Propiciación Y Sustitución

Por L M Grant

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Estas dos verdades también están conectadas con el inefable sacrificio de Cristo. Las dos son preciosas y al mismo tiempo muy diferentes. Acerca de la primera leemos en 1.ª Juan: “Y él (Jesucristo) es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”. El Señor Jesús mismo sufrió de manera indecible por nuestros pecados; el Justo sufrió por los injustos; Él es la propiciación perfecta que vindica y satisface a Dios en cuanto al pecado. Su sacrificio es suficiente para permitir que Dios reciba y perdone a cualquier pecador bajo el cielo que acepte al Señor como su Salvador. Jesucristo no sólo es la propiciación “por nuestros pecados” (los pecados de los creyentes), sino también por los del mundo entero. Él murió a causa de los pecados de toda la humanidad. La expresión “no solamente por los nuestros” indica claramente que la propiciación se efectuó también por los pecados de los demás, es decir, por los del mundo entero.

Es evidente que en el pasaje de 1.ª Corintios 15:1-4, el apóstol presenta el tema de la propiciación. El evangelio que Pablo predicaba,  por medio del cual los Corintios habían alcanzado la salvación, era “que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras”. Lo que el apóstol les enseñaba a los Corintios al decir “Cristo murió por nuestros pecados”, era que esto había sucedido antes de que ellos se convirtieran. Ciertamente fue la obra de Cristo la que les permitió ser salvos. Por lo tanto, es justo anunciarle al mundo entero que “Cristo murió por nuestros pecados”. En 2.ª Corintios 5:15 encontramos que Cristo “por todos murió”; el sacrificio del Señor fue necesario a causa de los pecados de todas las personas.

Lamentablemente, esta verdad es utilizada por algunos para afirmar que todos deben ser perdonados. Esto sucede porque ellos confunden la propiciación con la otra verdad paralela: la sustitución. No hallamos la palabra sustitución en las Escrituras, pero sí encontramos la verdad que ella describe. El hecho de que Cristo “por todos murió”, no significa que todos sean salvos. Por este motivo, la Palabra de Dios afirma: “Si uno murió por todos, luego todos murieron” (2.ª Corintios 5:14). Si fue necesario que Uno muriera por todos, esto confirma que todos estaban “muertos en delitos y pecados” ante Dios. Todo esto nos habla de la propiciación y no de la sustitución.

En Hebreos 9:28 leemos: “Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos”. Esto sí es sustitución. No habla de llevar los pecados de todos, sino de muchos, los de aquellos que han creído en Él como su Salvador: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). Decir que Él llevó nuestros pecados y decir que Él murió por nuestros pecados son dos cosas totalmente diferentes. Lo primero se aplica sólo a los creyentes y lo último se refiere a todos los hombres. El apóstol Pedro, dirigiéndose a creyentes, escribió: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1.ª Pedro 2:24).  Al aceptar al Señor Jesús como nuestro Salvador gozamos de esta preciosa verdad, y no antes.  Las dulces expresiones de Isaías 53:5,6 están destinadas únicamente a los creyentes: “Por sus llagas fuimos nosotros curados” y “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”.

Dios es propicio al mundo entero. Por lo tanto, el mensaje del Señor Jesús, “el que a mí viene no lo hecho fuera” debe ser proclamado a todos los hombres. Sin embargo, los beneficios de la propiciación sólo serán conocidos por quienes acepten a Cristo como su Sustituto. Estas dos verdades, apreciadas profundamente por los hijos de Dios, deben ser claramente diferenciadas.

L M Grant


Este articulo es parte del libro de L M Grant PARADOJAS BÍBLICAS MARAVILLOSAS.

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