NO SEA QUE NOS DESLICEMOS

Hebreos 2:1

Philippe Laügt

 

Alejarse

Apartarse es un peligro que amenaza al cristiano a lo largo de su carrera aquí abajo. Es fácil apartarse de manera insidiosa. Esta expresión puede traducirse también por: «deslizar lejos» o «ir a la deriva», como una embarcación que, aunque con la vista en el puerto, es arrastrada por la corriente, y lista a tener un naufragio. ¡Trágicamente, el que se aparta es el último en percibirlo! De ahí estas palabras del apóstol: « Dios, nos ha hablado por el Hijo, a el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia… es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos » (Hebreos 1:2-3; 2:1).Para quedarnos en Su camino, sin desviarnos ni a la derecha ni a la izquierda, es necesario que nuestro corazón quede unido en el temor de Su nombre ( Deut. 5:32-33 ; Salmo 86:11).

El apóstol les escribe a los hebreos que habían salido del Judaísmo, que el comportamiento de muchos de ellos hace temer que lleven solamente el uniforme (pelaje) de Cristo, sin haber recibido Su vida. Pero otros, son al contrario verdaderos hijos de Dios. Igualmente ellos peligran de apartarse de la verdad oída y conocida. De allí esta orden terminante: «Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos» (Hebreos 10:32). Por fidelidad al Señor, tuvieron «vituperios y tribulaciones y fueron hechos espectáculo». El apóstol añade: «Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes soportasteis con gozo» ¿Cómo podemos en forma práctica mostrar tal despego con respecto a los bienes de la tierra? Teniendo la certeza, por la fe, de poseer «una mejor y perdurable herencia en los cielos» (Hebreos 10:34). El apóstol exhorta: «No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa»   (Hebreos 10:36). Hay que perseverar, vivir de fe, apoyarse en las promesas divinas, los ojos fijos en Jesús. La recompensa es para aquel que permanece fiel hasta el fin (Apoc. 2:10).

Causas y antídotos

¿Pero cuáles son las causas habituales del relajamiento espiritual? La distracción del espíritu, la falta de firmeza en nuestras convicciones que recae sobre nuestro comportamiento y la búsqueda de nuestros gustos en la vida diaria. Examinemos un poco en detalle estos peligros.

Hay en este mundo una multitud de objetos susceptibles que retienen nuestra atención y acaparan nuestro espíritu. ¿Cuál es el antídoto? Esforzarse en permanecer ocupado con fervor de la Escritura, sondearla y alimentarse de todo lo tocante al Señor (Juan 5:39; 1ª Timoteo 4:15).

Podemos llegar a ser «tardos para oír» la Palabra de Dios, ella pierde entonces su sabor. Rápidamente se contenta con formas religiosas. Por el tiempo, estos cristianos hebreos habrían debido ser «doctores». ¡Y si necesitaban leche, cuan pequeñitos eran! (Hebreos 5:11-14). Esto no debe sorprendernos: si Cristo pierde su lugar, el primero, en nuestro corazón, nuestro espíritu es rápidamente invadido por todo tipo de cosas y nos apartamos poco a poco de la verdad, que está en Jesús. Es necesario que todos nuestros pensamientos, sean traídos cautivos a la obediencia de Cristo (1ª Corintios10:5). Si no es así podemos dejarnos llevar por razonamientos, discusiones sugeridas por Satanás, de este estilo: «¿Conque Dios os ha dicho?»( Génesis 3:3). Permanezcamos unidos a Cristo, esta Ancla segura y firme que es la única que puede impedir que nuestro espíritu se vaya a la deriva, una deriva lenta, gradual, más temible en nuestra vida que un choque violento (Hebreos 6:19).

Otra trampa, muy sutil, es dejarse llevar en la carrera desenfrenada de un mundo, que siempre está en busca de sus gustos y de sus placeres (Amos 5:4-6). Un hijo de Dios puede comprometerse insensiblemente en este camino, y la decadencia espiritual le hará ir hasta la ruina e igualmente la negación. Ni la edad, ni el “rango” ocupado en la Asamblea lo colocan al amparo de estos peligros. De ahí esta advertencia del Señor a sus discípulos, al momento de dejarlos: «Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.» (Mateo 26:41).

Hay en la Escritura varios ejemplos de creyentes que se apartaron, por diversos motivos.

Lot

Podemos pensar en aquel que la Palabra llama el «justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados» hombres de Sodoma. ¿Pero cómo lo hacia «este justo, que moraba entre ellos»?, «Afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos»,  ¿En que medida era conciente de estar bajo las consecuencias de esta mala elección? (2ª Pedro 2:7-8).

Cuando el Dios de gloria llama a Abraham a salir de su tierra y de su parentela para venir a una tierra que le mostraría, Lot lo sigue en esta gestión, que es el de la fe (Génesis 12:1, 4). Por mucho tiempo el sobrino Lot conforma su conducta a la de Abraham, la de un andar por la fe, y realiza su carácter de extranjero y errante sobre la tierra. Pero Dios prueba a su siervo por una hambruna. El mismo desciende a Egipto, seguido siempre por Lot y pierde allí su carácter de adorador y de testigo. No puede contar ya con el socorro divino y, rápidamente, por temor al hombre, actúa sin rectitud. Finalmente es reenviado por el Faraón. Pero las riquezas adquiridas en Egipto vienen a ser un medio en la mano del Enemigo: desea arruinar el testimonio dado a los incrédulos, al Cananeo y al Fereseo que vivían entonces en la Tierra de Canaán. Disputas surgen entre los pastores de los rebaños de Abraham y de Lot. Abraham le dice a Lot: «No haya ahora altercado entre nosotros dos porque somos hermanos.  Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda. » (Génesis 13:8-9). En este momento decisivo de su vida, Lot levanta la mirada, pero no es hacia el cielo. «Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto, antes que destruyese Jehová a Sodoma y a Gomorra.  Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán» ( Génesis 13:10-11). Es atraído por las perspectivas felices pero engañosas de un mundo que madura rápidamente para el juicio. La codicia de los ojos va a conducirlo, poco a poco, a un final vergonzoso. Abraham habita en cambio cerca de los robles de Mamré, que pertenecen a Hébron, en la comunión con Dios (Génesis 13:18).

Lot levanta sus tiendas «hasta Sodoma» y vive en las ciudades de la planicie (Génesis 13:12). Puede ser que piense solo permanecer allí, como más adelante sucede con Elimelec que desciende a Moab (Ruth 1:1-2, 4). ¿Puede ignorar el carácter de estos hombres «malos y pecadores contra Jehová en gran manera»? (Génesis 13:13). Había que separarse de ellos lo más pronto posible. Entonces con toda evidencia, se “ acomoda ” a eso, no sin tormentos interiores. Un cristiano, en el siglo pasado, compara nuestra conciencia con un perro fiel. Añade: “de tanto ver pasar las mismas cosas, no ladra más” (F. Neff).

El peligro es grande, si se cede a las tendencias de nuestros corazones naturales, el de acostumbrarse poco a poco a la atmósfera contaminada de este mundo. Hay que pedir con fe, en nuestras oraciones «más alejamiento de este mundo malo y más unión santa en nuestras almas». Tan pronto como Cristo no es ya el objeto exclusivo d nuestro corazón, Satanás se emplea para llenarlo «con cosas que son del mundo» (1ª Juan 2 :16), y nos vamos a la deriva.

En esta planicie del Jordán, un conflicto estalla, y Lot es hecho prisionero, porque «que moraba en Sodoma (Génesis 14:12). La noticia le llega a Abraham, el hebreo (palabra que significa: “de el otro lado, más allá” ). No le falta ni energía ni amor fraternal. Discierne el pensamiento de Dios y se pone en campaña con trescientos hombres ejercitados, nacidos en su casa. Persigue al enemigo, y libra a Lot, su hermano, con todo sus bienes (Génesis 14:14-16). Es para Lot, extraviado en las sendas del mundo, la ocasión de escoger (Colosenses 4:5). ¿Va a volver a tomar, sintiendo el llamamiento que Dios le dirige, su lugar de peregrino y adorador? Sucede que Dios da una ocasión a los suyos para volverse.

Les envía una ayuda espiritual a los que suspiran y gimen bajo las consecuencias de su alejamiento (Ezequiel 9:4; Salmo 107:14). Lot puede aun volver, como Abraham de su retorno de Egipto, «hasta el lugar donde había estado antes su tienda». No hace nada y repite sus asociaciones mundanas. En Sodoma, apreciamos sin duda la intervención y el desinterés de Abraham, tío de Lot. Los ángeles que han venido a destruir la ciudad, encuentran a Lot donde siempre está. Este reconoce que no son "hombres" como los otros. Se levanta para recibirlos y se inclina a ellos. Los induce a entrar en su casa, pero estos se muestran reticentes. El desorden terrible y moral que reina en Sodoma se manifiesta pronto. En el sincero deseo de proteger a sus huéspedes, Lot llama a estos habitantes de Sodoma, cargados de iniquidad, " mis hermanos” (Gen. 19:7). A cambio, encuentra de sólo desprecio, injurias y amenazas de parte de ellos. Lo libra solamente la intervención poderosa de los ángeles (Hebreos 1:14). Abraham (padre de una multitud: nombre que Dios le da en Génesis 17:5) no dejó de interceder pensando en Lot: «¿Destruirás también al justo con el impío? » (Génesis 18:23). El juicio va a cumplirse, pero Dios primero saca a Lot de esta ciudad. Es salvado, como a través del fuego.

Habla a sus futuros yernos, pero a ellos les parece todo una broma Toda su vida pasada ha sido una falsedad en sus actuaciones ¡ Lot mismo se tarda, es duro para sus ojos dejar todas sus pertenencias, el fruto de su trabajo, su lugar en la sociedad, y por desgracia, hasta sus relaciones! Los ángeles cogen su mano y le dicen: «Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas».   (Génesis 19:16-17). ¿Ha comprendido Lot por fin la escena de corrupción en la cual habitaba, y que Dios en su amor desea retirarlo? No, el monte no lo atrae, desea aun guardar alguna cosa de un mundo que se le ha vuelto familiar. ¿Cual es su deseo? ¡ Vivir en una ciudad, por muy pequeña que sea! Dios accede a su demanda, protegiéndose en Zoar donde, finalmente Lot tiene miedo (Génesis 19:30). En una cueva acaba miserablemente su vida, y cae como un juguete en manos de sus hijas, ya pervertidas en Sodoma. Que cuadro sorprendente Dios nos conserva, para nuestra advertencia, de la desviación confirmada de Lot y de sus consecuencias terribles, para él y para su familia.

Jonathan

La vida de Jonathan, hijo de rey Saúl, nos provee de otro ejemplo, posiblemente más doloroso, de un creyente que se aparta después de un principio prometedor de vida. La Palabra de Dios habla por primera vez de Jonathan, en el momento en el que ataca la guarnición de los Filisteos en Gabá (1ª Samuel 13:3). Los hombres de Israel apenas son tres mil, amedrentados, alrededor de Saúl. Los Filisteos se reúnen y juntan fuerzas impresionantes: «treinta mil carros, seis mil hombres de a caballo, y pueblo numeroso como la arena que está a la orilla del mar; (1ª Samuel 13:5). ¿El pueblo de lsrael va a volverse a Dios en su desamparo? No, se esconde y huye

En la miseria en que están, Dios se sirve de Jonathan, un hombre que no espera ningún socorro de la carne, porque ella es religiosa. Por la fe, se levanta, con el joven escudero : «Ven y pasemos a la guarnición de los filisteos» (1ª Samuel 14:1). A su fe, su virtud, se une también su humildad: «quizá haga algo Jehová por nosotros» (1ª Samuel 14:6). Los Filisteos, atrincherados arriba en los peñascos escarpados, se burlan de él, le desafían que vaya por ellos. Jonathan y escudero suben con sus manos y sus pies. Son un blanco ideal para los arqueros y sin embargo poco después, estos incircuncisos, embargados de espanto, caen delante de ellos (1ª Samuel 13-15).

Un poco más tarde, en el valle de Éla, Dios se sirve de un hombre según su corazón, David. También muy joven, siente profundamente el ultraje provocado por este Filisteo gigante, Goliat, enfrente de «los escuadrones del Dios viviente?» Corre hacia él en nombre de Jehová de los Ejércitos. Una sola piedra lisa, escogida en el torrente, pero dirigida por Dios, pone definitivamente a Goliat en tierra. En toda esta concurrencia estupefacta, único Jonathan es el único que muestra en seguida su admiración, un amor profundo para David. Sorprendido por el poder de la gracia que brilla en este hombre de Dios, Jonathan se despoja en su favor de todo lo que era su poder y su gloria, como hijo del rey, heredero al trono

Afirma así que David, un bello tipo de Cristo, ha adquirido todos los derechos sobre su corazón. Todo parece anunciar que desde aquel momento habrá para Jonathan una carrera brillante, una vida embellecida por su amor para David y por el amor, aun mas grande, que David le concede.

Lleno de orgullo y celos, rey Saúl muestra por contrario el odio que invade su corazón, que esta lleno de celos, con respecto a David. ¡ Comparte a Jonathan y a todos sus siervos sus intenciones asesinas! Jonathan le advierte a David. «En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia (Proverbios 17:17). Jonathan intercede ante su padre; le recuerda la gran liberación que Dios obró por medio de David para salvar al pueblo de Israel. Su actitud resuelta desvía por un instante la tormenta. Pero, pronto, Saúl busca sin éxito, golpear a David con su lanza. Este debe huir a Naiot cerca de Samuel.

¿No es el momento que tiene Jonathan para identificarse abiertamente con aquel que es odiado sin causa? Sin embargo Jonathan se queda en una situación falsa. Vive en la intimidad de Saúl, en medio de los lujos de la corte respetado de todos como el heredero del trono. Como hijo respetuoso, tiene demasiadas ilusiones con respecto a su padre. En el momento de una entrevista, le dice a David: «He aquí que mi padre ninguna cosa hará, grande ni pequeña, que no me la descubra» (1ª Samuel 20:2).

David no tiene la misma confianza. Comprende que el afecto de Jonathan hacia el, (1ª Samuel 20:4, 17) sólo aumenta el odio de Saúl. Jonathan y David convienen una estratagema. David se esconde en los campos, su lugar queda vacío en el festín de Saúl, que pregunta sobre el. El odio real estalla a plena luz, cuando Jonathan se atreve a tomar partido por David: «¿Por qué morirá? ¿Qué ha hecho?  La ira de Saúl se enciende en contra de su hijo, que procura golpearlo con su lanza y lo injuria vilmente (1ª Samuel 20:30-32).

Ya no le cabe duda. «Jonatan entendió que su padre estaba resuelto a matar a David.   (1ª Samuel 20:33). Por la mañana, encuentra a su amigo, lloran juntos, pero parece que Jonathan ya no tiene el ardor de su primer amor. Es por el lado de David que se encuentra el afecto más ferviente. Jonathan comprendió que Dios suprimiría a cada uno de los enemigos de David. El hace un pacto con el Ungido de Jehová, tocante a su casa, y David se acordará luego de esto, con respecto a Mefiboset (1ª Samuel 20:15, 40). ¿Pero por qué Jonathan entra de nuevo en la ciudad, mientras que David se va, fugitivo, sin asilo? El hijo del rey se muestra solo preparado para compartir las aflicciones de David solo de corazón. Sin embargo ya no es posible quedar neutro : es David o es Saúl. ¿Está atado Jonathan por sus afectos naturales? ¿O, posiblemente, atado a un lugar envidiable para la carne? Solo Dios conoce los secretos del corazón y los pondrá en evidencia. Jonathan no acude a la cueva de Adulam (1ª Samuel 22:1-2). Es allí, compartiendo los sufrimientos de David, y su rechazo, que se puede aprender a conocer su gracia y su belleza. Lo mismo ocurre hoy con Cristo, el verdadero David: «sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo…. Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados» (1ª Pedro 4:13-14). ¿Nos parecemos a los apóstoles que salieron «gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre»? ( Hechos 5:41).

¡ Jonathan se queda con su padre qué lo acusa sin razón de ponerle trampas y de levantar a su siervo en contra de él! ¿A perdido Jonathan todo discernimiento? Saúl, yendo siempre más lejos en la perversidad de su corazón, se atreve a matar a todos los sacerdotes que recibieron a David. Solo Abiatar huye hacia el hijo de Isaí : allí, cerca de él, está bien guardado, por Dios mismo. ¡ Jonathan aun persiste en su actitud!

¡ El último encuentro de ambos amigos es conmovedor, solemne también! David está en el desierto, «lo buscaba Saúl todos los días, pero Dios no lo entregó en sus manos.» (1ª Samuel 23:14-18). Jonathan se levanta y va hacia David en el bosque y fortalece su mano en Dios, en términos conmovedores (1ª Samuel 23:16). Él que antes decía con sencillez: «Y si yo viviere, harás conmigo misericordia de Jehová, para que no muera» (lª Samuel 20:14) declara ahora: «reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti» (1ª Samuel 23:17). Probablemente esta palabra revela una seria decadencia. El Yo ha vuelto a tomar sutilmente su lugar en el corazón de Jonathan. Es la razón profunda de muchas desviaciones. Es para Jonathan la última ocasión de salir de la red que atrapa mas y más su alma. Recuerda a Sansón que pensaba: «Esta vez saldré como las otras y me escaparé.» Pero «él no sabía que Jehová ya se había apartado de él.» Y los filisteos, enemigos temibles en medio del pueblo de Dios, lo atrapan y le revientan los ojos (Jueces 16:20-21).

La entrevista se termina, «David se quedó en Hores¹, y Jonathan se volvió a su casa» (1ª Samuel 23:13-14). Todo parece seguir en lo sucesivo su curso acostumbrado. ¡ En los sobresaltos qué acompañan los últimos días de Saúl, Jonathan continúa quedándose con su padre!

¹ Hores :, en un bosque —Biblia J. N. Darby

De muchos humildes se va a rodear David en el día de su elevación. Formarán parte de sus hombres fuertes (2ª Samuel 23:13-17). La gracia actúa, la devoción, fruto del amor por David, va a ser recompensado. De muchos humildes se va a rodear David en el día de su elevación. Formarán parte de sus hombres fuertes (2ª Samuel 23:13-17).

La gracia actúa, la devoción, fruto del amor por David, va a ser recompensado.

Para David las pruebas se suceden, más amargas las unas que las otras. Es traicionado, huye de prisa de delante de Saúl que procura rodearlo, reencuentra a Siclag quemado (1ª Samuel 23:20, 26; 1ª Samuel 30:1) ¿pero dónde está pues Jonathan, este amigo en otro tiempo tan fiel?

No oímos s hablar más de él hasta la terrible derrota de Gilboa. Había comenzado tan bien con Dios en Micma, y cae sin gloria con su padre, herido de muerte por esos Filisteos, esos enemigos constantes del Pueblo de Dios. David, embargado de dolor, compone el canto del Arca, donde exclama: «¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla! ¡Jonathan, muerto en tus alturas!  Angustia tengo por ti, hermano mío Jonathan,» (2ª Samuel 1:25-26).

¿Cuál es el secreto de esta vida tan breve, acabada tan brutalmente? Escuchemos las advertencias del Señor:«El que ama a padre o madre más que a mí» (Mateo 10:37).«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.» (Marcos 8:34). Es para nuestra instrucción que la Palabra traza estas etapas de la vida de Jonathan, muestran, por desgracia, una decadencia de sus afectos hacia David con sus consecuencias terribles. Es precioso de comenzar su carrera con el ardor del primer amor para el Señor y para nuestros hermanos. Pero a la hora de la prueba, inevitable, hay que mostrar que preferimos seguir a un Cristo rechazado y, abandonar, si es necesario, todo el resto: puede ser los afectos naturales, una "posición" en este mundo, o la búsqueda más o menos disfrazada de la satisfacción de nuestro "yo". «Hay en las cosas terrenales una tendencia a sopesar nuestros afectos con nuestros afectos por Cristo. ¡ Lo que llamamos nuestros deberes aquí abajo pueden muy fácilmente alejarnos de Dios como un pecado auténtico»! (J.N.D.). Sobre todo que somos completamente capaces de pensar en lo secreto: «¿puedo guardar bienes en este mundo una parte con Cristo? " Para ser guardados de "apartarnos", de ir a la deriva, son necesarios el amor por Cristo y el deseo profundo de mantener cueste lo que cueste la comunión con Él.

Démas

Antes de cerrar estas reflexiones, desearíamos citar a Demas. La Palabra d Dios no narra muy poco acerca de este tema, y es solamente a través de tres breves menciones del apóstol Pablo, que se puede trazar su historia. Demas es citado entre los «compañeros de obra» del apóstol, Marcos, Aristarco y Lucas en la carta escrita a Flemón. (v. 23). En este período de su vida,, con toda evidencia, es un siervo de Dios, fiel y considerado. Se encuentra en Roma durante el primer encarcelamiento del apóstol Pablo. Posteriormente, este último, escribiendo a la Asamblea en Colosas les dice: «Os saluda Lucas el médico amado» Habla de él con un afecto particular, luego añade muy brevemente: « y Demas» (4:14.) Es más bien frío, inhabitual en Pablo y hace presentir lo que va a escribir sobre el, más tarde. El apóstol no hace acepción de nadie, le gusta poner de relieve siempre lo que puede ser alabado. ¿Qué pasa entonces con Demas? En todo caso, acompaña aun al apóstol Pablo cuando, por segunda vez, este es encarcelado en la ciudad imperial. Otros compañeros están allí también, pero, uno por uno, se van para cumplir su servicio para el Señor: «Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia» Solo Lucas está con Pablo, que le escribe a Timoteo: «Procura venir pronto a verme, porque Demas me ha desamparado, amando este mundo» (2ª Timoteo 410). Abandonar, en el original, es una expresión muy fuerte. Significa: abandonar, dejar sin ayuda, sin socorro, a alguien que se encuentra en circunstancias difíciles.. Es un golpe severo para Pablo, “un anciano”. Ardiente en el servicio del Señor, que desea servirle hasta el fin. Sabe que el tiempo de su partida ha llegado, con claridad, espera su ejecución (2ª de Timoteo 4:6). Y ahora uno de sus compañeros de obra lo abandona. Nada permite afirmar que Demas se haya hecho un mundano. Puede ser que haya preferido simplemente una vida fácil, "confortable", más bien que el «participar de sufrimientos como un buen soldado de Jesús Cristo». Por desgracia, cuántos otros siervos del Señor, después de haber servido fielmente, «han amado el presente mundo», y han deseado gustar de lo que se ofrece a nuestro corazón débil, y se han apartado. La conducta de Demas es una advertencia seria.

Cada oveja del Señor, que El conoce por su nombre, tiene la seguridad de su salvación ( Juan 10:28) Pero podemos llegar al puerto deseado en estados muy diferentes. Una de estas eventualidades está descrita en Hechos 27. ¡ El barco, violentamente abatido por la tempestad, se desarticula, y aunque todos llegan finalmente sanos y salvos a tierra, no tienen nada más, excepto las tablas o los pedazos de la embarcación en los cuales se apoyan! El deseo del apóstol Pedro es que nuestra llegada sea mucho mejor, para el gozo de Aquel que nos ha comprado con tan alto precio: «Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo» (2ª Pedro 1:9-10).

¿Hermanos, cuál es el estado en vamos a llegar al puerto deseado? ¿Como estos "náufragos" que guardaron apenas a salvo la vida o como estos vencedores que retienen «firme hasta el fin su confianza del principio (Hebreos. 3:14) y reciben «la recompensa de la herencia» ¿(Colosenses 3:24)?

 

¡ El precipicio tempestuoso y traidor,

Lugar de naufragio y muerte

Se calma a la voz del Maestro:

Ya tocamos el puerto.

 

Ved ya la orilla

Brilla en las miradas del mañana,

Amigos, tengamos buen ánimo

Porque el descanso nos espera!

 

 

 

 

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