EL TRIUNFO DE LA GRACIA

2ª Samuel 11 al 19

 

Nada puede ser más sobrecogedor que la prueba que encontramos en la historia de David si la comparamos con nuestros pobres corazones. ¿Esta lección muy seria nos hace conocer lo que somos realmente? Aunque somos desgraciadamente lentos para aprender, debido a que no encontramos ningún escudo contra la tentación presente, ni por la experiencia que hemos hecho anteriormente de la bondad del Señor, ni por la medida de la comunión que hemos gozado con Él en tiempos pasados, ni en la abundancia de gracia que El ha podido manifestar hacia nosotros. Mas bien, ¿no muestra este ejemplo que, si no fuera por el poder guardador de su gracia que nos cuida y nos mantiene, estaríamos en peligro de ver nuestros miserables corazones cambiar la bendición - la cual pudimos gozar en el pasado - en una ocasión de complacernos a nosotros mismos, y de satisfacer nuestras propias concupiscencias?

Esto fue lo que le sucedió a David después que Dios le condujo con su mano a través de todos los peligros y de todas las pruebas de su exilio bajo el gobierno de Saúl, y luego que obtuvo la posesión indiscutible del trono al cual Dios le había llamado; - le sucedió después en un gran número de salmos celebró los caminos maravillosos de Dios a su favor, cuando vemos como el se apoyaba en su Dios, que le había aprendido a conocer; - Y cuando Dios le ha dado reposo y prosperidad por todos lados, después de todo esto, él se olvida de Dios y tiene que hacer la experiencia de lo que está escrito: «Cada uno es tentado, siendo atraído y cebado por su propia concupiscencia; Después la concupiscencia, habiendo concebido, engendra el pecado, y el pecado, siendo consumado, produce la muerte» (Santiago 1:14-15. (J.N.D.)).

No nos detendremos en las circunstancias conocidas que condujeron a la caída de David. Hay un hecho que llama nuestra atención de una manera muy particular, y que nos muestra, que el creyente no tiene ningún poder para restaurarse a si mismo, y también que ningún pecador inconverso tiene el poder para salvarse por sí mismo. Un creyente, cuando ha caído, no puede sino que aceptarse a sí mismo como un miserable esclavo del pecado. Aquel que solo puede salvar es también Aquel que solo puede restaurar.

Cuándo el ojo de David despierta la concupiscencia en el corazón, y cuando se hunde en el pecado, ¿También es movido a remordimiento? ¿Se dio cuenta en que abismo había caído? ¡Desgraciadamente no vemos nada de semejante! Al contrario, su única preocupación era encontrar el medio de garantizar su infamia, de mantener su propia reputación escondiendo su pecado. ¡Y es así que fue arrastrado cada vez mas bajo! Lloramos leyendo la historia de la caída de David, pero recordemos que fue escrita para una advertencia, para conducirnos a tener horror de nosotros mismos, a desconfiar de nuestros propios corazones; porque el Señor ha dicho: «De adentro, del corazón de los hombres salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, las mentiras..." (Marcos 7:21). ¡Y David debe hacer esta triste experiencia!

Usando de una fingida bondad, él desea hacer del mismo Urías un instrumento para esconder la injuria que él había cometido, y al mismo tiempo ocultar l deshonor que le había hecho a Dios. Leemos:

«David lo envía hacia Joab diciéndole: Envíame a Urías Heteo... Y Urías vino hacia él; y David le preguntó del estado de Joab, y del estado del pueblo, y del estado de la guerra. Y David le dijo a Urías: Desciende a tu casa, y lava tus pies. Y Urías salió de la casa del rey y se le envió un presente de parte del rey. Y Urías se acostó a la entrada de la casa el rey con todos los siervos de su señor y no descendió a su casa. E hicieron saber esto a David, diciendo "Urías no ha descendido a su casa". Y David de dijo a Urías: ¿No vienes tú de viaje? ¿Por qué no has descendido a tu casa?»

La respuesta que Urías le dio, tenía el mejor propósito de parte de Dios para tocar la conciencia de David, y revelarle al mismo tiempo la fidelidad de este valiente hombre de guerra: «Y Urías respondió a David: El arca e Israel y Judá están bajo tiendas, y mi señor Joab, y los siervos de mi señor, en el campo; ¿y había yo de entrar en mi casa para comer y beber, y a dormir con mi mujer? ¡Por vida tuya, y por vida de tu alma, que yo no haré tal cosa! Pero David veía terminar sus fines. Y retuvo a Urías aun hasta ese día y por la mañana. Y comió y bebió con él. Y lo embriagó; esperando sin duda que entonces descendería a su casa; pero el se acostó nuevamente como los días anteriores con los siervos de su señor.

¿Qué hace David? Desgraciadamente se hace parte de su pecado, y será vencido por él (comparad 2 Pedro 2:19). Sacrificará la vida de Urías antes que su reputación. La mañana siguiente, escribe una carta para Joab y se la envía por mano de su fiel Urías: «Colocad a Urías al frente, en lo mas duro de la batalla, y retiraos de él, para que sea herido y muera».

¡Que prueba encontramos aquí del endurecimiento que produce el pecado sobre la conciencia¡ ¡Y Joab es escogido como el mejor agente para ejecutar la voluntad del rey! Cuando el corazón de David fue recto, encontró que los hijos de Seruia eran muy duros con él, pero ahora, el más astuto y cruel de aquellos era precisamente el instrumento para la obra criminal que David deseaba cumplir. Y todo sucede según se lo había propuesto. La muerte ahoga la voz de aquel que, en el pensamiento de David, era el único que podía levantarse contra él. La esposa de Urías, cuando oye que su marido está muerto, hace duelo. «Y cuando el duelo hubo pasado, David envió por ella y la trajo a su casa, y llegó a ser su mujer y le dio un hijo. «Pero - agrega el escriba sagrado -, lo que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová, y envía a Natán su profeta a David. Había llegado el momento que debía ser colocado a la luz de la presencia de Dios para ver la gravedad de su culpabilidad, porque deseaba que David atravesara mejor por las aguas profundas de la humillación para volver a encontrar la comunión de su Dios, que permanecer en una prosperidad y tranquilidad aparentes, y sentir «día y noche la mano que se agravaba contra él» (Salmo 32:4).

Mas de un año había transcurrido sin el menor índice de contrición de David. Al contrario, su sueño moral era profundo, luego que Natán, enviado por Jehová, le cuenta una historia del hombre rico que había evitado tomar para su comida de sus animales su honor, lejos de comprender esta parábola, «La ira de David se encendió fuerte contra el hombre; y le dice a Natan «¡Viva Jehová que el hombre que ha hecho esto es digno de muerte¡» gordos, pero había tomado la oveja del hombre pobre para preparar una cena en Fue necesario que el profeta le dijese: «¡Tú eres ese hombre!» Y entonces en ese momento David le dice a Natán: «He pecado contra Jehová ».

Esta confesión fue seguida inmediatamente por la respuesta: «También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás» Es así que Jehová en la plenitud de su gracia, viene al encuentro del primer movimiento que hace hacia Él el corazón extraviado. Dios sabía bien que ese corazón, abandonado a sí mismo, nunca habría vuelto hacia Él. Era el Pastor que había buscado a la oveja y no la oveja que había buscado al Pastor. ¡Y ahora que la oveja extraviada es encontrada, como se goza el corazón del Pastor y se derrama dándole consuelo seguro: «Jehová ha remitido tu pecado» ¡No Morirás!

Detengámonos pues aquí para considerar los caminos de Dios con respecto a la restauración de su siervo caído. Será preciso que David aprenda, bajo el gobierno de Dios, como es odioso pecar contra Él. Los castigos viniendo de la mano de Dios caerán sobre él, serán amargos y se prolongarán durante largo tiempo. Pero, antes de que una sola copa sea quebrada, David recibe la certidumbre de un perdón pleno con la seguridad que el no morirá; y su alma es conducida a la felicidad de un perfecto reposo. Sin embargo, como había dado ocasión a los enemigos de Jehová para blasfemarle, fue necesario que Jehová hiciera manifiesto que El no perdona el pecado y no afirma sus ojos sobre la iniquidad: la gracia lo entrega a la muerte, pero Natán debe decirle:

«el hijo que te ha nacido morirá ciertamente... Y Jehová castiga al hijo que le había dado la mujer de Urías».

Además, Natán le dice a David:

«Y ahora, nunca la espada se alejara de tu casa, porque me has menospreciado, y has tomado a la mujer de Urías Heteo, para que fuese tu mujer. Así dice Jehová: he aquí, te suscitaré de tu propia casa un mal contra ti; tomaré a tus mujeres delante de tus ojos, y las daré a tu compañero... porque lo que has hecho tu en secreto, Yo lo haré delante todo Israel y delante el sol» (cap. 12:10 -12).

Todo esto fue necesario e igualmente indispensable, aunque David había recibido la seguridad que Jehová había remitido su pecado y que no moriría.

¿Y no son así los caminos de Dios para nosotros, aun ahora, muy amados? Él puede tener mas de una cosa que arreglar con todo detalle en nosotros; Él puede tener que desaprobar nuestros planes a la vista de todos, con el fin de que su nombre no sea deshonrado; pero ¿no comienza primero por fortalecernos y nos asegura el perdón gratuito? Y si es necesario nos cierne, e igualmente nos castiga, El no lo hace con ira, sino en amor, porque Él es por nosotros, y no contra nosotros. Si, Él es así; y el corazón así fortificado, se vuelve capaz para juzgar sus propios planes en comunión con Dios, cuando Él nos ha dado la seguridad que no está contra nuestras personas, sino que es contra nuestros malos caminos que Él ejerce su disciplina. Escuchemos pues la exhortación que nos dirige como a sus hijos: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor y no tengas miedo cuando eres corregido por Él, porque el Señor al que ama disciplina, y castiga a todos los que trata como hijos (Hebreos 12:5). No es algo ligero estar bajo el castigo de Dios: El no es como aquellos padres indulgentes y débiles que evitan la vara en sus hijos. Es verdad que: «no es voluntariamente que Él aflige a los hijos de los hombres», Y el no gobierna ni un solo vaso que no sea necesario; por otro lado, somos «afligidos...por diversas pruebas sí es necesario» (1ª Pedro 1:6, Lamentaciones 3:33).

Pensemos todo lo que David debió recorrer bajo el gobierno de Dios. Lo que dijo del hombre rico que había tomado la oveja del hombre pobre: «Viva Jehová, que el hombre que hizo esto es digno de muerte!, y tendrá que devolverla cuadruplicado porque el que hace esto, no es digno de misericordia». David conocía bien la ley « Si un hombre roba...un cordero..., él restituirá cuatro corderos por un cordero» (Éxodo 22:1), sabía hacer la aplicación para el culpable. ¡Cómo debía hablar a su conciencia y recordarle su propio pecado cada circunstancia que atravesaba!. Primero, la muerte de su hijo enfermo, a pesar del ayuno y sus ruegos acostado en tierra. Luego en el capítulo 13, la historia degradante de su hijo Amnon que provoca el odio de su hermano Absalom; odio que queda satisfecho dos años mas tarde con la muerte de Amnon! «El rumor llegó a David; se decía: Absalom a dado muerte a todos los hijos del rey, y ninguno e ellos ha quedado. Y el rey se levantó, rasgó sus vestidos, y se echó en tierra, y todos sus criados también rasgaron sus vestidos...»Pero solamente Amnon había muerto; «y el rey y todos sus siervos lloraron amargamente». Absalom debe huir hacia el rey Gesur y está allí por tres años. Cuando vuelve a Jerusalén y reside en su casa por dos años enteros sin salir de ella, sin ver la cara de su padre; después,«el vino hacia el rey, y el rey besó a Absalom».

Algunos años mas tarde este hijo ingrato, de quien David había tenido misericordia, se revela; y es preciso que David huya de Jerusalén para salvar su vida. Ahitofel, su consejero, hace alianza con su propio hijo Absalom para destruirle, y le da a este último un consejo pernicioso para acabar con su padre. Pero Jehová determina hacer nulo el consejo de Ahitofel, aunque David no vacila en hacerle sentir su corazón, y cuando está exiliado de su querida Jerusalén y de la casa de su Dios, se entera que su hijo Absalon tiene sed de su sangre, ¡y también que Israel estaba dispuesto a irse con su hijo rebelde!. David no sospechaba esto cuando estaba bajo las concupiscencias de la carne y de sus pensamientos. Si no que ellas eran las amargas consecuencias de sus caminos; si, por todas esas cosas, Dios le hacia notar la gravedad de su pecado, David, debió aprender con un sentir mas y más profundo el horror y el verdadero carácter de su pecado. Y es esto lo que nosotros vemos.

¡Qué bella es la humildad con la cual se dobla bajo la mano que le golpea! Notemos su pedido por el arca: «Y todo el país lloró en alta voz; pasó luego toda la gente el torrente de Cedrón; asimismo paso el rey, y todo el pueblo pasó al camino que va al desierto. Y he aquí también iba Sadoc, y con el todos los levitas que llevaban el arca del pacto de Dios; y asentaron el arca del pacto de Dios. Y subió Abiatar después que todo el pueblo hubo acabado de salir de la ciudad. Y el rey dijo a Sadoc; Vuelve el arca de Dios a la ciudad. Si yo hallare gracia ante los ojos de Jehová, el hará que vuelva, y me dejará verla y a su tabernáculo (cap.15:23-25). Preciosa como era a sus ojos, no deseaba que el arca de Dios fuera la compañera de su huida, porque su huida era la consecuencia de su pecado. Si su Dios se lo permite, el volverá ante el arca, ¡pero el arca de Jehová no sería desplazada! «Y si dijere: No me complazco en ti; aquí estoy, haga de mí lo que bien le pareciere.» (v.26)¡Que prueba de humillación encontramos aquí!. ¡Como David estaba muy seguro que, por naturaleza, no tenía ningún derecho, y que el había perdido todos los títulos que resultaban de las relaciones que la gracia había establecido!. Su solo refugio esta en la misericordia de su Dios, y su misericordia es soberana.

«Y David subió la cuesta de los Olivos, subiendo y llorando; y tenía la cabeza cubierta, y caminaba a pies descalzos, y todo el pueblo que estaba con él subía, cada uno teniendo su cabeza cubierta, subiendo y llorando».¡Que escena desgarradora!. En Bahurim, Simei, un hombre de la casa de Saúl «salía maldiciendo y arrojando piedras contra David... Y Simei decía maldiciéndole: ¡Fuera, fuera, hombre sanguinario y perverso! Jehová te ha dado el pago de toda la sangre de la casa de Saúl., en lugar del cual tu has reinado, y Jehová ha entregado el reino en mano de tu hijo Absalom; y hete aquí sorprendido en tu maldad, porque eres un hombre sanguinario».¡Como debían haber entrado cada una de esas palabras a su corazón!. Este mal paso, no era, como decía Simei, a causa de la sangre de la casa de Saúl, porque David nunca había tomado placer en derramar su sangre; en dos ocasiones, David había perdonado la vida a Saúl cuando el tenía su vida en sus manos (1ª Samuel 24 y 26). Pero él sabía que había derramado sangre, sangre inocente; y, aunque Simei lo ignoraba, cada palabra pronunciada por él le hacia revivir toda esa escena en la conciencia de David. Luego cuando Abisai, hijo de Sarvia, propone cortar la cabeza a aquel que osaba maldecir así al rey, David responde:«¿Que tengo yo con vosotros, hijos de Sarvia?Si el así maldice, es porque Jehová le ha dicho que maldiga a David.¿Quién pues, le dirá: ¿por qué lo haces así?.. He aquí, mi hijo que ha salido de mis entrañas, acecha mi vida; ¿cuánto mas ahora un hijo de Benjamín? ¡Dejadle que maldiga, pues Jehová se lo ha dicho!.Quizá mirará Jehová mi aflicción, y me dará Jehová bien por sus maldiciones hoy». ¡Que resignación en estas palabras! ¿Y que es lo que hace a David capaz de recibir así tan humildemente y con sumisión el castigo de su iniquidad?

Su alma estaba alimentada de la palabra consoladora de Natan: «Jehová ha hecho pasar tu pecado: No morirás»; y en el presente, aunque dolorosas y en apariencia sin salida que sean las pruebas, el prueba en las profundidades de su alma una confianza en su Dios que le guarda de perder fuerzas. Si el realizaba las palabras del Salmo 39:9: «Enmudecí, no abrí mi boca, Porque tu lo hiciste». El momento se aproximaba donde Jehová iba a librarle.No era con esta liberación, que David veía el fin de todas sus pruebas. No; el profeta Natán había dicho: « Nunca se apartará de tu casa la espada » (al final de su vida, David debe enfrentar aún la conspiración de su hijo Adonías para usurpar el trono. Después de su muerte, vemos las circunstancias que conducen a Salomón a darle muerte, (1ª Reyes 2:13-25). Pero desde ese momento, las circunstancias se vuelven a favor de David. En lugar de dejarle a merced de sus enemigos, Jehová actúa manifestadamente por David.

Ahitofel, su consejero, lo rechaza por Absalom, desesperado se ahorca y muere. Los dos ejércitos de David y de Absalom se ordenan para la batalla y David reciba una prueba conmovedora del lugar que ocupa en los corazones de aquellos que han quedado con él. Había dicho al pueblo: «Yo también saldré con vosotros. Mas el pueblo dijo: no saldrás; porque si nosotros huyéremos, no harán caso de nosotros; y aunque la mitad de nosotros muera; no harán caso de nosotros; mas tu ahora vales tanto como diez mil de nosotros. Será, pues, mejor que tú nos des ayuda desde la ciudad». La batalla se libró, y el ejército de Absalom fue dispersado por los siervos de David. Pero, ¡Desgraciadamente! ¡ la victoria, en semejante circunstancia, en sus angustias y sus dolores fueron casi tan desgarradoras como aquellas que siguen de una derrota. ¡ Cuando el justo juicio de Dios ha armado hermano contra hermano, e hijo contra el padre, si igualmente la victoria se encuentra al lado de la justicia, ¡ con que precio ella ha sido ganada!. La muerte de veinte mil hombres de Israel sobre el campo de batalla no podía ser mas que un tema de dolor para David. Y no solamente esto, sino su corazón de padre, angustiado por su hijo Absalom, ¡debía ser aun dañado por la noticia de la muerte de su hijo! Había dado órdenes en presencia de todo el pueblo a sus capitanes, Joab, Abisai e Itai, diciendo: «Tratad benignamente por amor de mí al joven Absalom». Y cuando los dos mensajeros le llevan la noticia de la victoria sobre las tropas de Absalom, su primera pregunta tanto al uno como al toro fue: «El joven Absalom está bien?» El segundo mensajero le responde« Como aquel joven sean los enemigos de mi señor el rey, y todos los que se levanten contra ti para mal»; ¡Y el rey no se pudo contener!. Sentía en si mismo la causa de esas calamidades que alcanzaban a la nación y a su propia casa, -no pensaba en su propia libertad, ni en su triunfo, sino en la muerte de su hijo;- subió a la pieza que estaba arriba de la puerta y se lamentó:« ¡Hijo mío, Absalom, hijo mío! ¡Hijo mío Absalom, hijo mío! ¡Quien me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalom, hijo mío, hijo mío!». Aquel día, la victoria fue cambiada en duelo por todo el pueblo, «porque oyó decir el pueblo aquel día que el rey tenía dolor por su hijo. Y entró el pueblo aquel día en la ciudad escondidamente, como suele entrar a escondidas el pueblo avergonzado que ha huido de la batalla».

(2ª Samuel 19:2,3).

Joab, hombre sanguinario y político consumado, entra en escena. El piensa mas en su prestigio que en el dolor del rey, y viene ante el para amonestarle. Manifiesta por sus palabras que no tiene ninguna simpatía por David. Esta era la victoria de la gracia que David había librado en manos de su hijo rebelde, pero para hacerle notar muy claramente que Dios había permitido estas tristes circunstancias como castigo por su propio pecado.¿Pero, que era esto para Joab? No estaba ni quebrantado, ni conmovido; su corazón no estaba bajo el efecto de la gracia que restaura, como el del rey; es por esto que puede reprochar a un padre que tiene el dolor que desgarra su corazón: «hoy has declarado que nada te importan tus príncipes y siervos; pues hoy me has hecho ver claramente que si Absalom viviera, aunque todos nosotros estuviésemos muertos, estarías contento...» (v.6). David no responde a sus reproches, sino que por amor a su pueblo, el se sienta a la puerta. Y todo el pueblo vino ante el rey.

En todas las tribus de Israel, el pueblo disputaba quien tendría el honor y el gozo de volver a al rey. Ellos reconocían que el los había librado de sus enemigos y salvado de la mano de los filisteos.« Todos los hombres de Judá, como un solo hombre...enviaron decir al rey: Vuelve tu, y todos tus siervos. Volvió, pues, el rey, y vino hasta el Jordán Judá vino a Gilgal para recibir al rey y para hacerle pasar el Jordán» (Cap.19:9-15). Esta fue la ocasión de cada uno para manifestarse, Simei, de Bahurim, se apresura y desciende con los hombres de Judá al encuentro del rey David. No es que su corazón hubiera cambiado, ni que tuviera mas amor por David que cuando le maldecía y le lanzaba las piedras. No; era de aquellos que siguen la corriente y donde la conducta cambia con las circunstancias. Ahora que el rey volvía en triunfo, Simei se postra a sus pies, implorando misericordia; le dice al rey: «No me culpe mi señor de iniquidad, ni tengas memoria de los males que tu siervo hizo el día en que mi señor salió de Jerusalén; lo los guarde el rey en su corazón». Abisai habría deseado que se le diera muerte; pero David dice: «¿Que tengo yo con vosotros, hijos de Sarvia, para que hoy me seáis adversarios? ¿Ha de morir hoy alguno en Israel?¿Pues no sé yo que hoy soy el rey sobre Israel?» (v. 19-22).

Tenemos aquí los preciosos secretos en cuanto a la fuente de donde se desarrollan el perdón de las injurias, y la paciencia, y la disposición para soportarse los unos y los otros en el amor, ¿No somos también abundantemente exhortados en el Nuevo Testamento? David actuaba aquí ante los principios que sobrepasaban enteramente la dispensación bajo la cual el vivía. Con su caída las experiencias personales habían hecho que la gracia fuera todo para él. Si triunfaba en este tiempo, era el triunfo de la gracia. ¿ Y celebraría él los triunfos de esta gracia que le había librado y que ahora le daba en Jerusalén, el santuario y el trono de donde su pecado le había exiliado?,- ¿celebraría él los triunfos de la gracia que restaura, de tal gracia, ejercitando la venganza por su propia causa haciendo morir a Simei? Su corazón retrocede ante este pensamiento: « ¿Ha de morir hoy alguno en Israel?» Por otra parte, que necesidad había?..El derecho de David de llevar el cetro y de ocupar el trono no era puesto en duda. Si este punto hubiera estado en discusión, habría tenido algún fundamento para dar muerte a un hombre como Simei. Pero cuando Dios ha conducido nuestros combates, no tenemos ninguna necesidad de conducirlos nosotros mismos, ni de vengarnos nosotros mismos de aquellos que se han manifestado como adversarios en nuestros días de adversidad. También David dice: « ¿No soy yo el rey de Israel?» Y le dice a Simei:« No morirás. Y el rey se lo juró ».

Es así que la gracia que ha restaurado su alma y la firme seguridad de toda la bendición que la gracia le ha concedido, llegan a ser para David el fundamento para actuar en plena gracia hacia un adversario caído y postrado ante el. No trata de saber de saber que es el castigo que merece Simeí. O si su humillación es real. Bien que lo que merecía era evidente, y su humillación dudosa,pero, ¿habría sido conveniente,- que en ese día, aquel que había probado, dos veces que todo lo que tenía era por la gracia ilimitada de Dios, y que todas las cosas las tenía aseguradas por la certidumbre de esta gracia- vengarse o sostener contra otro los derechos de justicia,?¹ ¡Que el Señor nos permita, muy amados, caminar los unos con los otros y hacia lo demás, con un sentimiento profundo y permanente de lo que la gracia ha hecho por nosotros, - no solamente la gracia que salva, sino también la gracia que restaura.

¹ También el juicio que le salvó por un tiempo, fue ejecutado mas tarde por Salomón, según las instrucciones que había recibido de su padre antes de morir.(1ª Reyes 2:8,9 ; 6-46)

Otra escena llama nuestra atención, Mefiboset, el hijo de Saúl, a quien David le había recibido en su casa y comido a su mesa, manifestando así la «la bondad de Dios» para con él, desciende al encuentro del rey. Siba, su siervo, había descendido anteriormente a su encuentro con la miserable compañía de Simei, quien anteriormente le había mentido al rey con respecto a la fidelidad de Mefiboset. Las provisiones que había preparado para el rey, cuando salió de Jerusalén, habían sido recolectadas por Siba, su siervo,(aprovechándose de la incapacidad de su amo),como si hubieran sido preparadas por su amo para el rey; Y Siba hablando falsedades en contra de su amo, obtiene la heredad de este, (cap. 16.1-4; 19:16-17). Ahora, Mefiboset desciende hacia el rey (19:24); y el escriba inspirado nos dice de el: «no había lavado sus pies, ni había cortado su barba, ni tampoco había lavado sus vestidos, desde el día en que el rey salió hasta el día en que volvió en paz» ¡Que testimonio de un corazón ganado por la gracia que David había hecho hacia él!. ¡Y que ejemplo de lo que deberíamos ser nosotros durante la ausencia de Jesús, nuestro Salvador, rechazado por el mundo! ¿Qué gozo podremos encontrar en este mundo hasta el momento de su venida?

Nosotros los objetos de su amor, ¿podremos encontrar felicidad en este mundo hasta el momento de su venida? Ciertamente este es el tiempo de ayunar por la Iglesia, el tiempo donde su Esposa le ha sido quitada. Ciertamente; ¿Que gozo, puede procurar un mundo que ha crucificado a su Señor, al corazón que gozaba de su amor?¡Oh! ¡Sin embargo si nos pareciéramos a Mefiboset! ¡Si estuviéramos mas «abrazados por el amor de Cristo», de manera de no hacer caso de nada, de no tener preocupación de nada, a no discutir de nada, sino la felicidad de reencontrar

A nuestro Esposo cuando vuelva! Mefiboset tenía ahora lo que solamente podía satisfacer su corazón : el rey le había sido devuelto. No hace ninguna queja en contra de Siba, sino que cuando el rey le pregunta:« ¿Por qué no has ido conmigo, Mefiboset?»El le cuenta todo explicándole la causa, pero deja todo en manos del rey.« el ha calumniado a tu siervo delante de mi señor el rey; mas mi señor el rey es como un ángel de Dios: haz, pues, lo que bien te parezca. Porque toda la casa de mi padre era digna de muerte delante de mi señor el rey; y tu pusiste a tu siervo entre los convidados a tu mesa.;¿Qué derecho tengo aún para clamar mas al rey?»¡Feliz razonamiento! Naturalmente todo lo que Mefiboset podía esperar de la mano de David, era la muerte. Pero David le había tenido misericordia. No solamente le había perdonado su vida, sino que lo había admitido en su mesa y le había tratado como si hubiera sido su propio hijo. ¿Qué derecho tenía el de hacer un reclamo?Nada termina con la disposición de hacer valer nuestros derechos, y a defendernos nosotros mismos, sino el conocimiento de la gracia que, cuando sabemos que no tenemos derecho a nada, sino a la muerte y a la perdición, y somos colocados entre los hijos de Dios, a la Mesa de nuestro Padre.

Aún hay algo mas hermoso aún. No solamente el sentimiento de la degradación de su propia condición natural a conducido a Mefiboset a renunciar a toda defensa personal, pero su gozo y su felicidad en la presencia del rey no le deja ningún deseo de poseer otra cosa mas de lo que tiene. El rey le dice: «Yo he determinado que tu y Siba os dividáis las tierras. Y Mefiboset dijo al rey: Deja que él las tome todas, pues que mi señor el rey ha vuelto en paz a su casa» (cap.19:24-30). ¡Oh! Que podamos tener mas de ese espíritu en cada uno de nosotros, muy amados!.Cuando Jesús venga, en efecto, y nos encontremos con El «en el aire», todas las cosas de este mundo, que son a menudo objetos de nuestra atención, nos parecerán insignificantes! Que el Señor nos permita estar realmente muertos al mundo, mas apartados de sus placeres y deseos; de ser tal cual como deberíamos ser, si contemplamos siempre a cara descubierta la gloria de nuestro Señor; o si, como Pablo, podemos decir: «Estimo...todas las cosas como pérdida, a causa de la excelencia de conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo tengo por basura, a fin de ganar a Cristo...» (Filipenses 3:8). ¿Quienes serán los que gozarán mas del gozo de encontrar al Señor, sino aquellos que, como Mefiboset, habrán vencido en su espera, con las aflicciones duras de este mundo y los corazones suspirando hasta el momento de su retorno, para verle, a El? Ellos, ciertamente, no desearán otra cosa.

Para coronar los triunfos de la gracia, otra escena se nos abre en esta porción de las Escrituras. Son aquellos que, estando David en el exilio, estaban ocupados de el con amor y atendían a los que estaban sedientos y cansados, así como a los que seguían al lado de David, cuando hubieran pasado el Jordán.« Y como David llego a Mahanaim, Sobi hijo de Nahas, de Rabá de los hijos de Amón, Maquir hijo de Amiel, de Lodebar, y Barzilai galaadita de Rogelim, trajeron a David y al pueblo que estaba con él, camas, tazas, vasijas e barro, trigo, cebada, harina, grano tostado, habas, lentejas, garbanzos tostados, miel manteca, ovejas, y quesos de vaca, para que comiesen; porque decían: «El pueblo está hambriento y cansado y sediento en el desierto» (cap.17:27-29).

Antes de esto, cuando el rey salió de Jerusalén, Itai, el geseo le había seguido. Pero el rey le había dicho: «¿Por que vienes tu también con nosotros? Vuélvete y quédate con el rey, porque tu eres extranjero, y desterrado también de tu lugar. Ayer viniste ¿y he de hacer que te muevas para ir con nosotros? En cuanto a mí, yo iré adonde pueda ir; tú vuélvete, y haz volver a tus hermanos; y Jehová te muestre amor permanente y fidelidad». Mas Itai no deseaba que se le persuadiera. Su apego a David era independiente de las circunstancias; era un apego hacia su persona era la que le hacía desear compartir sus tristezas y sus cansancios, mas bien que sus alegrías y honras. Luego pues respondió al rey: «¡Vive Dios, y vive mi señor el rey, que o para muerte o para vida, donde mi señor el rey estuviere, allí estará también tu siervo! Y David dijo a Itai ¡Ven, pues, y pasa!» (cap.15:19-22).

Muy amados, ¿qué nos recuerda todo esto? Ciertamente, hay lecciones para nosotros. ¿No es hoy el tiempo en el cual el Rey, el Hijo y el Señor de David, es rechazado por Jerusalén y por el mundo, precisamente como David fue echado al otro lado del Jordán? Hubo un intervalo entre su partida de Jerusalén y su retorno en paz. Pero ¿fue su exilio sin simpatías y sin consolaciones? No, Hay un Mefiboset para llevar el duelo a su favor, compartiendo «la comunión de sus sufrimientos»; un Itai para acompañarle en el camino del rechazo; Amonitas, Galaaditas y otros para servirle y preocuparse de las provisiones.

¿No nos recuerda todo esto a Jesús, el santo Hijo de Dios, cuando, haciendo su doloroso camino aquí, menospreciado de los hombres, oprimido y afligido, rehusado de su pueblo, fue servido por los suyos y por algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malignos y de enfermedades?(Lucas 8:1-3.Y ahora que El ha tomado su lugar a la derecha de Dios y nos ha preparado un lugar en la casa del Padre, ¿somos de aquellos que se regocijan en su venida,, felices al esperar verle como Él es? Ambicionamos como Pablo, de «conocerle, a Él, y el poder de su resurrección, y la comunión de sus sufrimientos, siendo conformados a su muerte?» Nosotros, creyentes de entre los gentiles amamos a Aquel que nos amó primero, y estamos felices de servirle en medio de un mundo que le rechaza aún, como lo hizo Itai, Sobi, y otros, que, entre los gentiles, ofrecían sus servicios a David?

¿Cuales fueron las recompensas de aquellos que habían servido a David luego que él hubo retornado?- «Y Barzilai galaadita, descendió de Rogelim, y pasó el Jordán con el rey, para acompañarle... Y el rey dijo a Barzilai: Pasa conmigo, y yo te sustentaré conmigo en Jerusalén» La respuesta de Barzilai muestra claramente que la fuente de su servicio era su amor por el rey, y no la esperanza de una recompensa: «Pasará tu siervo un poco mas allá del Jordán con el rey; ¿por qué me ha de dar el rey tan grande recompensa?Él pide enseguida que Quimam, su hijo, pase con el rey. Y el rey le dice: «Pues que pase Quimam conmigo y yo haré con él lo que bien te parezca; y todo lo que pidieres de mí, yo lo haré» (cap. 19:31-40).

Cuándo el Señor venga, ¿no recompensará a aquellos que hubieren perseverado con Él en sus tentaciones y habrán compartido la comunión de sus sufrimientos?» ¿ No habrá una bendición particular para los que sean encontrados «velando», esperándole, a Él? Ciertamente sí. Sea que consideremos a la Iglesia como extranjera de todo el gozo terrenal como Mefiboset, suspirando en su corazón ante su señor ausente; sea que la enfoquemos en una actividad por servicio de amor para Cristo, como esos hombres excelentes que eran gentiles, y los otros, que servían a David durante su exilio, todos encontrarán un perfecto reposo cuando él vuelva. El corazón habrá suspirado de Sí mismo, encontrará en Si mismo la plenitud de un gozo eternal. El vaso de agua ofrecida a alguno en su nombre no perderá su recompensa. Todos los que, por gracia, le han conocido, le han amado, le han confesado y le han servido, -ahora que Él es rehusado, - serán reconocidos y bendecidos, recompensados por El y con El, en su próxima venida.

¡Que pueda ser totalmente, El mismo, el único objeto de nuestros corazones!. Y que podamos todos, muy amados, saber aprovechar para Él todo los que nos ha confiado y concederle el gozo de decir en su venida: «Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu Señor».

(Mateo 25:21 y 23; Apocalipsis 22:12).

 

 

Traducido de "El Mensajero Evangélico " año 1951

 

 

Home
Comentarios Bíblicos
Libros
Artículos
Cursos Bíblicos
Enlaces

Copyright © Biblecentre.org :: Free for personal use
Publication only with prior permision from Biblecentre