Padres

Por R K Campbell

Padres

Hemos considerado al esposo en su carácter como cabeza de la casa con su autoridad y responsabilidad como tal. Ahora le consideraremos en su carácter como padre en el círculo de la familia.

¡Qué maravillosa es esa palabra de "padre"! Ella habla de amor, misericordia y piedad, tierno y vigilante cuidado y sabiduría en gobierno y disciplina hacia los objetos de su amor, a quienes él ha engendrado. Ella habla de muy cercana y bendita relación, intimidad y afecto – la de padre e hijo.

Reflejando el Padre celestial

El Padre de padres es nuestro Dios y Padre celestial, y de El cada padre terrenal debe aprender cómo ser un verdadero padre en su familia. Por gracia prodigiosa todo creyente en Cristo entra en la más íntima y cara relación con Dios y le conoce como su verdadero Padre. Y tenemos el Espíritu de adopción dentro de nosotros que clama: "Abba Padre".

Bien, es sólo a medida que disfrutamos esta maravillosa relación con Dios como hijos y vivimos en el reconocimiento diario de ella que podremos reflejar algo del carácter de nuestro Padre celestial en nuestra relación terrenal como padre. Es sólo a medida que contemplamos "cuál amor nos ha dado el Padre que seamos llamados hijos de Dios" (I Juan 3:1) que manifestaremos y reflejaremos este amor de nuestra relación terrenal hacia nuestros hijos. A medida que aprendemos de este bendito Padre en comunión y reconocemos sus modos prodigiosos de paciente gracia y misericordia, combinados con Su amante disciplina y fidelidad, hacia nosotros en todas nuestras faltas, y probamos Su tierno cuidado por nosotros, sabremos cómo ser un verdadero padre con nuestros hijos. Y si hemos venido a nuestro Padre en secreto temprano en la mañana y recibido la sonrisa de Su amor y ofrecido a El nuestras acciones de gracia y nuestros corazones fueron refrigerados e imbuidos del sentido de Su presencia y amor y cuidado paternal, y si hemos confiado en El como nuestro Padre amante para todos los cuidados del día, entonces estamos dispuestos a recibir las sonrisas y muestras de amor de nuestros hijos y a oír la encarecida palabra "Padre" de los labios de ellos, y ser un padre real a ellos, reflejando algo de la santidad, de amor, paz, justicia, gracia, misericordia y consuelo del corazón del Padre celestial. El carácter y amor de ese Padre celestial llenará así la atmósfera de tal familia cristiana y con el tiempo alcanzará a cada corazón en ella.

Sujeto a Dios el Padre

Pero si el padre es extrañado en su propio corazón de amor de su Dios y Padre por estar fuera de comunión con El, y contristando el Espíritu, por ser un hijo rebelde, ¿cómo puede él ser un verdadero padre y difundir la luz y el calor de un amor celestial en su familia, si no recibe ninguno él mismo del Padre, Quien es tanto Luz como Amor?

Las inconsistencias de un padre cristiano que no anda con su Padre celestial en justicia, no solamente son percibidas sino también muy injuriosamente sentidas por los miembros de su familia. El ha sido puesto en la posición de un padre en la familia por Dios, e investido con autoridad de Dios como tal. Pero si él mismo no está sujeto a su Padre divino, la familia pronto lo sentirá y el esforzamiento de la autoridad de él sobre ellos tendrá poco peso o efecto. ¿Sostendrá el Padre celestial a tal padre en su posición de autoridad en tanto él resiste a la Suprema autoridad divina? ¡Solemnes pensamientos en verdad para ser considerados por los padres! La autoridad debe ser ejercida en sujeción a Dios, Quien lo ha investido a él con ella.

Conceda nuestro Dios de gracia a nosotros como padres cristianos estar más en casa en el santuario, y más sujetos a El como nuestro Padre, de modo que en la atmósfera de nuestra familia podamos reflejar más brillantemente Su bendito carácter de Padre, y tener peso espiritual, gravedad y sabiduría pan mantener nuestra autoridad para Su gloria.

"no provoquéis a vuestros hijos"

"Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor' (Efes. 6:4). "Padres, no irritéis a vuestros hijos, porque no se hagan de poco ánimo" (Col. 3: 21). Estas dos Escrituras están directamente dirigidas por el Espíritu de Dios a los padres cristianos.

Comentando sobre estos versículos William Kelly dice: "La exhortación es a padres (más necesitada por los tales que las madres, quizás, aunque en principio, no hay duda, va dirigida a ambos". El también dice: "La madre no es exhortada así; porque por lo general la falta común de ella es mimarlos. No hay nada que desaliente más a un hijo que el padre esté continua o innecesariamente hallando falta en él. Y más. Donde un hijo es castigado sin merecerlo, ¿qué puede ser más apto para crear desconfianza, y debilitar de este modo los vínculos de amor y respeto?"

Hay dos cosas aquí: Los padres no han de provocar a sus hijos a ira, siendo demasiado ásperos, irrazonables o inexorables en el ejercicio de su casi absoluta autoridad como padres. Han de tratarlos con verdadera bondad paternal, con el amor y la benignidad de una madre, y por otra parte no han de olvidar de "criarlos bajo la disciplina y admonición del Señor". Estas dos cosas son muy importantes, y darán al padre el propio equilibrio. Porque los padres son más propensos a ser demasiado rudos por una parte o apacibles por otra. Combinando firmeza y disciplina con bondad y amor constituye un verdadero padre. Pero hablaremos primero en detalle del primer punto en nuestra exhortación.

El Espíritu de Dios recuerda a los padres que ellos no son sólo responsables de ejercer autoridad en sus familias, sino que deben ser cuidadosos en cuanto a la manera y método en el cual es ejercida. Dios hace a los padres tan responsables por el modo en que gobiernan como por el gobierno mismo. La carne, aún en un padre cristiano es apta para ser tiránica y despótica. Por tanto, Dios, en tierna consideración por los jóvenes dice: "Padres, no provoquéis a vuestros hijos a ira". Los hijos tienen sensibilidades agudas y tiernas, y los padres deben tener en consideración los sentimientos de ellos y sus disposiciones. Aunque no amainando nunca en lo que se debe al Señor, deben recordar la flaqueza de los jóvenes y no poner más carga sobre ellos que la que puedan llevar, no sea que se desalienten y ofrezcan una airada oposición. Cuán fácilmente los hijos son desalentados, especialmente en seguir los justos caminos del Señor. Sabiduría y discreción son muy necesitadas por los padres en todos sus tratos con sus hijos.

Manteniendo los afectos

A este respecto, el estimado J. N. Darby ha escrito bien sobre Col. 3:21: "Los padres deben ser benévolos para que los afectos de los hijos no sean enajenados de ellos, y para que ellos no sean inducidos a procurar aquella felicidad en el mundo que deben hallar en el círculo doméstico que Dios ha formado como una salvaguardia pan aquellos que van creciendo en flaqueza".

Es muy importante que cálidos afectos sean cultivados e intimidad sea mantenida entre padres y sus hijos, especialmente a medida que los hijos crecen y se exponen a las influencias del mundo y se introduce fácilmente la distancia entre los corazones de los hijos y de los padres. Mientras no se descuida la disciplina firme, padre y madre, especialmente los padres, deben aprovechar toda oportunidad de mostrar amor a sus hijos y ganar de este modo sus afectos filiales y confianza. Dadles la impresión por hechos que son amados, pero al mismo tiempo la autoridad paternal debe ser obedecida. Estas dos cosas son de la mayor importancia.

Compañeros

Los padres deben ser los compañeros de sus hijos a fin de ser guardados en el círculo familiar y no busquen su felicidad en el mundo. Esto es de gran importancia, pues muchos jóvenes hablan de haber echado de menos tal feliz compañía en su juventud. Los padres deben alentar a sus hijos a tener confianza en ellos en lo que respecta a sus problemas y deben tomar un bondadoso interés en las dificultades de ellos. Los niños deben aprender sobre los misterios y las funciones de la vida de sus padres y recibir la necesaria y deseada información en cuanto a cuestiones sexuales del padre y no de las cuadrillas callejeras. Padres, no descuidad este importante deber hacia vuestros niños, porque si no lo aprenden de vosotros, estas cosas les serán enseñadas en el lenguaje vulgar de la calle, para vuestra pena. Las madres deben enseñar a sus hijas, recordándoles que ser "prevenidas es ser armadas de antemano".

Padres y madres deben guardar sus corazones renovados por la gracia y ser niños con sus niños, penetrando en sus pensamientos y tomando un interés en sus legítimas ambiciones y placeres juveniles. Cuando tal es el caso, los niños no se preocupan por alejarse del círculo doméstico pan el placer de ellos. Tienen tal felicidad y buenos tiempos en el circulo de la familia que están muy satisfechos allí. Los padres no deben olvidar proveer ocupaciones saludables y entretenimientos para sus hijos, alentándolos a aprender cosas prácticas, recordándoles que manos ociosas son buena herramienta para Satanás. En distintos modos tales entretenimientos pueden ser provistos en el hogar y los hijos crecerán apegados al hogar y a la familia.

Atrayendo o repeliendo

Los padres y las madres que así han ganado y asegurado los afectos y confianza de sus hijos, habrán ganado el interés de ellos, de modo que escucharán de buena voluntad sus exhortaciones y palabras de corrección y la lectura y exposición de la verdad divina de labios de sus estimados y amados padres, quienes ellos saben que son sabios y considerados y amantes.

Por otra parte, padres que gobiernan a sus hijos con un rígido espíritu legalista y ministran la verdad divina a ellos del mismo modo, imponiendo la verdad como un yugo férreo sobre sus tiernos cuellos, sólo repelen a sus hijos y producen rebelión y resistencia en sus corazones a las verdades divinas. Esta es una de las razones por que muchos hijos, especialmente los varones, de algunos padres cristianos, manifiestan, cuando ya han crecido una oposición y hostilidad a todo lo que se llame "religioso". Los corazones de los hijos, y de la humanidad en general, deben ser atraídos y ganados, al igual que las conciencias alcanzadas, con la verdad divina. Toda la obra para la conciencia y ninguna obra pan el corazón no basta. "Hablando la verdad en amor" (Efes. 4: 15) por el poder del Espíritu gana a ambos, al corazón y a la conciencia.

Un querido ministro de Cristo se vió una vez obligado a castigar a su hijo. A cada golpe de la vara el niño llorando se adhería más a su padre hasta que al fin, el padre fué constreñido a arrojar la van, recordando lo que está escrito: "¿O forzará alguien mi fortaleza? Haga conmigo paz, sí, haga conmigo paz" (Isa. 27: 5). Seguramente aquel padre había ganado el corazón y la confianza de su hijo mucho antes de que le castigara y de este modo el corazón del niño sintió los golpes de !a vara más vívidamente que su carne porque él pudo ver en el rostro del padre la angustia y la pena que le costaba tratar de ese modo a su hijo. El resultado fué, que la van fué directamente a la conciencia del niño así como a su corazón y allí produjo frutos apacibles de justicia, y así fué que el padre pudo arrojar la vara. Otro efecto de la fiel corrección de aquel padre amante fué que el niño se asió más a su padre en vez de ser repelido y enajenado de él. ¡Qué lección para todos los padres cristianos!

Disciplina y amonestación

Volviendo a la segunda parte de la exhortación a los padres en Efesios 6: 4, tenemos el importante mandato de criar a los hijos "en la disciplina y amonestación del Señor". Como hemos observado ya, los hijos de un creyente están en una posición de bendición y privilegio, distintos al mundo del cual Satanás es el príncipe. El padre cristiano debe entonces reconocer esta posición de privilegio en la cual son colocados sus hijos, y criados bajo el yugo de Cristo en la disciplina y amonestación del Señor. La posición cristiana debe ser el carácter de la educación que él dé a sus hijos. El los trata como criados para el Señor, y los adiestra como el Señor mismo los criará. Mientras no podemos hacer a nuestros hijos aptos para el cielo, podemos por fe educarlos para allá, y Dios en gracia bendecirá la fiel enseñanza de aquellos que El nos ha dado.

La palabra en el original aquí traducida "diciplina" significa "disciplina, instrucción, castigo" – En efecto, la palabra significa "dar nutrición, adiestrar, disciplinar y educar". Esto es lo que el término abarca; y lo que los padres (incluyendo a las madres también), son exhortados a hacer, criarlos, criar sus hijos bajo la amonestación del Señor, bajo Su nutrición, educación, disciplina y admonición.

Mientras la primera parte de Efesios 6: 4 advierte a los padres de no ser rudos y opresores, esta segunda parte de la exhortación les recuerda su responsabilidad de criarlos en la disciplina y exhortaciones e instrucciones del Señor. Estas cautelas contra el otro extremo de ser demasiado condescendiente con los hijos, y dejarlos actuar como les plazca deben tenerse en cuenta. Los padres son responsables de instruir a los hijos en los caminos del Señor, nutriendo sus corazones con la preciosa palabra de Dios e imprimir sobre sus conciencias la disciplina y exhortaciones del Señor. Esto implica enseñarles los pasos en que el Señor quiere que andemos y disciplinándolos para la obediencia a los mandamientos del Señor y de sus padres.

Disciplinando el corazón

¡Cuán bueno es aprovisionar los tiernos corazones y las mentes de los niños con las verdades de la preciosa palabra de Dios! Es de gran valor el instruir aún a los niños inconversos en las Escrituras y adiestrarlos en un completo conocimiento de la palabra de Dios. Es como colocar bien un fuego, de modo que sólo una chispa es necesaria para convertirlo en una llama. "Criado en las palabras de la fe y de la buena doctrina, la cual has alcanzado" (1 Tim. 4: 6). Pablo pudo escribir al joven Timoteo que "desde niño él había conocido las Escrituras las cuales podían hacerlo sabio para la salvación por la fe en Cristo Jesús" (2 Tim. 3: 15). Siendo su padre griego y quizás inconverso, sus fieles madre y abuela le habían enseñado las preciosas verdades de la santa palabra desde la niñez en adelante. Las madres juegan una parte importante en esta obra de instruir a los jóvenes en las Escrituras, pero ahora estamos ocupados con la responsabilidad del padre de ver que ellos sean así criados.

A los padres en Israel les fuá dado un mandamiento urgente y abarcador en cuanto a esto en Deuteronomio 6:6-9 y 11: 18 21: "Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte y cuando te levantes; y has de atarlas por señal en tu mano, estarán por frontales entre tus ojos. Y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus portadas". ¡Qué hermoso cuadro hogareño! El padre poniendo las palabras de Dios en su corazón, y teniéndolas siempre delante de sus ojos y enseñándolas diligentemente a sus hijos, y haciendo de esa Palabra el tema de conversación en el hogar, y teniéndola sobre las puertas pan testimonio público. Si la palabra de Dios ha de ser apreciada por los hijos, debe ser evaluada por el padre y la madre y habitar en sus corazones, para que las hijos vean que las Escrituras son preciosas a ellos. Enviar a los niños a la Escuela Dominical para aprender acerca de la Biblia es muy bueno, pero no libra a los padres de la responsabilidad de enseñarles las Escrituras en el hogar.

Las necesidades espirituales son más importantes

Muchos padres y madres están tan ocupados con el negocio y las cosas materiales que toman poco o ningún tiempo pan leer o meditar sobre las Escrituras pan sus propias necesidades espirituales y las de sus hijos. En consecuencia ellos dan a sus hijos la impresión, por sus acciones, de que las cosas materiales son de mayor importancia y que las cosas espirituales no cuentan mucho. ¿Es maravilla alguna que tales hijos crezcan mundanos y con poco aprecio por la palabra de Dios? Podemos estar tan ocupados en proveer pan las necesidades materiales de nuestros hijos y en seguir adelante en este mundo, que olvidamos la mayor necesidad de las almas de nuestros hijos, y así gastamos poco o ningún tiempo con ellos sobre cuestiones espirituales. Esto no es criar los hijos en la disciplina del Señor.

Enseñar a sus hijos la palabra de Dios y velar por sus necesidades espirituales es uno de los mayores deberes de un padre y no obstante es lo que descuida con mayor frecuencia. ¡Cuán triste debe ser esto! Debemos buscar el tiempo para leer la palabra de Dios en compañía de nuestros hijos, para orar con ellos, pan enseñarles lecciones espirituales de las cosas de la vida natural y de los acontecimientos diarios, y darles la palabra que sus almas necesitan en el momento de esa necesidad. Si deseamos que sean salvos y crezcan en gracia y en el conocimiento del Señor Jesucristo, debemos hacer nuestra parte y nutrirlos con la palabra de Dios.

También es posible que un padre pueda estar ocupado enseñando la palabra de Dios y estar de aquí a allá, en lo que él llama el servicio de Cristo, y sin embargo estar abandonando su primer deber de nutrir a su esposa y a sus hijos con la palabra de Dios y cuidar propiamente de ellos. Servir al Señor comienza desde el hogar en el círculo de la familia. Tenemos que tener cuidado de no ser guarda de la viña de otros y no cuidar de nuestra viña primero (Cantar de los Cantares l: 6).

El altar familiar

Todo padre cristiano debe establecer un altar familiar en su hogar, y reunir su familia y toda su casa cada día para la lectura de la Biblia, oración, y quizás el canto de un himno si es posible. Esta es la responsabilidad del padre como el sacerdote del hogar, pero en su ausencia, la madre debe llevarla a cabo. Padres, no descuidéis esta importante cuestión del culto familiar. No permitáis que nada se interponga con ello. No podéis criar a vuestros hijos para el Señor sin un altar familiar. No es suficiente que usted ore y lea las Escrituras y que ellos oren y lean la Biblia. Usted debe leer las Escrituras con su familia y orar con ellos. Deje que ellos lo vean en oración y oigan su voz en súplica a Dios por ellos, para que conozcan el deseo de su corazón en favor de ellos. "La memoria de la oración de un padre es muchas veces el ancla de un niño tentado", alguien ha escrito con verdad.

Juntos inclinad las rodillas y buscad la bendición del Señor sobre vosotros como una familia y sobre cada individuo, y dad gracias a El por bendiciones y misericordias en la familia. Hay una notable Escritura en Jeremías 10: 25 que demuestra que Dios no espera que sólo los individuos invoquen Su nombre, sino también las familias. El profeta dice: "Derrama tu enojo sobre las gentes que no te conocen, y sobre las naciones (familias) que no invocan tu nombre". Amado padre cristiano, ¿descenderá este enojo sobre tu familia? ¿Invocáis el nombre del Señor como una familia? Un antiguo escritor dice: "Una familia sin oración es semejante a una casa sin techo, abierta y expuesta a todas las tormentas del cielo". También, "La oración en familia cierra con cerrojo la puerta contra los peligros de la noche y la abre para la admisión de misericordias en la mañana". El capellán de una prisión ha dicho: "Lo último que se olvida en toda la obstinación de la mente de un hijo terco es la oración, las Escrituras y los himnos enseñados en el hogar".

Un hijo voluntarioso ganado

Cieno padre tenía un hijo inmanejable e ingobernable en el hogar, al extremo de dañar las vidas de los miembros de la familia. Después de que todos los métodos de amor, recompensa, temor y fuerza hubieron fallado, el padre decidió que debía enviarlo a la Escuela Correccional, así que fué a ver al super-intendente de dicho reformatorio, un simpático cristiano, y le contó la dificultad.

El superintendente replicó que debía ser enviado a la escuela y tener su preparación; pero dijo que deseaba hacer una pregunta antes de hacer arreglos definitivos. "Usted dice que ha probado todos los métodos", dijo, "y todos los medios han fallado. Ahora yo quiero saber si usted ha probado al orar con él".

"No", dijo el padre, notablemente sorprendido; "nunca he pensado en hacer eso".

"Bien", dijo el superintendente, "usted debe irse a su casa y orar con él. No me sentiría dispuesto a recibirle aquí o tener nada que ver con el caso hasta que el poder de la oración en su hogar, y en la presencia de él, haya sido probado".

El padre dijo que no podía orar delante de su familia y no tenía el valor para levantar un altar familiar. El superintendente le mandó ir a su casa y reunir su familia aquella noche a las nueve, leer un capítulo de la Biblia, orar con ellos, y que él y su esposa orarían por todos ellos, especialmente por Lane (su nombre en inglés) el niño terco, en aquella hora.

Llegando al hogar le contó a su esposa todo lo que el super - intendente había dicho. Ella replicó que había estado pensando por mucho tiempo que ellos habían estado esquivando su deber en esta cuestión, y urgió a su esposo a no vacilar más, sino que empezara la devoción familiar aquella noche y prometió hacer los arreglos para ello.

Después de comer, la madre pidió a los niños que hicieran "palomitas" (maíz tostado) y Lane fué encargado del trabajo. Este en uno de sus pasatiempos favoritos, así que la madre previno la acostumbrada salida a hurtadillas de la casa por él aquella noche. Cuando esto hubo terminado la mamá mandó a los niños a lavarse y a reunirse en la sala aquella noche a las nueve para algo placentero reservado pan ellos.

Se trajo una Biblia grande y la colocó sobre la mesa, y el padre, temblando, dijo a su familia que le había impresionado que él había estado vergonzosamente abandonando su deber y el más alto bienestar de sus hijos al no leer la Biblia y orar con ellos como una familia. Entonces dijo que esta noche comenzarían un curso diferente y ver si ellos no serían más felices y mejores siguiéndolo. Leyó entonces un capítulo de las Escrituras y se arrodilló a orar. Su esposa e hijos se arrodillaron con él, excepto Lane. Lane se sentó erguido con rostro austero y pálido y conturbado semblante, mirando una y otra vez a la puerta, como meditando en huir.

El pobre padre no pudo al principio hallar palabras para expresar sus pensamientos y sentimientos acerca de su conflicto, pero al traer a su mente al superintendente y su esposa en oración por ellos en aquel mismo instante, su lengua tartamuda fué desatada, y una ferviente oración comenzó a fluir de sus labios.

Mientras ponía fin a una muy tierna y patética apelación en favor de Lane, su hijo en rebeldía, y para que todos soma, tieran su voluntad errónea al amante yugo de Cristo, Lane se levantó de su silla, cruzó el salón, y arrodillándose junto a su padre, arrojó sus brazos alrededor de su cuello, sollozando, le dijo: "¡Sigue orando, papá! ¡Sigue orando! He tratado de pedir a Dios que limpie mi impío corazón, pero yo no parecía poder llegar hasta El por mí mismo. Yo sé que El me oirá ahora, cuando ustedes están todos dispuestos a orar conmigo".

Todos los de la familia se levantaron de sus rodillas con sus corazones ablandados y sus rostros llenos de lágrimas. Las dos hijas mayores le dijeron a Lane que habían estado orando en secreto por él, y declararon que ésta había sido la hora más feliz de sus vidas. Y Lane estaba completamente sumiso. Dió a su padre la escopeta cargada con la cual había aterrado a la familia aquel día, y dijo que había llegado a su fin, y que ya no causaría más dificultades. "Perdonadme, oh sí, perdonadme, papá y mamá, y hermanos y hermanas", clamó, "porque yo confío en el perdón de Jesucristo". ¡Qué poderoso testimonio al efecto y poder transformador de la oración de familia! ¡Que este incidente verdadero pueda ser una bendición pan cada padre!

Culto Familiar

Mamá está tan ocupada esta mañana

En el laberinto de la diaria ocupación,

Y papá debe ir pronto a la oficina

¡De modo que no hay tiempo para la oración!

Los niños son enviados a la escuela

Y así comienza el día en su afanar,

Sin palabra de Dios para la mente,

Sin un himno siquiera que entonar.

No extraña que la carga sea pesada

Y las horas transcurran tan largas,

Y el hablar sea tan áspero y rudo,

Y las vidas inseguras y amargas

Una pausita haced cada mañana,

Y otra vez del día al terminar;

Un momento pasad con el Maestro,

Recordando que enseñónos a orar.

La variedad en la crianza

Terminaríamos el tema de la crianza de los niños con unas pocas observaciones acerca de la variedad. La crianza no implica meramente la alimentación de las almas de los niños con la palabra de Dios, aunque esto es de primordial importancia. Según lo expresa Von Poseck: "Las mentes y los corazones jóvenes desean variedad”. Esa es su misma naturaleza. No pueden estar constantemente acosados con lecciones espirituales y preceptos. Ellos necesitan

  1. variedad de lectura;
  2. variedad de relación y compañía;
  3. variedad de ocupación; y
  4. variedad de distrae dones juveniles y entretenimientos.

El desaliento de padres por años en no ver los frutos por los cuales se ha orado y esperado, de su fiel enseñanza de sus hijos, puede trazarse retrospectivamente a la falta de sabiduría en no dar suficiente alcance para el amor natural a la variedad en los jóvenes. Sólo cuidaos de que esta variedad es de un carácter natural, no mundano. Libros sobre la naturaleza y buena literatura de verdaderas historias y biografías cristianas, proveerán saludable instrucción para corazones y mentes jóvenes, así como libros instructivos sobre varias ciencias, que deben estar libres de racionalismo y de incredulidad.

Castigo por desobediencia

"Porque el Señor al que ama castiga, y azota a cualquiera que recibe por hijo. Si sufrís el castigo Dios se os presenta como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no castiga?" (Heb. 12:6, 7). "Yo seré a él padre y él me será a mí hijo. Si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombre, y con azotes de hijos de hombre" (2 Sam. 7: 14). Este es el modo en que el Padre celestial trata con nosotros. "El azota a todo aquel que recibe por hijo". El tiene un gobierno moral respecto de nosotros y lo que sembramos eso cosecharemos (Gál. 6, 7, 8). Si somos desobedientes a El, sufrimos por ello y de ese modo aprendemos que es cosa amarga el desobedecer. Si somos obedientes cosechamos los benditos frutos de la obediencia y probamos que eso es siempre lo mejor. Sin embargo, también experimentamos que nuestro Padre no sólo trata con nosotros en gobierno cuando somos desobedientes, sino que también trata con nosotros en gracia y misericordia y paciencia especialmente cuando nos arrepentimos. El nos muestra amor en sazón y castigo en sazón.

De los tratos del Padre celestial con nosotros aprendemos cómo tratar a nuestros hijos. Debemos castigarlos por desobediencia y probar que el niño es nuestro hijo, azotándolo, "Porque si estáis fuera del castigo, del cual todos sois participantes, entonces somos bastardos y no hijos" (Heb. 12: 8). Como padres debemos tratar con nuestros hijos en gobierno, y también en gracia y misericordia. De este modo ellos aprenderán la bienaventuranza de obedecer y el dolor y la pena que la desobediencia causan.

Castigo o azote no necesita ser siempre en la forma de azote con vara, aunque éste pueda ser necesario algunas veces. Existen muchos otros métodos de efectuar disciplina por desobediencia. Privilegios pueden ser negados a los niños por un tiempo o pueden ser sometidos a alguna tarea desagradable, etc. El padre des-cubrirá qué método es más efectivo en la promoción de obediencia en el niño individual. No todos los niños pueden ser tratados igualmente. Cada disposición y temperamento deben ser manejados diferentemente. Se puede razonar benignamente con algunos niños y con otros una palabra austera de reprobación puede ser suficiente, mientras otros a veces pueden necesitar disciplina más severa.

Pero para que no se considere el uso de la anticuada vara como anticristiano e incompatible con el estar bajo la gracia, sería bueno para nosotros todos considerar las siguientes Escrituras del inspirado libro de la Sabiduría de Salomón: "El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, madruga a castigarlo" (Prov. 13: 24). "Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; mas no se excite tu alma para destruirlo" (Prov. 19: 18). "La necedad está ligada en el corazón del muchacho; mas la vara de la corrección la hará alejar de él" (Prov. 22: 15). "No rehúses la corrección del muchacho; porque si lo hicieres con vara no morirá. Tú lo herirás con vara, y librarás su alma del infierno" (Prov. 23: 13, 14). "La vara y la corrección dan sabiduría... Corrige a tu hijo, y te dará descanso, y dará alegría a tu alma" (Prov. 29: 15, 17).

Ciertamente éstas son palabras íntegras y saludables de sabiduría para los padres en todas las dispensaciones, y ninguno puede despreciarlas, sino para su mal.

El amor usando la vara

Pero como alguien ha escrito muy bien: "Debe ser sentido por el niño aún mientras esté bajo el castigo, que es el amor el que aplica la vara. Los niños perciben muy pronto, y sus corazones jóvenes sienten muy agudamente, aún mientras están bajo el castigo, si es amor, cólera o pasión en el padre que aplica la vara. En el último caso el instrumento correctivo no efectuará corrección alguna. La ira provoca ira. 'Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, para que no se desalienten'. En tal caso, cada golpe de la vara alejará más y más al precioso objeto del castigo paternal y alejará su pobre corazón del padre en vez de acercarlo a él más a ti...’

"Cuán importante, por tanto que un padre, antes de aplicar la vara de corrección, mire arriba con un espíritu humilde y contrito, y pida a Dios, Quien da a todos liberalmente y no zahiere, la sabiduría necesaria y gracia y que Su Espíritu de amor y de discreción pueda guiar la mano del padre a aplicar la amarga vara de corrección."

La falla de David

Hay una lección admonitiva para todos los padres en el breve comentario del Espíritu de Dios en cuanto a la falla de disciplinar a su hijo Adonías. En I de Reyes l: 6 se lee: "Y su padre (David) nunca lo entristeció en todos sus días con decirle: ¿Por qué haces así?" Esta falla de David en disciplinar a su hijo es anotada por Dios en relación con el envalentonamiento de Adonías contra la mente y voluntad reveladas de Dios al decir: "Seré rey," cuando se acercaba la muerte de su padre. Dios había previamente declarado Su propósito de que Salomón sucedería a David como rey. Erguirse Adonías ahora como rey fué un grave acto de rebeldía contra Jehová y su voluntad revelada.

Dios ha puesto estas dos cosas juntas. El ensalzamiento de Adonías de sí mismo y rebelarse contra el propósito de Dios, y la falla de David de disciplinar a Adonías en su niñez y juventud. ¿No significa esto que Dios quiere que nosotros veamos el resultado humillante de la parsimonia de David para con su hijo? La rebeldía de Adonías fué el resultado de la falla de David como padre.

Este hijo parece haber sido un favorito especial en el hogar - un mal para ambos: el padre y el hijo (véase también la dificultad en el hogar de Isaac por causa de esto mismo en Génesis 25: 28 y capítulo 27) - y David fue apacible y suave con él, permitiéndole hacer su propia voluntad. El nunca había disgustado a su hijo Adonías, y ahora él debe cosechar el amargo fruto de ello y estar disgustado él mismo. El hijo ciertamente disgustará al padre si el padre nunca ha disgustado al hijo. Hubo gran falla por parte de David en su celoso y amante cuidado por su hijo. Porque después de todo haber disgustado a su hijo para su bien hubiese demostrado un amor más profundo hacia él que en ser siempre bondadoso y tierno y permitirle hacer su propia voluntad. La falla que por tanto tiempo había continuado en el hogar estalla ahora y toma una forma pública. Y todo esto está archivado para nuestra instrucción y provecho.

Otra persona ha expresado muy bien el pensamiento de que si los padres no gobiernan a los hijos, éstos al cabo del tiempo, gobernarán a sus padres, porque tiene que haber gobierno en alguna parte.

"La liviandad en la disciplina", escribe alguien, "o aún el abandono de ésta por parte del padre no puede sino incubar la desobediencia en los hijos; y a la faz de tal prevaleciente lazo, todos los otros medios de corrección no son sino las más frágiles cañas para desviar la tormenta que se está formando".

"Es un hecho bien conocido, que padres, que no son sólo bondadosos con sus hijos, sino que también los educan en estricta obediencia y sumisión a la autoridad paternal, son siempre los más amados y estimados por ellos; mientras que los padres indulgentes en exceso ganan de sus hijos todo menos gratitud, respeto y afecto". Así ha escrito un competente observador.

Añadiríamos que mientras hemos dirigido estas observaciones sobre "castigo por desobediencia" a los padres, sobre quienes descansa la mayor responsabilidad en el hogar, ellas también se aplican a madres, quienes también deben trabajar en armonía con los padres y actuar en disciplina hacia sus hijos.

Madres

Mientras no atamos advertidos de exhortación alguna o precepto en las Escrituras dirigido a las madres, hay muchas menciones de ellas en la Biblia y ejemplos abundantes para la instrucción de ellas en justicia y piedad. De éstos se verá al instante, así como de la diaria observación y reflexión, que las madres ocupan una posición muy vital e influyente en el hogar, y son un gran poder formativo para bien o para mal sobre los niños criados bajo la influencia y cuidado de ellas.

La madre imparte tono moral y virtud a los hijos, mientras el padre les da status social. Esta es la significación de la corriente expresión en los libros históricos de la Biblia, relativa a los reyes de Israel y de Judá: "el nombre de su madre" fue tal y tal. La historia de ellos prueba que sus madres fueron un gran poder moral e influencia sobre ellos para bien o mal. Cuán importante entonces para las madres es el ser espirituales, buscando primero el reino de Dios y Su justicia de modo que ellas llenarán el lugar que Dios les ha deparado en el hogar para la gloria del Señor e influirán en sus pequeños para andar rectamente para el Señor.

"Críamelo"

Las palabras de la hija de Faraón dirigidas a la madre de Moisés en Éxodo 2:9 han sido citadas con frecuencia como indicativas de lo que dice Dios a cada madre cuando El le confía un niño a ella: "Lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré". Este es el encargo del Señor a la madre en cuyos brazos El ha depositado un recién nacido.

"Llévate este niño y críamelo"

Dijo la hija de Faraón

A la madre, cuyo ser

Por el niño sentía toda afición.

Así habla Dios a cada madre

Al nacer de su pequeño infante;

Lleva este niño y críamelo

Por el tiempo de su vida restante.

Lleva a este niño; a ti lo confío

Para que de ti aprenda cómo andar

Trascendiendo del mundo de tinieblas

Al refulgente y celestial hogar.

Lleva este niño, y considera, Madre

Que el cielo hermoso y puro nos espera

Donde tú has de morar eternamente

¿Y este tu niño ha de quedarse fuera?

Entonces dirígelo sabiamente

A sentir el amor del Salvador

Que la vida sombría de pecado

Se torna pura y noble por Su amor.

Lleva este niño, rica bendición

Que a tu cuidado se confía en la tierra;

Lleva este niño y críalo devota

Hasta que yo a reclamarlo venga."

¡Qué hermoso privilegio, criar un niño para el Señor! ¡Qué grande y noble obra es confiada a una madre y qué maravillosos salarios de recompensa celestial dará El por ser fiel al depósito!

Es de la mayor importancia que las madres reconozcan desde el comienzo mismo que el hijo de ellas es una dádiva del Señor a ellas, "una heredad del Señor" (Salmo 127: 3). Pertenece al Señor y solamente es confiado al cuidado de los padres. Los padres sólo son mayordomos de Dios, reteniendo los hijos para criarlos y educarlos para El. Es por causa de que las madres cristianas con tanta frecuencia olvidan de quién son los hijos de ellas que incurren en tales equivocaciones en educarlos. ¿Cómo se les puede criar conforme a los caminos del mundo, o permitírsele hacer lo que desea, si se recuerda y reconoce que ellos pertenecen a Dios?

¡Qué hermosas son las palabras de la piadosa Ana: "Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que pedí. Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová (I Sam. 1:27, 28). Ella rogó que el Señor le diera un hijo y recibió uno de El y ahora ella lo da de nuevo al Señor para Su servicio. ¡Qué ejemplo para toda madre!

La obra divinamente asignada a la madre

En el estado normal de cosas, la mayor parte de la vida y los primeros años del niño de tiernas sensibilidades se pasan en la compañía de la madre, ya que la obra del padre como el ganador del pan para la familia le lleva lejos de su hogar y su familia por muchas horas del día. Por tanto la obra de educar los niños y su crecimiento piadoso depende mayormente de la madre, aunque el padre sea responsable por la casa, como ya hemos visto. Esta es la obra divinamente asignada a ella y ella debe dedicarse a sí misma enteramente a esta solemne y sagrada misión. Si la cocina, la preparación de la ropa, la crianza y otra obra, todos reclaman la atención y el tiempo de la madre, tenga la crianza el primer lugar. Cualquiera otra cosa que falte, nada os induzca a descuidar aquellas preciosas almas inmortales que Dios mismo muy manifiestamente ha puesto bajo vuestro cuidado pan educarlos para El.

Es una fatal equivocación para una madre abandonar o descuidar la obra divinamente asignádole o delegarla en las manos de otros mientras se dedica a lo que ella llama servicio o al placer, como es la costumbre en estos días amantes del placer. La esfera de trabajo de la madre es en el hogar con su familia. Los fundamentos del carácter se establece en la crianza y la mano de la madre es el instrumento que Dios se deleita en usar para echar esos fundamentos. Otros pueden ser alquilados para hacer otras tareas, pero nadie más puede tomar el lugar de ella con los niños. Dios le ha dado esta obra a ella y no a otros. Hablamos del curso normal de las cosas; circunstancias anormales, desde luego, como la muerte del padre, y el sostén de la familia, cambian las cosas.

Mi obra en el hogar es el cultivo

De olivos que sembraste para el cielo;

Cultivar humildemente es mi anhelo

Estos olivos para tus jardines.

Puede ser que no busque en los confines

De bosques y montañas tu oveja perdida,

Pero apaciento en dedicada vida

Corderitos que son como jazmines.

A cada sierva diste tú su obra por vida

Sin toque de trompetas y clarines,

Como con gloria fue hecha la mía;

Sólo baste decir al terminarla con gracia que subsiste

Que te devuelvo sin empañadura las joyas que me diste.

La educación y enseñanza que los niños reciben de sus madres en sus años mozos influyen mucho sobre todas sus vidas. Educación cristiana propia es vital y dejará su huella sobre los niños para bien o para mal por toda su vida y deja una impresión en sus corazones y mentes jóvenes, plásticos y receptivos, la cual no puede ser borrada por los peores pecados de la vida posterior. La palabra de Dios declara: "Instruye al niño en su camino, y aún cuando fuere viejo no se apartará de él" (Prov. 22: 6). ¿Quién puede dudar que la grande y grave decisión que Moisés hizo cuando creció en años, de rechazar ser el llamado hijo de la hija de Faraón, y elegir antes identificarse con el pueblo de Dios y sufrir aflicciones con ellos, se debió, humanamente hablando, a la piadosa enseñanza e instrucción en las verdades y promesas de Dios que él recibió de su madre mientras ella lo criaba para la hija de Faraón? En Proverbios 31 vemos que la profecía que la madre del Rey Lemuel le enseñó permaneció con él, y fue más tarde escrita por él con la pluma inspirada en la Sagrada Escritura.

Antes de continuar con el tema, sería bueno decir que es imperativo que el padre y la madre sean uno en propósito, ideales y acción en la educación de sus hijos. Esto es de lo más necesario. Nada puede ser más desastroso que una madre tratando con un hijo en modo opuesto a como el padre ha bregado en el caso, o viceversa. Cualquier desavenencia en principios o acción debe ser discutida por los padres entre ellos mismos solos en la presencia del Señor, y nunca en la presencia de los hijos. Delante de los hijos debe haber acción unida, cada uno sosteniendo la disciplina decretada por el otro.

Lo que "Educar" significa

"Educar" no significa meramente enseñar o instruir. Significa "conducir a un curso particular o llevar a lo largo de cierto paso". Continua vigilancia, constante atención y persistente cuidado se requieren para producir el efecto y objeto deseados. Esto es lo que educar significa.

Un niño puede tener su mente atestada de sentimiento religioso, su memoria atiborrada de textos escriturarios e himnos, y a pesar de ello su corazón no estar del todo interesado o influenciado por esta instrucción mental. Importante como es esta instrucción, es la mera información de la cabeza. El corazón debe ser alcanzado y educado así como la cabeza informada. Aún más: Las madres con frecuencia enseñan a sus hijos lo que ellas mismas no practican, o no se toman el tiempo y el trabajo de que sus hijos lo practiquen tampoco. De aquí que los corazones de los niños no son conducidos por el camino de la enseñanza de ellas, y pronto ven por medio de huecas teorías y aprenden a perder el respeto a sus padres y a las enseñanzas religiosas de éstos.

Como hemos visto, "educar" significa conducir o llevar a lo largo de cierto curso, así las madres deben conducir y llevar a sus hijos por el camino del Señor por el ejemplo piadoso de ellas y sus vidas cristianas consistentes. De este modo los corazones de los niños serán tocados y educados así como sus mentes. Madres, si queréis educar a vuestros hijos, debéis practicar lo que les enseñéis y debéis mostrarles cómo practicarlo también. A todo costo de trabajo y cuidado, debe verse que ellos hacen según los enseñáis.

No basta hablar solamente; las palabras no le ponen freno a las tendencias de la naturaleza ni impiden sus veleidades. Como el vinicultor, podando la viña, debéis podar, enderezar, dirigir y conducir el joven vid de la vida si queréis educarlo para Dios y la justicia. Muchas madres enseñan a sus hijos lo recto en teoría, pero la negligencia de ellas y su indiferencia hace que ellos crezcan de modo opuesto. Puede significar un cúmulo de dificultad educar propiamente a los niños. El trabajo puede ser abandonado de momento y la corrección necesaria y educación ser suministrada cuando sea necesario. Pero si no se toma el trabajo cuando ellos son pequeños, causarán mucho más trabajo cuando sean mayores. Muchas madres insensatas, para ahorrarse trabajo a sí mismas han dejado a sus hijos en libertad, olvidando que Dios ha dicho: "El muchacho dejado al gobierno de sí mismo avergonzará a su madre" (Prov. 29: 15 - V.M.)

Nos gustaría llamar la atención hacia la hermosa actitud de Manoa y su esposa en Jueces 13. Cuando les fue dicho por el ángel de Jehová que ellos tendrían un hijo, Manoa invocó a Jehová y dijo: "Ah, Señor mío, yo te ruego que aquel varón que enviaste, tome ahora a venir a nosotros, y nos enseñe lo que hayamos de hacer con el niño que ha de nacer... qué orden se tendrá con el niño" (Jueces 13: 8, 12). Esto fue realmente refinado y hermoso. Debe ser la actitud de alma y la más ferviente petición de toda madre y padre. Necesitamos con frecuencia volvemos al Señor y pedir "¿Qué orden se tendrá con el niño y qué se hará?"

Enseñando a obedecer

Como Dios ha dicho: "obedecer es mejor que sacrificio y el prestar atención que el cebo de los cameros" (I Sam. 15: 22), el primero y más importante punto en la educación de los niños es enseñarles la bienaventuranza de la obediencia. Ellos deben aprender obediencia a la autoridad propiamente constituida, lo cual es el fundamento de toda excelencia moral, no solamente en la niñez, sino también a través de la vida. Si un niño nunca aprende a ser obediente en el hogar a la autoridad de sus padres concedida por Dios, será desobediente a las autoridades del Gobierno.

Obediencia a Dios es la esencia misma de una vida cristiana feliz y si deseamos que nuestros hijos sean convertidos y cristianos obedientes debemos enseñarles obediencia en el hogar desde el comienzo mismo. Un niño que nunca ha aprendido obediencia a sus padres escasamente será un cristiano obediente aun cuando sea convertido. Obediencia a la autoridad paternal es esencial a la sujeción a la autoridad de Dios. La autoridad paternal debe ser suprema para el niño, la voluntad paternal ocupa el lugar de Dios en relación con el niño.

Es la auto voluntad, la tendencia congénita de cada hijo de Adán que es la esencia misma del pecado y esta voluntad necesita someterse a Dios. Sobre los padres, especialmente sobre las madres, Dios ha colocado la tarea de comenzar la obra en la niñez — obediencia implícita e indiscutible a sus padres y a todas las autoridades. Estamos en los postreros días, descritos en 2 Timoteo 3, cuando la desobediencia a los padres y las varias formas de auto-voluntad y rebelión están rampantes por todas partes, por tanto se hace más necesario que los padres eduquen a sus hijos en obediencia.

Forzando la obediencia

Para obtener la obediencia los padres deben sostener su palabra y poner en vigor sus advertencias de castigo por la desobediencia. Los niños son observadores sutiles y ellos pronto saben si lo que decimos lo decimos con intención o no, y si castigaremos la desobediencia y recompensaremos la obediencia. La obediencia a los deseos de los padres y a sus mandamientos en algo en que se debe insistir y debe exigirse aún a costo de castigo si fuere necesario. Si haces esto los niños pronto aprenderán que las palabras de sus padres serán llevadas a efecto y que ellos deben obedecer. Entonces obedecerán de momento a los deseos de sus padres.

Por otra parte, hemos visto con frecuencia hijos que no prestaron atención alguna a los mandamientos de sus padres, porque ellos meramente siguieron con sus súplicas y amenazas y no exigieron obediencia a sus mandamientos ni llevaron a efecto sus palabras. De consiguiente los niños hacen como quieren y siguen en desobediencia, ¿y quién es culpable sino los padres? Las madres especialmente tienen la culpa en este respecto, aunque los padres son a veces culpables también.

Seguramente que hay una palabra de advertencia para los padres y las madres en las palabra de Jehová acerca de Eli el sacerdote al respecto. En I Samuel 3: 13 Dios dijo acerca de Elí: "Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos san blasfemado a Dios, y el no los ha estorbado." Sabemos del capítulo 2:22.25 que Elí reprobó a sus hijos por su maldad, pero la acusación que Dios hizo contra él fue que él no los estorbó. Esto muestra lo que Dios espera de los padres; no lo olvidemos.

Comenzad temprano

"El secreto de una educación exitosa y obtener obediencia es comenzar temprano", escribe una madre experimentada, "no se debe permitir a Satanás llevarnos ventaja al comienzo mimando la voluntad del pequeño infante... aquí es donde multitud de madres yerran el marco - empiezan muy tarde. La mayoría de los niños son arruinados para la formación de su carácter antes de llegar a la edad de cinco años por la insensata indulgencia de sus madres". A los infantes se les puede hablar y pueden ser manejados de un modo consistente con el amor y la ternura, el cual enseña que aunque la madre ama y acaricia debe ser obedecida.

Una mano firme y una voz firme harán al infante reconocer muy pronto que debe quedarse quieto y dormirse cuando no quiere tomar la acostumbrada siesta. Si persiste en resistir, mamá debe perseverar y conquistar la pequeña voluntad, porque si el niño logra seguir su camino el conflicto será más difícil la próxima vez y se irá haciendo más y más difícil. Si mamá vence el conflicto será crecientemente más fácil y la obediencia será aprendida temprano por el niño. Pero aquí es donde la mayoría de las madres flaquean; desisten porque no desean sufrir el dolor de una lucha, olvidando que la derrota de ahora sólo significa batallas sin fin en el futuro y multiplicado dolor y pena.

La misma madre antes citada, escribe que ella conquistó a sus hijos voluntariosos cuando ellos tenían seis y diez meses de edad y apenas tuvo que contender con oposición directa alguna de parte de ellos en adelante. Con un hijo quien llegó a ser un predicador del Evangelio, ella peleó una sola batalla decisiva, y esto fue cuando él tenía diez meses de edad. El nunca puso su voluntad en directa oposición a la de ella en todos los años que sucedieron a aquella penosa lucha. Seguramente ese bendito resultado compensó con creces aquella lucha. ¡Qué verdadera y saludable lección para todas las madres!

Veracidad y rectitud

Otra cosa importante en educar a un niño en el camino que debe seguir es enseñarle en la práctica de la verdad y la integridad. Habiendo nacido en pecado, todo ser humano tiene una naturaleza mala "hablando mentira desde su nacimiento" (Salmo 58: 3) e indudablemente uno de los pecados más comunes de la humanidad es la falta de veracidad. Destruir esta tendencia y formar el alma en el hábito de la verdad debe ser uno de los primeros objetivos de enseñar bien al niño. "Jehová aborrece la lengua mentirosa. Los labios mentirosos son abominación a Jehová" (Prov. 6: 16, 17; 12: 22). Por tanto a los niños debe enseñárseles desde temprano cuán abominables son las mentiras a Dios. Para desarrollar veracidad y rectitud, los padres deben cuidarse de minimizar y excusar la tendencia a la falsedad en sus niños. Algunos padres efectivamente se sonríen y admiran sus trucos engañosos al ocultar alguna de sus pueriles maldades. No es de extrañarse que tales niños crezcan sin horror alguno a la falsedad o sin conciencia alguna sobre el decir mentiras, lo cual es una de las salvaguardas de la virtud en la posteridad de la vida. Ningún padre tendrá éxito en formar en su hijo mayor aborrecimiento hacia cualquier pecado que el que el mismo sienta. Los niños, los más rápidos de todos los analistas, instintiva e inmediatamente percibirán todas las afectaciones de bondad. Ellos no juzgan tanto por lo que decimos como por lo que sentimos. Nunca disimuléis cualquier falsedad o engaño de vuestro hijo.

Que las madres se cuiden de hablar contra ninguna persona delante de sus hijos y entonces actuar amablemente delante de esa persona. ¿Qué más efectiva lección se podría dar a un hijo en engaño o hacer a dos caras por su madre, o quizás el padre? Y si los padres cuentan a sus hijos las acostumbradas falsedades acerca del imaginario "Santa Claus" y de espectros y espantajos, etc., ¿cómo puede esperarse que los niños digan la verdad?

Nunca digamos una cosa incierta a nuestros niños si queremos educarlos para Dios, "Quien no puede mentir" y "Quien desea la verdad en lo íntimo" (Tito l: 2; Salmo 51: 6). Antes contestad a sus averiguaciones con poco o nada si sentís que no podéis decirles la verdad en toda propiedad. Practicad la veracidad con vuestros hijos si queréis que sean veraces. No les hagáis promesas, tampoco, y entonces fallar en cumplirlas. Esto es falta de veracidad. Ni los instéis a tomar medicinas amargas diciéndoles que es algo bueno y sabroso. Por tales medios enseñáis a vuestros hijos del modo contrario a lo que deseáis que ellos sean, y más tarde trabajaréis en vano para hacerles veraces y sinceros, pues habéis dañado el terreno.

La educación

Y ciertamente no puede conducir a la veracidad en los niños llenar sus mentes con toda clase de cuentos de hadas y ficciones. Tales libros deben alejarse de ellos tanto como sea posible. Antes educarlos en lo que sea real y vivo. No hay mejor libro de cuentos que la Biblia, con sus historias verdaderas, interesantes e instructivas, las cuales los niños aman siempre. Enseñadles también acerca de la maravillosa creación de Dios; interesadlos en todos los animales y cosas que Dios ha hecho. De este modo ellos cultivarán un amor de la naturaleza y tendrán sus corazones atraídos a adorar a Dios temprano, como su sabio y poderoso creador. Entonces junto con esto debe enseñárseles la verdad superior de Cristo el Redentor y la necesidad que ellos tienen de El como su Salvador.

"Instruye al niño con todo anhelo

A los siete, para llegar al cielo.

La verdad arraigará con más ahínco

Si le enseñas al llegar a los cinco.

Aprenderá para no olvidar después

Si con ruegos lo enseñas antes de los tres."

El centro de atracción

Antes de terminar el tema de la enseñanza de los niños, sería bueno llamar la atención hacia el error de permitir a los niños demasiada importancia en la presencia de otros, permitiéndoles ser el centro de atracción y llamando la atención hacia su perspicacia y agudeza. De este modo pronto aprenden que se les está dando importancia y desearán ser ensalzados. En vez de ser modestos y humildes, serán arrogantes y orgullosos y actuarán descomedidamente. El anticuado modo de quietud por parte de los niños, en medio de los adultos y cuando hay invitados presentes, es muy saludable. Las cualidades cristianas de mansedumbre, modestia y quietud deben ser desarrolladas en el niño en vez de la arrogancia, el orgullo y la petulancia. Que el Señor dé mucha gracia y sabiduría a las madres para educar a los niños para El y para Su gloria.

Siervos y Señores

Habiendo considerado las relaciones de esposo y esposa y de padre y madre e hijos en el hogar cristiano, resta mirar a la de siervos y señores, pero como no se halla en todo hogar, sólo la consideraremos brevemente. Es, sin embargo, no una relación de menor importancia, sino una que debe mantenerse para la gloría de Dios, consistentemente con todo lo que el hogar cristiano representa.

Siervos

"Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero temiendo a Dios. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como pan el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís" (Col. 3: 22.24). Aquí el siervo es dirigido al Señor como Aquel a Quien su servicio ha de ser rendido, Quien también recompensará todo servicio fiel. Así que lo que puede quizás parecer una tarea nimia y humilde sea elevada de su nivel común a la eminencia de servir al Señor Jesucristo.

Sus ojos dirigidos de este modo al Señor, el siervo ha de recordar también, y más que todo, que el Señor Jesucristo es su modelo y dechado en su obra como un siervo. El mismo ha venido a ser el Siervo perfecto, Quien se anonadó a sí mismo "tomando la forma de un siervo" (Fil. 2: 7), viniendo "no para ser servido, sino para servir, y dar Su vida en rescate por muchos" (Marcos 10: 45). El siervo cristiano debe entonces aprender diariamente de El en su empleo diario para la gloria de Dios.

El Evangelio de Marcos enmarca, de un modo especial, al Señor Jesucristo como un Siervo, y el estudio de ese Evangelio debe ser de mucho interés y provecho para todo siervo cristiano, lo cual, en su amplio sentido debemos ser todos para nuestro Señor y Maestro.

"Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos, que agraden en todo, que no sean respondones, no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador" (Tito 2: 9, 10).

Obediencia, sujeción y fidelidad son los requisitos de un buen siervo, a los cuales el apóstol exhorta aquí. Estos fueron hallados a perfección en Cristo, el Siervo perfecto. El siervo cristiano ha de embellecer, por su conducta y servicio, la doctrina de Dios la cual él profesa. Por medio de una vida fiel y un servicio diligente, él dará expresión práctica y visible a la doctrina o enseñanzas de su Salvador. Esto es más fácilmente entendido y habla más alto que la más grande enseñanza. Así un siervo fiel puede dar testimonio tan efectivamente por su Salvador, en su humilde esfera, como el predicador más elocuente. "Todos los que están bajo el yugo de esclavitud, tengan a sus amos por dignos de todo honor, para que no sea blasfemado el nombre de Dio; y la doctrina. Y los que tienen amos creyentes, no los tengan en menos por ser hermanos, sino sírvanles mejor, por cuanto son creyentes y amados los que se benefician de su buen servicio". (I Tim. 6: 1, 2.)

Los siervos que tienen amos incrédulos, han de honrarlos y no sentirse superiores a ellos de modo que el Nombre de Dios y la doctrina no sean blasfemados por sus amos inconversos. Mientras que aquellos que tienen amos creyentes no deben adoptar un aire familiar de igualdad con ellos y honrarles menos. Antes bien a ellos debéis servir con sujeción y honrarles mucho más como fieles y amados hermanos. Nuestra posición en la iglesia de Dios no ha de ser confundida con nuestras posiciones en el mundo y nuestras condiciones de vida. En la iglesia de Dios todos son hermanos, miembros los unos de los otros, mientras que en el mundo hay distintas situaciones de vida que deben guardarse con toda propiedad.

Amos

"Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un amo en los cielos" (Col. 4: 1). El amo y ama cristianos deben tener siempre en mente que ellos tienen un Amo en el cielo ante Quien ellos son responsables por su servicio como amos y que ellos deben de actuar hacia sus siervos como su Amo celestial actúa hacia ellos. El sentido de Su señorío debe estar siempre delante de la conciencia, el corazón reconociendo diariamente Su bondad y gracia y benignidad. Nuestro Amo celestial no es duro y austero y el amo cristiano no debe caracterizarse por esos rasgos. El debe reflejar el carácter de su Amo celestial, Quien es luz y amor, y tratar con sus siervos en justicia y bondad, dándoles lo que es justo y ecuánime. La luz del cielo estará en su hogar y será un candelero que "alumbrará a los que están en casa" (Mat. 5: 15).

En Efesios 6: 9 los amos son exhortados a dejar las amenazas. Mientras a esto se le hacía énfasis especial en los días de la esclavitud también contiene una palabra para los patronos en los días de la libertad en que vivimos. Amenazas o lenguaje áspero mal cuadra a un hijo de un Amo benigno, amante, justo, celestial. Si el ojo del amo terrenal está siempre mirando hacia arriba, al ojo de su Amo en el cielo, la voz de bondad y justicia será siempre oída por sus siervos.

¡Qué bello cuadro es ofrecido en Ruth 2: 4 de la feliz relación existente entre el amo, Booz, y sus siervos los segadores. Cuando viene sobre su campo, él saluda a sus siervos con las palabras: "Jehová sea con vosotros", y ellos responden: "Jehová te bendiga". Booz es un bello tipo de Cristo, nuestro Pariente Redentor y Señor (o Amo). La pequeña epístola de Filemón es también altamente instructiva a los amos, mostrándoles cómo el espíritu de Cristo debe gobernar su conducta hacia aquellos que eran aún siervos inútiles.

Los amos no solo deben pensar en cuánta producción deben recibir de sus siervos, sino procurar el amor de sus corazones. A un amo cristiano le fue preguntado una vez cuántos corazones el empleaba. Que se piensa muy poco en esto se evidencia por la rareza de la frase y por la otra frase común, "empleando tantas y tantas manos".

R K Campbell

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