El Matrimonio

La Base Del Hogar

Por  R. K. Campbell

(Traducido del Inglés)


Instituido por Dios en el Edén

Un paso más alto, el celibato

Dios provee al hombre ayuda idónea

Unidos por Dios

Un paso muy solemne

Casarse en el Señor

El conocer su voluntad

Afectos demasiado sagrados para tratarlos con fruslería

Apresuramiento indecoroso

El amor verdadero el motivo justo


Habiendo visto el lugar vital, ordenado por Dios que el hogar ocupa en el sistema social, nos fijaremos un poco en detalle en la honorable y santa institución del matrimonio, el cual Dios ha ordenado como la base misma del hogar. Nuestro propósito al escribir es especialmente ser de ayuda a los jóvenes creyentes que puedan ahora, o en el futuro, sustentar la idea de contraer matrimonio y establecer un hogar para la gloria del Señor.

Instituido por Dios en el Edén

El matrimonio es la más antigua y la más noble de las instituciones que Dios dió a la raza humana. El vínculo matrimonial fué la intención de Dios desde el comienzo de la historia del hombre. En el huerto de Edén El mismo efectuó la primera boda, y Su palabra declara que, "honroso es en todos el matrimonio" Heb. 13: 4. De consiguiente la autoridad de Dios está estampada sobre esta institución.

El varón no está completo en sí mismo. La mujer es su complemento, supliendo las deficiencias de él. Ella es fuerte allí donde él es débil, y débil donde él es fuerte, y juntos ambos forman un todo completo, una carne. Por eso está escrito "Dios creó al hombre... Varón y hembra los crió; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán" (Gén- 1, 2). - Varón y hembra fueron necesarios para completar el Adán.

Echando de ver que Adán estaba incompleto en su soledad, dijo Dios: "No es bueno que el hombre esté solo: haréle ayuda idónea para él" - (Gén. 2: 18). Eva fué pues hecha de una costilla de Adán, siendo la provisión del Creador para él. Dios entonces la trajo a Adán v los bendijo, y fueron ambos una carne.

Un paso más alto, el celibato

El pecado ha entrado, desde luego, en la hermosa creación de Dios, dañándolo todo, al extremo que aún esta bendita unión del matrimonio no es ahora toda rosada y sin espinas. "Aflicción de carne tendrán los que se casan", declara el inspirado apóstol (I Cor. 7: 28), quien había alcanzado misericordia y don especial del Señor para permanecer soltero, de modo que pudiera servir al Señor sin distracción. Andar de este modo en el Espíritu por encima de los afectos y reclamos de la naturaleza, por devoción al servicio del Señor, es un paso más alto que seguir la naturaleza y casarse.

Pero "No todos reciben esta palabra", declara nuestro Señor en Mateo 19: 11, cuando los discípulos le dijeron, "Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse"- El sendero de puro y santo, consagrado celibato es más bien la excepción que la regla para la humanidad - "Hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre; y hay eunucos, que son hechos eunucos por los hombres; y hay eunucos que se hicieron a sí mismos eunucos por causa del reino de los cielos; el que pueda ser capaz de eso, séalo" (Mateo 19: 12). "Empero cada uno tiene su propio don de Dios" y "Si tomaste mujer no pecaste --- Y el que no la da en casamiento hace mejor" (I Cor. 7:28, 30). "Bien es al hombre no tocar mujer. Mas a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su mujer, y cada una tenga su marido" (I Cor. 7: 1, 2).

Dios provee al hombre ayuda idónea

El matrimonio de Adán es la norma para todos los demás matrimonios - Dios arregló la unión de Adán y Eva, y lo hace así en cada caso de verdadero matrimonio. La sabiduría divina discierne el momento cuando la soledad del hombre no es ya conveniente para él, y Dios le provee de una esposa, la cual es el verdadero complemento de su naturaleza. Adán pudo decir de Eva, que ella fué "la mujer que me diste por compañera" (Gén. 3:12). Así debe cada hombre conceptuar a su mujer; debe pensar en ella como un don del Señor. "El que halló esposa halló el bien, y alcanzó la benevolencia de Jehová". "De Jehová es la mujer prudente" (Prov. 18:22; 19: 14). No hubo elección de esposas para Adán; sólo había una apta para él, y ésta fué preparada especialmente por Dios para él. De aquí que un antiguo proverbio dice: "Los matrimonios se hacen en el cielo." Sólo Dios puede proveer a cualquier hombre de verdadera ayuda idónea y unir a un joven y a una joven y hacer de ellos una carne en el Señor. Sólo El sabe qué carácter y temperamento puede balancear y completar el carácter y temperamento de otro, y preparar para sobrellevar el uno las flaquezas del otro. El es el único "Promotor Verdadero" si es que se le puede perdonar a uno usar tal expresión con referencia a Dios. Y - ¿podemos decirlo de paso? – toda otra "promoción" está fuera de lugar.

Unidos por Dios

La palabra en Mateo 19: 6: "Lo que Dios juntó no lo aparte el hombre", demuestra lo que el verdadero matrimonio es de acuerdo con los pensamientos de Dios. Es la obra divina de acercar dos corazones y dos vidas y tejerlas en amor, y el ser unidas por Dios mismo en un corazón y una carne por vínculos indisolubles para el hombre. Esto es ciertamente algo más alto que una mera ceremonia legal o religiosa que declara a dos personas esposo y esposa, aunque esto también es necesario para cumplir las leyes de los gobiernos.

Si el matrimonio es la voluntad de Dios para usted, es muy importante que este ponderoso asunto sea solemnemente considerado a la luz de la palabra de Dios. ¿Es la joven o el joven en quien usted piensa, ella o a quien Dios ha elegido para ser su compañera o compañero de por vida en santo matrimonio? Y ¿está usted seguro de que la persona de su elección es la única persona a quien usted podría unirse de esta manera, y de que es claramente la voluntad de Dios que tal unión se lleve a efecto?

Un paso muy solemne

Después de su conversión a Dios, no hay asunto más grave y solemne en la historia de su vida que el matrimonio, el cual es un lazo que nos une por la vida, a menos que sea disuelto por la muerte. Una equivocación aquí es una equivocación que dura toda la vida. Otras equivocaciones pueden rectificarse en cierta medida, pero una equivocación en la elección de una esposa o esposo, es una irreparable equivocación de por vida, una pérdida irreparable. ¡Pensad en la tristeza de dos vidas humanas vividas en un enorme desatino de la voluntad humana en vez de en el gozo y bendición del propósito divino de nuestro Padre celestial!

Un asunto tan profundamente importante como esto, el cual toca las cosas más secretas y sagradas en la vida y afecta todo el futuro de la vida de uno, e igualmente de otro, y el cual conducirá o a progreso o retrogradación en la vida cristiana, no es una fruslería. Este santo paso sólo debe tomarse después de profundo ejercicio delante de Dios y en la certeza de Su mente.

Casarse en el Señor

El cristiano es advertido de que "no debe juntarse en yugo desigual con los infieles" (2 Cor. 6: 14); de conformidad con esto el matrimonio de un cristiano con uno que verdaderamente no lo es, no es Dios juntándolos en absoluto. (Que Dios puede intervenir en gracia soberana y salvar al inconverso de los dos y dar bendición es otra cuestión en absoluto, que no altera la afirmación ya hecha). Casarse en el Señor (I Cor. 7: 39) es reconocer Su señorío y autoridad en este muy solemne paso (véase Lucas 6: 46); es casarse con quien el Señor ha elegido para mí. Recuérdese, entonces, que el mero hecho de que dos personas sean cristianas no es indicio de que su casamiento sea de acuerdo con Su voluntad.

El conocer su voluntad

Quizás el lector pueda estar perplejo y hacerse a sí mismo la pregunta, ¿Cómo puedo saber quién es la persona con quien el Señor desea que yo me una en matrimonio? El modo de saber la mente de Dios en este muy importante paso es el mismo que en cualquier otro asunto, ya sea pequeño o grande. Se determina por medio de la oración y depender tranquilamente en el Señor en comunión, buscando Su rostro y escudriñando Su palabra. Pero el primer paso y el más necesario para conocer el intento de Dios es no tener una voluntad nuestra sobre el asunto. Cuando nuestros deseos están inactivos, Dios puede y nos mostrará "Su buena voluntad, agradable y perfecta", la cual estamos invitados a hacer como tal (Rom. 12: 2). Entonces podrá notarse la dirección que señala Su ojo, y se escuchará Su voz comunicándonos Su sentir. Y como el siervo de Abraham en la antigüedad, quien fuera enviado a escoger una esposa para Isaac, nuestra feliz experiencia será: "Jehová guiándome en el camino" (Gén. 24: 27). "Reconócelo en todos tus caminos, y El enderezará tus veredas" (Prov. 3: 6).

"El sabe, El ama, El se apiada,

Esta verdad nada la puede oscurecer;

El da lo mejor a aquellos

Que dan la elección a El".

Afectos demasiado sagrados para tratarlos con fruslería

En estos días de moralidad decadente y de liberalismo, puede ser necesario decir que la práctica de jóvenes de ambos sexos, y también de aquellos más maduros, yendo arriba y abajo con diferente compañía cada vez que así lo desean, ciertamente no es de Dios. El afecto es una cosa muy sagrada para jugar con ella. Uno, y solamente uno, debe jamás admitirse en el círculo más íntimo del afecto humano, todos los otros deben pararse fuera a una distancia respetable. Jugar livianamente en cuestiones tan serias es auspiciar el colapso moral y el desastre. Tal es la conducta de este presente siglo malo; pero un cristiano nunca debe seguir tales principios. Es esto mismo lo que principalmente contribuye al deseo de divorciarse más tarde, porque el corazón nunca estuvo satisfecho con un solo amor.

Ni es agradable a Dios; o rectitud de corazón atraer los afectos de otra persona del sexo opuesto hasta enamorarse sin ninguna seria intención de casamiento- Los afectos divinamente implantados son muy sagrados y santos para jugarse con los mismos. Es cruelmente erróneo hacer tal cosa. Tales afectos deben ser del más noble y más sagrado carácter y ser asimismo considerados. Amistad una vez acariciada y 'abiertamente demostrada hacia una hermana en Cristo debe conducir al compromiso matrimonial y finalmente al matrimonio en el curso normal de las cosas’.

Sin embargo, si uno se ha comprometido apresuradamente, o ha empezado un acortejamiento, y entonces descubre que no está en absoluto de acuerdo con la voluntad del Señor, es mucho mejor romperlo que seguir en este camino erróneo y vivir en infelicidad y dolor el resto de los días. Uno ciertamente no desearía dar estímulo alguno a la práctica de romper los compromisos de matrimonio, pero en las circunstancias arriba vistas es la mejor cosa que se debe hacer. Cada uno debe vivir en ejercicio delante de Dios y seguro acerca de la voluntad de El antes de empezar un cortejamiento. Entonces mucha pena y dolor de corazón podrían evitarse.

Apresuramiento indecoroso

Otra práctica prevaleciente, a la cual podemos hacer alusión aquí es, la inmodesta e poco femenina costumbre de las mujeres de tomar la iniciativa en empezar un cortejamiento. Tal apresuramiento y salida del lugar ordenado de Dios para uno es ofensivo a las sensibilidades de la recta naturaleza humana y de una mente espiritual. Es muy contrario al "ornato de un espíritu manso y humilde delante de Dios, y el cual las mujeres son llamadas a cultivar (I Ped. 3: 1 – 4) - Aquellas que actúan con tal prisa y apresuramiento para "conseguir un marido" son las perdedoras a la larga. La mujer piadosa que calladamente espera en el Señor y presenta los anhelos de su corazón a El en oración es la que obtiene las mejores y mayores bendiciones en el cortejamiento y matrimonio, así como en todo lo demás.

El amor verdadero el motivo justo

Aquello que une dos corazones en el vínculo matrimonial, debe ser verdadero, profundo amor y divinamente implantado afecto el uno por el otro. - Esto, unido al conocimiento de la voluntad de Dios en la materia, debe ser el solo motivo para el matrimonio. Riqueza, posición, ventajas mundanales y belleza de rostro, son con frecuencia el real, oculto incentivo para muchos cortejamientos y casamientos. Pero muchos de éstos no pueden producir el amor real, el gozo y la paz matrimoniales, y la verdadera felicidad. - El amor es el "vínculo de la perfección"; es el lazo que nunca falla (Col. 3: 14; I Cor. 13: 8). Es el verdadero amor el cual halla su fuente en Dios y el cual es renovado en los pastos de la palabra de Dios y en las quietas aguas de Su presencia, y resistirá la presión y los embates de las ondas y las olas que se levantan sobre el mar matrimonial de la vida con todos sus problemas y pruebas.

Finalmente el objeto último de cada pareja de amantes debe ser establecer un hogar, la institución divinamente designada para el hombre y la nación, y para vivir en él para la gloria de Dios. ¿Qué es más bienaventurado que constituir un nuevo hogar bajo la dirección del Señor, y para Sí mismo, donde El es invitado y, aún constreñido a morar con nosotros? Es de seguro, corno ya hemos dicho, "como los días del cielo sobre la tierra". Que sea tal nuestra porción.

R K Campbell

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