ELI, SAMUEL, ANA

Paul Fuzier

 

Elí

Elí era un hombre de edad, rico, con una larga experiencia, sacerdote y juez de Israel, teniendo autoridad y responsabilidad a la vez como jefe de su propia casa y como jefe de los sacerdotes. ¿De que manera ejerció he hizo frente a esta responsabilidad en cada uno de estos dos dominios?

Veamos su casa en primer lugar, —. Elí tenía dos hijos, Ofni y Finees, y la conducta de ellos está descrita en 1ª Samuel 2 :12 al 17 donde se dice notoriamente que eran «hijos de Belial» que «no conocían a Jehová»; el versículo 22 de este mismo capítulo señala también un grave pecado cometido por ellos. De tal manera que, tanto desde el punto de vista moral que era en lo concerniente al sacerdocio, su manera de actuar colocaba en deshonra el nombre de Jehová. Elí, «oía todo lo que sus hijos hacían con todo Israel,» y no hacía nada para amonestarlos duramente, atrayendo su atención no solamente sobre su propia culpabilidad sino también sobre el hecho de que «hacían pecar al pueblo de Jehová» (1ª Samuel 2 :23-25). Sin embargo su acción hacia ellos es esta : les reprende, pero será dicho de el—y será motivo del juicio que Jehová ejercerá sobre el y su casa : «porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado» (1ª Samuel 3:12,13). ¿Por qué este hombre, fiel en muchas cosas, ha faltado tan gravemente en la administración de su casa? Jehová se lo declarará a el por medio del varón de Dios que Él ha enviado: «has honrado a tus hijos más que a mí…» (1ª Samuel 2:29). Esto lo hacía responsable con respecto a su pecado aunque, lejos de aprobarlos, los había reprendido seriamente. El juicio, anunciado a Elí por el joven Samuel, será ejecutado como Jehová lo ha dicho (1ª Samuel 3:11 al 18; 4:10 al 22).

Esta narración, tantas veces repetida, ¿no tiene la finalidad de despertar en los padres cristianos poco atentos la responsabilidad que les incumbe ante Dios con respecto a sus hijos? Muy especialmente al padre, puesto que el tiene de parte de Dios toda la autoridad y una responsabilidad por ser jefe de la familia. ¡Dios desea guardar de toda flaqueza a aquellos que Él ha colocado en tal posición! El padre que se contenta con las reprensiones, aunque sean severas, pero que «no retiene» a sus hijos que están comprometidos en un mal camino, queda, — que lo piense,— responsable del mal cometido por ellos. «Honrar a sus hijos mas que a Dios» es dejarse influir por sentimientos que aprueba para ellos, aunque sean legítimos, en lugar de colocar ante todo la obediencia a Dios y a Su Palabra. El padre que los «honra mas que a Dios», al dejarse arrastrar por este falso sentimentalismo, no ama verdaderamente a sus hijos. Todo esto conduce a una escasa culpabilidad y al desconocimiento de los derechos de Dios y esto es solamente una falsificación del amor; en definitiva es solamente un sentimiento carnal. Las consecuencias de tales errores son generalmente muy dolorosos, Elí hizo esta dolorosa experiencia: debilidad del discernimiento espiritual, falta de energía moral y en fin, el gobierno de Dios puede ir a veces hasta la muerte del cuerpo. ¡Que solemne es todo esto!

Consideremos a Elí como jefe de los sacerdotes. Encontramos las mismas faltas, lo que no nos puede sorprender porque, ¿Cuándo aquel que no es fiel en su casa lo será en la casa de Dios? Los dos dominios están estrechamente ligados el uno del otro, mucho más de lo que parece generalmente.

¡Aquellos que se comportan según lo que se nos dice en 1ª Samuel 2 :12 al 17 eran los propios hijos de Elí! Los sentimientos que su corazón de padre aprobaba para ellos le impedían actuar como era debido, se limita a una reprimenda y tolera la persistencia de un estado de cosas muy escandalosas. —

Hoy en día, el sacerdocio es ejercido por el conjunto de creyentes, hermanos y hermanas, reunidos al nombre y entorno del Señor, como la expresión de la asamblea. La asamblea tiene responsabilidades para todo lo que concierne a la santidad que conviene a la casa de Dios y al ejercicio del «santo sacerdocio»; la autoridad le es conferida a alguno que tiene su fuente en Aquel que es su Jefe y en el cual la presencia es efectivamente realizada para que esta autoridad pueda ser ejercida como conviene, es decir en la dependencia del Señor y en el temor de Su Nombre. Si una asamblea se ampare en observaciones verbales—y con mayor razón si igualmente no lo hace—sin ejercer enseguida disciplinas apropiadas, en el caso donde hay culpabilidad, como en los hijos de Elí, y no escuchara, ella queda asociada al pecado cometido (1ª Samuel 2 :29). Puede suceder que una asamblea actúe a la manera de Elí y que se aplique para ella la palabra dicha al sacerdote en otro tiempo: «Tu honras a tus hijos mas que a mi», consideraciones puramente sentimentales pueden conducirla a rehusar ejercer toda disciplina o a faltar del poder para hacerla, cuando sin embargo discierne más o menos la necesidad: los sentimientos sufridos a este respecto por aquel que ha faltado, generalmente muy legítimos, sobrepasan el corazón de muchos ante el honor debido a Dios, el mantenimiento de Sus derechos y de Su gloria. No solamente una asamblea queda debilitada queda asociada al pecado cometido, sino aun es marcada por una flaqueza de su nivel espiritual de manera que está en un gran peligro de ir en debilidad en debilidad. En fin, Dios ejercerá pude ser en su respecto tal o cual juicio gubernamental, pudiendo ir hasta «quitar la lámpara». ¿No lo fue, en su momento, para Corintios, Efeso, Pergamo y otras aun?

 

Samuel

Samuel quien, habiendo comenzado desde su más temprana edad, ha cumplido un ministerio profético tan útil, pero mas adelante ¿no se encuentra, en circunstancias donde ha dejado hablar los sentimientos de su corazón? Muy joven, servía a Jehová delante de Elí y podía hacerse la pregunta: Las debilidades de Elí, fruto del sentimentalismo de un padre con respecto a sus hijos, ¿no han ejercido sobre él una cierta influencia donde las consecuencias han sido manifestadas mas adelante? Es probable y añade a la responsabilidad de Elí, como también de todos aquellos que obedecen a sus sentimientos mas que a la Palabra: ¡que puedan pensar mejor en el ejemplo que tienen que dar en su entorno, sobre todo en aquellos que, aun siendo jóvenes, están en los primeros pasos de la vida cristiana!

Samuel tuvo que transmitir a Elí el mensaje de Jehová anunciando el juicio que Él iba a ejercer (1ª Samuel 3:11 al 18), e igualmente ha visto el fin de un sacerdote. Luego, habiendo establecido él mismo a sus propios hijos como jueces de Israel, ve a estos últimos conducirse de tal manera que el pueblo los había rehusado y pedido un rey. (1ª Samuel 8:1 al 6). Un rey, dado por Dios en su ira y quitado en su furor (Oseas 13:11), Samuel es llamado a ungirlo, e igualmente Samuel es el que le hace saber que ha sido «rechazado» (1ª Samuel 10:1; 15, 23,26). Se puede comprender bien que los sentimientos llenan el corazón de Samuel en ese momento, ¿pero no convenía tener silencio porque Jehová había hablado? ¿Samuel ha debido estar muy triste después de haber oído a Jehová decir: «Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras.» ha debido «llorar a Saúl; porque Jehová se arrepintió de haber puesto a Saúl por rey sobre Israel»?  (1ª Samuel 15:10, 11,35). Y esto, después que el carácter de Saúl se ha manifestado en su totalidad (1ª Samuel 15:13 al 16,20,21,30). Samuel deja hablar dolorosamente sus sentimientos con respecto a un rey rechazado, rechazado porque ha sido el culpable de «haber rechazado la palabra de Jehová» (v.26) y obliga a Jehová a hacer esta pregunta: «¿Hasta cuándo has tú de llorar á Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel?...» (1ª Samuel 16:1). Retengamos esta enseñanza muy importante que aquí se nos da: el sentimentalismo conduce inevitablemente a una posición que está en desacuerdo con el pensamiento y los caminos de Dios. Por otro lado, esto nos hace retroceder en presencia de lo que Dios nos pide. Cuando en efecto Jehová pide a Samuel: «Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey.» (1ª Samuel 16:1,2) Aun mas, cuando al fin Samuel obedece, manifiesta una falta de discernimiento que demuestra su sentimentalismo. Viendo a Eliab, sobre el cual se nos dice: «seguía a Saúl» (1 ª Samuel 17:13,14), Samuel exclama: «De cierto delante de Jehová está su ungido». Que error de juicio! Es necesario que Jehová reprenda al profeta diciéndole: «No mires á su parecer, ni á lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová mira no lo que el hombre mira; pues que el hombre mira lo que está delante de sus ojos, mas Jehová mira el corazón» (1º Samuel 16:6,7). ¡Los pensamientos de Samuel eran opuestos a los pensamientos de Dios!

Elí, Samuel, dos hombres que habríamos podido pensar que encontraríamos obediencia a la voluntad de Dios.

 

Ana

Es mas bien en Ana «un vaso mas frágil» según la expresión de 1ª Pedro 3:7, que hubiéramos podido suponer que encontraríamos una conducta mas o menos dirigida por los sentimientos maternales. ¡Muy por el contrario! en vista de la hostilidad de Pennina, y con la incomprensión de Elí, ella no busca otro recurso que no sea en Dios. Es a Él que le pide «un hijo varón», no por la egoísta satisfacción de su corazón de madre pero para el servicio y para la gloria de Jehová; «yo lo dedicaré á Jehová todos los días de su vida, y no subirá navaja sobre su cabeza.» (1ª Samuel 1:11). ¡Ella— es el ejemplo que debemos imitar! los sentimientos que una madre puede tener por un hijos son legítimos, y sobre todo por un hijo deseado tan ardientemente, pero no sobrepasan lo que es debido a Dios. ¡Ah!, a Ana Jehová no le hubiera podido decir: «Tu honras a tus hijos mas que a mi».

Ella no tenía por su hijo un amor egoísta, que en el fondo busca su propia satisfacción; manifiesta amor y obediencia hacia Dios y es lo que la guía en las expresiones de su amor hacia su hijo. Es en Dios, en sus intereses y en su servicio que ella piensa en primer lugar; aunque también le cuesta a su corazón de madre, se prepara con su hijo y lo conduce delante de Elí, sacerdote en esos días (1ª Samuel 1:26 al 28) ella no ama menos a ese hijo que Dios le ha dado, sino que ella lo ama verdaderamente, colocando cada cosa en su lugar, Dios primero, su hijo después. No amando a su hijo mas que a Jehová. Ella es digna de ser llamada «discípula» (Mateo 10:37) y nos enseña como conviene actuar para evitar las trampas del sentimentalismo, colocando en primer lugar aquello que concierne a Dios y a su gloria, y los afectos que experimentamos muy legítimamente por los miembros de nuestras familias tomaran su lugar que deben tener, no pasando por alto a todo el resto. El resultado de un ministerio profético es la riqueza recompensada dada por Dios a esta madre piadosa y fiel.

¿No es sorprendente que Elí, ante el cual fue conducido y servido el hijo de esta madre notable entre todas y Samuel, quien tenía tal madre, ambos no hubieran sabido imitar el ejemplo de Ana e hicieron la prueba el uno y el otro de un lamentable sentimentalismo, el primero con respecto a su hijos, y el segundo enfrente de sus hijos, como del rey Saúl (1ª Samuel 8:1 al6; 15:35; 16:1)? Esto nos muestra que sabemos muy poco imitar los mejores ejemplos colocados delante de nosotros. ¿No es sorprendente también que Samuel haya sufrido, parece, en el plano de los sentimientos naturales, la influencia de Elí en lugar de actuar a la manera de Ana su madre? Esto nos muestra que se imita más fácilmente un mal que un buen ejemplo.

Pero hay un detalle que nos muestra que en los últimos días de su vida Elí sin duda ha juzgado el sentimentalismo que le condujo a la infidelidad. Cuando un mensajero viene a hacerle el resumen de la batalla, solamente «al mencionar el arca de Dios» Elí cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta, no fue en el momento cuando el supo de la muerte de Ofni y Finees. El Espíritu de Dios señala este detalle (1ª Samuel 4:17,18) y estamos felices de ver allí una prueba de la restauración de Elí. Las consecuencias del pecado no permanecen menos bajo el gobierno de Dios.

¡Que Dios tenga compasión de nuestra grande debilidad y nos conceda saber discernir mejor todo aquello que acaba en un sentimentalismo que, en la mayoría de las circunstancias, es un poco nuestro único guía!

¡Que Él nos guarde darle a los sentimientos aunque muy legítimos una preeminencia sobre la simple obediencia a Su Palabra y a las direcciones de su Espíritu!

¡Que podamos buscar de una manera mas habitual, en oración e intersección, el socorro por el cual tenemos totalmente la necesidad de ser guardados fieles!

P. F.

 

Traducido de “El Mensajero Evangélico” año 1969

Responsable traducción: Ruth de Vasconcelo

 

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