Esposo Y Esposa

Por R K Campbell


Las relaciones de nuestro círculo doméstico deben expresar y revelar nuestras relaciones celestiales. Pero esto sólo será a medi­da que entremos en un mayor reconocimiento de ellas en el poder del Espíritu no contristado. Por eso a través de las epístolas del Apóstol Pablo, el Espíritu Santo pone primero delante de noso­tros la verdad completa de nuestras relaciones, bendiciones y posición celestiales. Entonces, como fluyendo de éstas, nuestras relaciones terrenales son presentadas y nuestra responsabilidad y deberes relativos son plenamente tratados.

Disfrutando nuestras relaciones celestiales

En la misma manera en que estamos gozándonos en las ben­diciones de nuestras relaciones celestiales allá arriba, y tenemos a Cristo la Cabeza, así llenaremos nuestro lugar en nuestras respectivas relaciones aquí abajo. Aquellos que no disfrutan estas verdades celestiales no brillarán en un hogar cristiano aquí abajo.

Si el jefe de una familia cristiana no sabe cómo comportarse como jefe de familia y como un esposo, él demuestra que no tiene laCabeza que está arriba ni disfruta del amor de Cristo por Su iglesia. Si una esposa no reconoce cómo la iglesia ha de estar sujeta a Cristo, y no disfruta la bendita relación con Cristo como parte de su Esposa, fallará en esta feliz relación con su esposo y en la sujeción a él. Esto es igualmente cierto en la relación de padres, hijos, amos y siervos.

A la luz de esto, entonces, consideremos la más importante y más íntima de las relaciones de familia, la de esposo y esposa, larelación básica del hogar, sobre la cual todas las otras rela­ciones dependen. Como se ha notado antes, ésta es la primen relación humana que Dios dio a la humanidad y es muy bien-aventurada y sagrada.

Dirigiéndonos a la maravillosa epístola a los Efesios, donde nuestra relación celestial y correspondientes relaciones terrenales están expuestas con tanta plenitud, leemos las divinas, abarcadoras instrucciones en cuanto a esta bendita relación de esposo y esposa. Después que la verdad de Cristo y Su iglesia es muy bellamente elucidada, y se dan exhortaciones prácticas en cuanto a andar dignos de nuestra vocación celestial, esta relación es tomada en elcapítulo 5:22.23, bajo el maravilloso tipo de Cristo y la Iglesia.

"Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo a cabeza de la iglesia; y El es el que da la salud al cuerpo. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las esposas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella. – Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer a sí mismo aama. Porque ninguno aborreció jamás a su propia carne, antes lasustenta y regala, como también Cristo a la iglesia. Cada uno empero de vosotros de por sí, ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer reverencie a su marido."

Cosas esenciales a la bendición matrimonial

Estos versículos no dan la suma total de los preceptos ma­trimoniales, sino aquellos que el esposo y la esposa están más prontos a olvidar y a incurrir en ellos. Las características esenciales de las relaciones de ellos entre sí son consideradas, y se insiste en ellas para el debido mantenimiento de esta unión concedida por Dios de acuerdo con Sus pensamientos y propósitos. Lo que debe caracterizar la relación de la esposa con su esposo es su sujeción a la cabeza que le ha sido dada por Dios, mientras que el amor debe distinguir el cuidado del esposo por su esposa. Estas dos cosas – el esposo amando a su esposa y la esposa reverenciando y sujetándose a su marido – son las dos columnas esenciales sobre las cuales descansan la verdadera paz y felicidad matri­moniales.

Dios, Quien conoce el corazón humano perfectamente, sabía en qué los esposos y las esposas fallarían mayormente, y qué es contrario a nuestras inclinaciones naturales. Por tanto, en sabi­duría divina, en sentencias maravillosamente concisas, El nos ha dado exactamente lo que cada cónyuge más necesita cultivar.

Esposas

Es natural para una mujer verdadera amar; el afecto está profunda y fuertemente implantado en sus entrañas, por tanto no necesita que se le ordene de un modo especial a amar a su marido. Pero ella no ha de olvidar estar sujeta a él como al Señor, y en lugar de eso gobernar. Como Eva, está sujeta a olvidar su lugar y asumir el mando y caer en pecado y desobe­diencia. - Por eso es imperativo que se le recuerde reverenciar a su marido, y consultarlo y someterse a él como su cabeza.

Sujeción al Señor

Esta sujeción de la esposa a su esposo ha de ser "como al Señor". El Señor es introducido como Aquel de Quien se deriva la autoridad desu esposo. Ella ha de reconocer al Señor detrás de su esposo como la autoridad directiva y gobernante en la vida familiar, y recordar que, "así como la cabeza de la mujer es el varón, la cabeza de todo varón es Cristo" (I Cor. 11:3).

Por eso las decisiones piadosas del esposo expresan la voluntad del Señor para ella, y a éstas ella rendirá gozosa y voluntaria obediencia. Su sujeción no ha de ser medida por el carácter del esposo. – No importa lo aflictiva de su posición, si está unida a un esposo débil, irrazonable e impío, su deber no ha de ser medida por la dignidad o sabiduría del hombre, sino por la voluntad del Señor. No importa lo que sea el hombre, él es su esposo, y ella le obedece "como al Señor". Pero esta frase también marca los límites de la sumisión de ella. Cuantas veces la obediencia a su esposo entre en conflicto con la superior autoridad del Señor y Su expresa voluntad en Su palabra, esta sumisión debe cesar. El Señor debe ser obedecido antes que el hombre, aunque esto pueda conllevar sufrimiento como consecuencia.

En este siglo veinte, la sujeción de la mujer es impopular y fuera de moda; las mujeres demandan libertad e iguales dere­chos que el hombre, con todo, la sujeción de la esposa a su esposo es el expreso mandamiento de Dios, y la esposa cristiana es exhortada a practicarlo. Sin ello no puede haber verdadera vida hogareña de gozo y bendición. Cuando el orden de Dios es quebrantado, pena y caos son el resultado, como puede verse en muchos hogares hoy en día. Esta no es una cuestión de la supe­rioridad del hombre o la inferioridad de la mujer, sino del orden y la voluntad de Dios. Una mujer que asume el liderazgo de la casa, con desprecio de su esposo, es infeliz y miserable, e indu­dablemente cosechará los frutos amargos de su propia rebelión en la insujeción de sus hijos criados en desorden.

Finalmente, la esposa ha de recordar, que en su sumisión a su esposo ella es un tipo y reflejo de la sumisión de la iglesia a Cristo, su Cabeza. ¡Cómo debe esto estimular el corazón a brillar más así para el Señor en la esfera diaria de la vida doméstica!

Esposos

Aquello que el Espíritu Santo ha registrado orno el más ne­cesario deber del esposo en mantener una feliz vida hogareña es amar a su esposa, sustentarla y regalarla, como Cristo ama, sustenta y regala a la iglesia. El maravilloso amor de Cristo por la iglesia,en sus pasadas, presentes y futuras actividades, ha de ser elmodelo de la relación del esposo con su esposa y el carácter de su afectuoso cuidado por ella.

La naturaleza del hombre no es en general tan tierna y amante como la de la mujer, y como está expuesto a la rudeza y frialdad de un mundo malo, en su empleo diario, el esposo está sujeto a ser áspero y desagradable y olvidar actuar en gracia amorosa hacia su esposa y familia. Por tanto debe ser constantemente cuidadoso de cultivar este amor afectuoso hacia su esposa, y recordar que él ha de reflejar así el amor de Cristo a la iglesia. Para esto está a disposición el poder abundante del Espíritu Santo el cual puede levantar a uno sobre las fallas y tendencias de lanaturaleza caída.

Ejerciendo autoridad en amor

Loe esposos pueden pesar y exagerar su posición y derechos como la cabeza de la familia y de la esposa, y actuar con autoridad, olvidando que el amor debe caracterizar al círculo matrimonial. Si bien es verdad que la autoridad en los asuntos del circulo del matrimonio está investida en el esposo, éste debe siempre recordar que él ha de ejercer esa autoridad en amante gracia, y dar expresión a sus juicios en términos de amor y encarecimiento como conviene a un canal de la voluntad divina. La unidad real de la vida de matrimonio se manifestará pues en una fusión de autoridad y afecto. La autoridad del esposo se demostrará enton­ces en amor, y la obediencia de la esposa será destacada por el afecto de ella y su reverencia a él. ¡Feliz es el hogar donde el amor gobierna y obedece!

El doble amor de Cristo: el modelo

El pasaje en Efesios 5 pone delante del esposo el amor de Cristo por la iglesia de un modo dual. Primero, Cristo se dio a Sí mismo por la Iglesia, y en segundo lugar, Él cuida devotamente de Su Esposa, según se manifiesta en santificarla y lim­piarla por el lavacro de la Palabra. Guiado por esta alta norma de amor sacrificado de Cristo y devoto cuidado, el esposo con­cienzudo y piadoso procurará practicar el amor de completa entrega de sí mismo a fin de asegurar el más alto bienestar de su esposa. Se preocupará en todas las cosas que les conciernen a diario, como pueda agradar a su esposa antes que a sí mismo, y manifestar un perenne cuidado por el bienestar de su esposa.

La felicidad de una que ha confiado su todo en la tierra a él, debe ser la primordial preocupación del esposo, en sumisión al Señor. Citamos aquí las exquisitas palabras de otro: "Él la ayuda primero que todo en su vida espiritual, en el ejercicio de adora­ción, y oración y servicio. Él alivia los trabajos caseros de ella, pone el hombro a las cargas de la responsabilidad de ella, la protege contra ansiedades y temores, la consuela en sus horas de pena, y ministra ayuda a su flaqueza sin decírselo. Ni olvidará él los actos de devoción de ella a él, en respuesta al amor de él, ni de alabarla por sus excelentes cualidades, como ordena la Escritura (Prov. 31:28, 29).

Desde luego, toda esposa devota reconocerá también que ella es dada a su esposo para ser "su ayuda idónea" y para trabajar por los intereses de él, como él también cuida por el bienestar de ella. Ella procurará "agradar a su marido" (I Cor. 7: 34), y ser una verdadera compañera y ayuda para él, especialmente en los intereses del Señor. El amor se deleita en servir, mientras al yo le gusta ser servido. En el amor mutuo verdadero, los derechos propios son olvidados; cada uno piensa en el otro.

Dada por compañera al hombre

Adán reconoció que Eva le fue dada no como una esclava, sierva o ayuda, sino para ser su compañera (Gén. 3: 12), como una ayuda idónea (no una ayudadora). Como se ha señalado con frecuencia, Dios no sacó a Eva del pie de Adán, para ser pisoteada por él, o para ser inferior a él. Ni la hizo de la cabeza de Adán para que estuviera por encima de él y fuera quien gobernara, sino que la hizo del costado de Adán, indicando que ella había de ser igual a él, bajo el brazo de él, para ser protegida por él y cerca de su corazón para ser amada por él.

Más aun Dios creó al hombre, "varón y hembra los creó" y Su propósito expreso fue que "señoreen" sobre toda la creación (Gén. 1:26.28). Fue la intención de Dios que Eva estuviese asociada con Adán en esta posición de señorío, y todo verdadero esposo actuará de conformidad con eso y pensará de su esposa como una con él en cualesquiera rango o posición que él dis­frute, y deseará también la presencia de ella con él siempre que sea posible. De igual manera ella será considerada digna de ad-misión a todos los consejos y secretos del corazón de él.

"Para que vuestras oraciones no sean impedidas"

En I Pedro 3: 7 los esposos son exhortados a habitar con sus esposas "conforme a ciencia, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a herederas juntamente de la gracia y de la vida; para que vuestras oraciones no sean impedidas". Re­laciones felices entre esposo y esposa no son solamente necesarias para gozo y paz domésticos, sino también para efectivas oraciones conjuntas de la pareja unida, las cuales son tan esenciales pan una feliz vida matrimonial y el mantenimiento de un brillante hogar cristiano para el Señor. Cuando existen sentimientos hostiles entre esposo y esposa, el Espíritu está contristado, su vida de oración conjunta es impedida y las bendiciones del cielo son retenidas, para gran pérdida de ellos.

Al cerrar este capítulo desearíamos dar a cada esposo y esposa el siguiente lema:

"Cada uno para el otro y ambos para Dios"

Dad a Dios todo el espacio en el corazón, y cada uno el sitio que la palabra de Dios asigna, y vivid unidamente para la gloria del Señor y Sus intereses, y todo estará bien.

"Como es el arco en la cuerda.

Así es para el hombre la mujer.

Aunque ella lo dobla lo obedece:

Aunque ella lo atrae, no obstante lo sigue

Inútil es el uno sin el otro."

R K Campbell

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