vez no va a presentar una doctrina, sino una cuestión totalmente práctica: esta disciplina preventiva es necesaria en la carrera y el combate cristiano. No una obediencia legal, sino una disposición de corazón (Daniel 1:8), resultado de una obra de gracia en nosotros, que sin embargo no nos hace considerarnos superiores a los demás. El secreto es entregarse a la gracia para que nos forme por la acción del Espíritu de Dios, para hacer «morir las obras de la carne» (Romanos 8:13). No obstante tenemos que desarrollar una constancia personal: «limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu» (2ª Corintios 7:1), — obtener el cilicio moral, protección eficaz.

Correr, combatir, implica una perseverante energía espiritual. En Apocalipsis 2 y 3, carta por carta, el apóstol repite: «El que venciere». Exhortación individual y personal, sin esperar que otros se comprometan en el mismo camino.

La victoria en la carrera, en el combate, no va sin un "régimen". Con el fin de obtener una corona (1ª Corintios 9:25), pero también, por miedo de una caída (v. 27).

¿ Cuál es este régimen? El apóstol lo había hecho para sí una experiencia personal: «yo pues» dice. Habla de mortificar su cuerpo, literalmente de someter su cuerpo, y de esclavizarlo, por temor de que, después de haber predicado a otros, él mismo sea reprobado. Esta palabra reprobado (*) ya que en este pasaje se trata de una competición deportiva podría ser traducida por “descalificado”. ¿ Cómo un servicio público para el Señor produciría frutos para él, si se falta gravemente en lo que se anuncia a los demás?

 Régimen que implica sobriedad, es decir control de sí mismo. Lo vemos en 1ª Tesalonicenses 5, donde «los hijos del día» son puestos en contraste «a los de la noche». En 2ª Timoteo 4:5, la sobriedad es necesaria para el evangelista. 1ª Pedro 2:11 nos ordena abstenernos de «de los deseos carnales que batallan contra el alma». ¿ Estas codicias de la carne no son muy a menudo la base de todo, cuando un joven se aparta deliberadamente del camino del Señor, invocando como excusa las dudas intelectuales, simple velo para su mala conducta?

(*) dokimos = «aprobado », por ejemplo 2ª Timoteo 2:15, con le prefijo privativo «a »: adokimos = «desaprobado».

El control del yo compromete al cristiano para no abandonarse a todo lo que le rodea y le solicita, o hasta aquello que le interesa. Es exhortado a «ceñid los lomos» (1ª Pedro 1:13). La práctica espiritual del ayuno es admisible, muy especialmente en una época cuando tantas cosas quieren imponer la atención. No sabríamos tener en nuestra mano las vanidades del mundo y a la vez la mano del Señor.

Por amor a Él, llevar Su yugo (Mateo 11:29). El profeta ya lo señalaba: « Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud» (Lamentaciones 3:27). Este yugo de amor conlleva un andar en el mismo camino que Él, al mismo paso que Él. ¡Es un esfuerzo constante reservar diez minutos al levantarnos para una gimnasia apropiada qué fortificará el cuerpo! Nos ejercitamos cada mañana en esta misma disciplina para consagrar un momento suficiente para escuchar la Palabra de Dios y para orar? Un viejo folleto tenía este título: “un cuarto de hora sobre noventa y seis”, un cuarto de hora para estar con el Señor al principio del día. ¿Le daremos solamente un uno por ciento de nuestro tiempo? ¿Por qué no el dos por ciento? ¿ Empleamos más tiempo en escuchar la radio que su Palabra? ¡ Esto nos conducirá posiblemente a renunciar a tardes muy largas!

«No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre», dice el apóstol (Hebreos 10:25). En este campo también, hace falta energía, y un régimen que redima el tiempo necesario.

La parábola nos habla de "espinas" (Marcos 4:19): las preocupaciones, las riquezas, las codicias, que "entrando" asfixian la Palabra. — es imposible no tener preocupaciones. Pero es necesario entregárselas al Señor: «echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros» (1ª Pedro 5:7). — en una “sociedad desarrollada ” como la actual, las facilidades materiales aumentan. Será muy apropiado usar de sobriedad para actuar según Dios. Nos da todas las cosas ricamente para gozarlas, pero para gozarlas con el Señor Jesús. — En cuanto a las codicias, tengamos cuidado porque entran en el corazón y nos hacen la guerra. De muchas maneras ellas nos seducen, y avivan, por escenas leídas, oídas, vistas. No podemos abstenernos de ver muchas cosas, pero seamos vigilantes temerosos para que no vengan a formar parte del nuestro ser interior.

En Proverbios 24:33-34, se nos dice: « Un poco de sueño, cabeceando otro poco, Poniendo mano sobre mano otro poco para dormir; Así vendrá como caminante tu necesidad, Y tu pobreza como hombre armado». ¡ Qué trampa en este «poco»! — Se tendrá que practicar la sobriedad, la templanza. Pero el apóstol Pedro nos invita a añadir a ello la paciencia (2ª Pedro 1:6), es decir la perseverancia debe ser sobria. No dejarse tentar "por una vez" cuando se nos ofrece; no entregarse «un poco» al sueño espiritual que nos acecha. El enemigo sabe demasiado sacar provecho de eso para introducirse en nuestra vida y empobrecerla.

Que consuelo en la afirmación del apóstol, hablando del siervo del Maestro : «Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme» (Romanos 14:4).

 

Los Recabitas - Jeremías 35:1-11, 18-19

Los descendientes de Jonadab, hijo de Recab, habían recibido de su padre la orden terminante de no beber vino, de no construir casas, de no sembrar campos, ni plantar de viñas. Fueron señalados así como peregrinos, extranjeros sobre la tierra. Acordémonos de la palabra de ese siervo que podía decir: «es el tesoro que encontré en Su amor que me hizo ser un peregrino en este mundo».

Las circunstancias se habían vuelto difíciles; la guerra había empujado a la pequeña tribu en la ciudad de Jerusalén; Jeremías recibe de Jehová la orden de hacer venir a los hombres al templo y de empeñarlos para que bebieran vino. Era una postura para la prueba. Pero los Recabitas se mantienen firmes. No era malo en sí beber vino, pero ellos querían obedecer a su padre y voluntariamente se privaban, como el se los había ordenado. En mas de un versículo se repite «hemos obedecido» su voz; entonces el pueblo, lejos de seguir el ejemplo, no prestan atención a la palabra de Jehová y conducen sobre ellos mismos la disciplina de su castigo. (v.17).

Es fácil aplicar espiritualmente la enseñanza de Jonadab, hijo de Recab. El vino quita el discernimiento: cuantas cosas son aptas para quitar a nuestras almas el discernimiento espiritual, si nos dejamos estar Las tiendas, en oposición a las casas, demuestran que no se establecen en este mundo que no encuentran allí su patria y su satisfacción. No sembrar los campos, no plantar viñas, es no esperar una cosecha espiritual del mundo, sino que encontrar su alegría en las cosas invisibles que permanecen.

Con el fin de ser puesto aparte para Dios, totalmente para Dios, el Nazareno en otro tiempo (Números 6), por un

 

tiempo limitado (Hechos 18:18), o para toda la vida (Jueces 13:5), se abstenía de tomar vino, goces mundanos, — dejaba crecer sus cabellos, renunciando a su dignidad personal y a su reputación,— y se separaba de toda persona muerta, alejándose de toda corrupción. Tal práctica no era obligatoria para nadie, pero aquel que, por amor a su Dios, deseaba apartarse del mal, se cuidaba de estas cosas.

Cuando se falta a la disciplina personal

1ª de Corintios 11:31-32 coloca delante de nosotros un principio de mucha importancia.

En relación con la cena del Señor, se nos dice:«pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan» (v. 28). ¿ Que es entonces probarse a sí mismo? ¿Es juzgar solamente nuestras faltas? El apóstol lo explica un poco más abajo, invitándonos a juzgarnos a nosotros mismos para no ser juzgados. El juicio de yo implica el acuerdo con Dios contra mí mismo, el discernimiento en su luz de las causas profundas de nuestras faltas. En primer lugar, según 1ª Juan 1:9, hay que confesarlos, decirle a Dios claramente el mal que hicimos, reconocerlo también hacia aquellos a quienes hubiéramos ofendido. Luego, buscar en su presencia cuales fueron los motivos o los móviles secretos de nuestra culpa. Evitaremos así que esta disciplina sea dada de otro modo por el Señor: «mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo».Mas aun, podremos decir con David:« Bienaventurado aquel cuya trasgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado» ( Salmo 32:1)

Tal ejercicio no nos conducirá a una apreciación sombría de las cosas; al contrario, afirmará en nosotros el sentimiento de la gracia que nos permite a pesar de todo acercarnos a la Cena del Señor, anunciar su muerte por la cual nuestros pecados han sido borrados. No decir: esta semana no he estado mal, puedo bien venir a la mesa santa. Al contrario: probarse a sí mismo, considerarse a sí mismo, y tomarla por fe, como todo de nuevo, que esos pecados presentes muy fácilmente en nuestro camino, han sido expiados en la cruz por el Señor Jesús; lavados por su sangre preciosa; Él es la propiciación para nuestros pecados. Entonces, asegurados del perdón, y concientes del precio que pagó para expiar nuestras culpas, venimos al memorial con el sentimiento profundo de la gracia inmensa que nos ha sido hecha.

  ¡ Oh gracia infinita! Fuiste inmolado,

Diste tu vida. Tu sangre derramada

para que el santuario, totalmente honrado,

Nuestro Dios tu Padre pudiera ser adorado.

El salmo 130: 4 nos dice: «Pero en ti hay perdón, Para que seas reverenciado» La conciencia de la gracia no nos hace volver ligeramente a nuestras faltas, sino por el contrario se teme desagradar al Señor faltando nuevamente. Proverbios 28:13 precisa:« Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia » ¿ No pide esto una seria disciplina personal, en el santo deseo, por el poder que Dios da, de no recaer?

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Pablo – La disciplina preventiva en relación con el ministerio

 ¿ Tal disciplina es verdaderamente oportuna? Los numerosos peligros que corre un siervo del Señor nos hacen comprender por qué la Palabra señala la necesidad.

Entre estos peligros, veamos el de Romanos 12:3 «¡tener un más alto concepto de sí que el que debe tener!» Peligro de orgullo, de satisfacción del yo, que acecha a todo ministerio público, pero también a cada siervo, cualquiera que sea su don de gracia, o la "medida" que Dios le ha confiado. (2ª Corintios 10:13)

En 1ª Pedro 5:2, los ancianos son advertidos de «no tener señorío», espíritu de dominación que podría hasta pesar en las almas o en otros siervos (Mateo 24:49).

El cansancio al fin es apto para aprobar a todo obrero del Señor (2ª Corintios 4). La monotonía eventual del servicio, sobre todo el relajamiento en la comunión con Dios, el cansancio físico o psíquico, la superación de las fuerzas que le han sido dadas, — todo esto puede producir cansancio a un hombre que en otro tiempo fue fiel, ¡ Acordémonos que somos siervos y no por fuerza! En Hechos 20:13, Pablo desea el mismo ir a pie hasta Asón, dejando a sus compañeros dar la vuelta a la colina con la embarcación. ¿ Quería meditar, a solas a lo largo del camino, en una comunión preciosa con su Señor?

En relación con estas trampas diversas y otras mas, el Señor ejerce una disciplina preventiva hacia los suyos; que no es provocada por la responsabilidad del siervo, sino por la solicitud del Maestro hacia aquellos a los que emplea en Su cosecha o en Su casa.

Pablo

¿ Por qué escoger a tal siervo para ilustrar la enseñanza de la Palabra con respecto a la disciplina divina en el curso de su ministerio? Hasta el más grande de los apóstoles lo necesitaba. Volvamos a leer cuidadosamente 2ª Corintios 12:5-10 donde él mismo lo expresa.

El motivo esencial de esta disciplina era «para que la grandeza de las revelaciones no lo exaltara desmedidamente». Durante toda su carrera, Pablo fue el objeto constante y permanente de esta educación por parte del Señor, con el fin de tener el yo en jaque. El peligro no era haber estado en el tercer cielo, sino enorgullecerse, luego de las revelaciones recibidas. En nuestra pequeña medida, ¿no corremos un riesgo semejante en cuanto a la luz de las verdades entregadas por un ministerio que apreciamos, pero que sería peligroso enorgullecerse? : «¿qué tienes que no hayas recibido?» (1ª Corintios 4:7).

Tres veces el apóstol suplica al Señor quitar el aguijón que le traba. Pero, en la prueba, recibe la respuesta maravillosa: «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad». Humildemente, puede entonces decir: «de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo».

Esta disciplina a revestido dos formas: «un mensajero de Satanás que me abofetee,» (2ª Corintios 12:7) y que el llama «sentencia de muerte» (2ª Corintios 1:9, 4:11): oposición exterior (persecución) y oposición interior en ciertas asambleas.

El aguijón

Dios había deseado darle a su siervo un aguijón para la carne, y mantenerlo, a pesar de las súplicas del apóstol. La Palabra no ha estimado oportuno darnos a conocer exactamente en que consistía. Pasajes diversos mencionan una debilidad que trababa su ministerio, cuya ventaja sus adversarios tomaban para despreciarlo. Por ejemplo en 2ª Corintios 10:10, se dice: «mas la presencia corporal débil, y la palabra menospreciable. ». A los Gálatas (4:13-14), les escribía: «y no me despreciasteis ni desechasteis por la prueba que tenía en mi cuerpo».

Sufrimiento continuo para el apóstol, conciente que el Señor le había enviado la disciplina y lo mantenía; había aprendido a aceptarlo de su mano. Ella le recordaba que era sólo un “vaso de barro” ; si el vaso hubiera querido desempeñar un papel, habría puesto muy rápidamente un sello de humillación sobre su servicio.

Tengamos cuidado con despreciar a hermanos que les cuesta expresarse, que aportan verdaderamente un mensaje importante de parte del Señor. En Hechos 4:13, los apóstoles eran analfabetos, su acento galileo no los facultaba en Jerusalén; pero, «les reconocían que habían estado con Jesús». A la inversa, no nos dejemos arrastrar nosotros mismos por las dificultades naturales de elocución, o por la timidez; simplemente aportemos humildemente, lo que el Señor pueda darnos para los demás.

Las persecuciones (la oposición exterior)

Escribiendo a los Corintios, el apóstol señala que él mismo tenía «sentencia de muerte», para que no tuviera confianza en sí mismo, pero si confianza en Dios, que resucita a los muertos, y que era capaz de librarle. Estaba conciente de cumplir en su carne «lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia» (Colosenses 1:24).

2ª Corintios 11:23-27, nos da un bosquejo de estas persecuciones, sufridas en ocasiones diversas, mucho más numerosas de las se relatan en los Hechos. «A morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús»,   decía también :«por amor a Cristo me gozo… en las persecuciones». Por lo tanto las resentía vivamente, como lo demuestra, mas tarde en su vida, en estas líneas escritas a su hijo Timoteo: «Pero tú has seguido… mis persecuciones,, padecimientos, persecuciones que he sufrido,» (2ª Timoteo 3:11).

Los Judíos en particular, ensañados contra el apóstol, traban la obra del Señor. Lo habían expulsado con sus compañeros por medio de la persecución, «impidiendo hablar a los gentiles para que éstos se salven»(1ª Tes. 2:15-16). Pablo recibía de la mano de Dios el sufrimiento que emanaba de tal disciplina, ciertamente que el Señor se servia de eso con buen fin: «las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio» (Filipenses 1:12). La vida de Jesús ha sido manifestada, a través de todas estas persecuciones, de todos estos peligros de muerte ; un testimonio dado en su fuerza y en su poder. Así se cumplía la profecía del Nazareno glorificado en aquel que había perseguido tanto a las asambleas: «yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre» (Hechos 9:16). El “vaso de barro” fue quebrantado, a fin de que la luz interior resplandeciera.

Los ejercicios y las decepciones en las asambleas (oposición interior)

Esta oposición interior fue aun mucho más dolorosa para el apóstol que todas las persecuciones. ¿Por qué debe soportarlo el «apóstol de Jesucristo... constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles en fe y verdad» ? (1ª Corintios1:1; 1ª Timoteo 2:7). ¿ Y esto no sólo por parte de judaizantes o enemigos de la verdad, sino de ciertas asambleas y de ciertos hermanos, sin por lo tanto hijos de Dios, teniendo la misma fe en nuestro Señor Jesús Cristo?

¿ Pero qué hubiera pasado si Pablo hubiera sido bien acogido por todas partes? ¿Qué peligros espirituales no habría corrido? El Señor no quiso que asi fuera; para mantener a su siervo en la humildad, para que no se lo estimara mas arriba de lo qué se lo veía ser, o de lo que se había podido oír decir sobre él, haciéndole pasar por esta disciplina dolorosa.

Todo su corazón estaba comprometido por las congregaciones diversas: «lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias» (2ª Corintios 11:28). Esta solicitud se extendía hasta en las iglesias que no había visitado, como Colosas y Laodicea. Que pena profunda no sentía cuando los Gálatas fueron turbados por emisarios que los evangelizaban con «otro evangelio diferente del que os hemos anunciado,». Parecía trabajar de nuevo «por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros,» Con cuanto pesar les escribe: «Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad? » (5:7.

Entre los Corintios, algunos «querían una ocasión» (2ª Corintios11:12) en contra el apóstol. Algunos encontraban «su palabra menospreciable» (10:10); otros recurrían a la calumnia. Con melancolía Pablo debe decirles:«pues yo debía ser alabado por vosotros» (12:11); pero su amor era tal, que añadía: «con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos» (12:15.

En los Filipenses, habla de los que creen «» " que ellos suscitan de ella tribulación precaverse sabido lazos " (1:17. Pero sabía también apreciar los estímulos recibidos entre ellos (1:5, 8; 4:1, 15-19).

Entre los Corintios, algunos «deseaban la ocasión de ir en contra el apóstol» (2ª Corintios 11:12). Otros encontraban «su palabra menospreciable» (10:10); y otros recurrían a la calumnia. Con melancolía Pablo debe decirles: «yo debía ser alabado por vosotros» (12:11); pero su amor era tal, que añadía: «yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos» (12:15).

A los Filipenses, les habla de aquellos que desean «añadir aflicción en sus prisiones» (1:16) Pero sabía también apreciar los alientos recibidos entre ellos (1:5, 8; 4:1, 15-19).

Si hay que encontrar, en nuestra medida muy pequeña, una oposición similar, ¿no es necesario aceptar el ejercicio, y preguntarse con seriedad si se está bien en el camino de Dios? Si el Señor nos da la convicción, entonces humildemente, el vaso de barro, persevera.

Esta oposición y este desprecio que Pablo encontraba en diversos lugares se acentúan hasta el fin de su carrera.

El abandono y la solicitud al final de la carrera

Ya en Colosenses 4, el apóstol sentía venir este aislamiento. Habla de algunos compañeros de obra de la circuncisión, «que son los únicos que han sido para mí un consuelo». Al final de su carrera este abandono se volverá muy trágico, relatado en la segunda epístola a Timoteo.

«Me abandonaron todos los que están en Asia» (2ª Timoteo 1:15). Entre ellos se encontraban los Efesios, conocidos por el nivel espiritual más elevado presentado en las epístolas.

Cuando Onesíforo viene a Roma, parecía que nadie en la asamblea, sabía donde se encontraba el apóstol, y no podían o no se atrevían a darle la información al amigo que le buscaba. El efesio lo «buscó solícitamente», para finalmente encontrarle, y, consolarle por parte del Señor.

Con el buen propósito para la obra, Pablo había enviado a Tíquico a Efeso. Otros se habían ido de allí, Crescente a Galacia, Tito a Dalmacia. Demas lo había abandonado, amando más este mundo. «Procura venir antes del invierno»" le dice a su querido Timoteo. En efecto, « el invierno» había llegado para el viejo apóstol al que todos abandonaban.

«En mi primera defensa», dice, «ninguno estuvo a mi lado» (4:16). Pero, experiencia maravillosa, por séptima vez en su vida, de modo muy particular, «Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial»

El fruto de la disciplina

Señalaremos seis, entre muchos:

1- «No desmayamos» (2ª Corintios 4:16). Formado en la escuela de Dios, el apóstol perseveraba. renovado día tras día en su hombre interior. ¡Permanecía a disposición de su Maestro y de las asambleas! (Filipenses ¡1:23-25), «cansado, mas todavía persiguiendo» (Jueces 8:4).

2- El sentimiento profundo de haber recibido su ministerio «según la misericordia que hemos recibido» (4:1), lo sostenía a través de todos los obstáculos. Todo servicio es una gracia, y no un deber penoso; la disciplina por la cual el apóstol había debido pasar, había profundizado mas en el la seguridad en su corazón.

3- A veces se puede pensar que, después de tal o cual servicio: “no salí muy mal de esto” ¡O se dirá con alguna suficiencia: “el Señor nos ha bendecido bien” !

El mismo apóstol, debió aprender que era sólo un vaso sin valor: «Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros» (v. 7). Elías se había considerado mejor que sus padres, pero Pablo había comprendido que no valía más que este vaso de arcilla destinado a ser quebrantado.

4- Había experimentado la fidelidad de Dios y sus recursos por medio de la prueba, las persecuciones, la oposición,: «que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados;  perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos» (v. 8-9). También podía decir: «lleno estoy de consolación; sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones» (7:4).

5-Toda la disciplina atravesada había producido en el siervo lo que es de muy alta recomendación: «en mucha paciencia» (6:4). En otro tiempo había sido un celador ardiente, lleno de energía para defender la causa de Dios, como el se lo imaginaba. Pero ahora su actitud en todo tiempo, que lo recomendaba como siervo de Dios, era esta « en mucha paciencia por mala fama y por buena fama, como desconocidos, pero bien conocidos, como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo.»  (6:4-10). Podía escribir a los Filipenses : «pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad» (4:11-12).

6- En fin, como fruto supremo, el apóstol concluye su epístola diciendo: «nada soy» (2ª Corintios 12:11).

«Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí»(Gálatas 2:20).

«Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. » (Filipenses. 1:21).

«estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo» ( Filipenses 3:8).

¿ Todo este fruto habría sido producido si Pablo no hubiera aguantado la disciplina penosa que había hecho sangrar su corazón, pero lo había echado sobre el corazón de Dios?

 

Conclusión

Que mejor conclusión sacar de estas páginas, si no aquella que la misma Palabra nos da: «Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados»

Job lo fue, y largamente, pero cuan admirable es su conclusión: «De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven ».

El orgullo espiritual de Elías, de el cual no se daba cuenta, dio lugar, bajo la disciplina, a la humildad que pone su manto sobre el joven que será profeta en su lugar, cuando, en el orden de las tres misiones que Dios le encarga en Horeb, esta era la última que debía cumplir.

  Juan-Marcos, detenido en la obra por el temor de las dificultades, después de una disciplina larga, llega a ser «útil para el ministerio»

La tragedia de la familia de Noemí acaba cuando ella misma vuelve con Ruth al país del Dios de Israel y encuentra así el gozo y el consuelo mismo.

Abraham, ejercitado con su familia, debe soportar mucho tiempo las espinas que resultan de sus desviaciones, ve triunfar su fe, y el testimonio maravilloso dado para la gloria de Dios.

Los Recabitas escucharon a su padre; se mantuvieron firme a través de la disciplina larga y personal en la cual habían sido colocados; Dios puede alabarlos por su fidelidad.

Pablo, el gran apóstol, sometido a la prueba del aguijón, de las persecuciones, de la oposición interior, ha manifestado una gran paciencia y ha perseverado hasta el fin sin cansarse, en una comunión creciente con su Señor.

Moisés lo ha dicho al pueblo, al final de la travesía por el desierto: te humilló, te probó, te hizo conocer sus cuidados… todo esto «para hacerte bien»

¿No es verdad que «todas las cosas trabajan juntas para el bien de aquellos que aman a Dios»

 

 

 

Traducido de “Bibliquest

Responsable traducción Ruth C. de Vasconcelo

 

 

 

 

 

 

 

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