En el Principio: Un estudio de Génesis 1-11

por Hugo Bouter

traducido por David Sanz

Porque Yo soy Dios, y no hay otro Dios,

y nada hay semejante a Mí,

que anuncio lo por venir desde el principio.

Isaías 46: 9-10

Introducción

En el principio

Génesis significa origen o nacimiento. El título de este primer libro de la Biblia deriva de la traducción del griego del Antiguo Testamento. En la Biblia, en hebreo, el nombre es simplemente "En el principio", sacado de las primeras palabras del libro. Es el libro de los comienzos, la base de la revelación que Dios da de Él mismo. Aquí encontramos el nacimiento de todas las cosas: la creación de los cielos y la tierra, la formación del mundo, del hombre y de la vida.

Los capítulos 1 al 11 en especial contienen numerosos principios importantes, que por haber dejado su huella en la historia de este mundo, son relevantes en la actualidad. Estos capítulos describen la temprana historia del género humano hasta que la Torre de Babel es construida. El registro de la creación, la caída del hombre, el diluvio y sus consecuencias, son cuestiones fundamentales para comprender mejor el mundo en el que vivimos. Pero su importancia trascenderá hasta el fin de los tiempos, pues como iremos viendo a lo largo de este estudio, varios vocablos y expresiones contenidos en estos capítulos se repiten en el último relato del Apocalipsis, y describen el objetivo final de los tratos de Dios con esta tierra.

Desde el relato de la creación del hombre hasta el suceso de la Torre de Babel, el Génesis enfoca los orígenes de Israel, el pueblo elegido de Dios, escogidos para difundir la revelación de Dios en un mundo errante entregado a la idolatría.

La estructura del Génesis

El libro incluye diez genealogías. Leemos diez veces: "Estas son las generaciones (en hebreo toledot) de...", una frase que es traducida también como: "Esta es la historia de la familia de", o "Estos son los descendientes de". Seis de ellas son claramente genealogías, principalmente el libro de las generaciones de Adán (5:1), las generaciones de los hijos de Noé (10:1), de Sem (11:10), Taré (11:27), Ismael (25:12) y Esaú (36:1).

Indudablemente, ello es muy importante porque nos presenta la historia temprana del hombre dentro de un marco histórico notable, como las referencias a los capítulos que estudiaremos nos cuentan en el Apéndice II. El mensaje de la Biblia se centra en hechos concretos, no en fábulas o leyendas. La misma frase "Estas son las generaciones de" en Génesis 2:4, 6:9, 25:19 y 37:2, va unida a los orígenes de los cielos y de la tierra, y al relato o genealogía de Noé, Isaac y Jacob.

Siete biografías

Dejando de lado las divisiones genealógicas, se pueden discernir también siete biografías cortas o largas, principalmente las de Adán (Gen. 1‑3), Abel y Set su sustituto (Gen. 4‑5), Noé (Gen. 6‑10), Abraham (Gen. 11‑25), Isaac (Gen. 26‑27), Jacob (Gen. 28‑36), y José (Gen. 37‑50). Los temas centrales de estas siete biografías son paralelas al comienzo del libro y a los seis días de la creación del capítulo uno.

La biografía de Adán, junto con el relato de la creación, la caída y la maldición corresponde a Génesis 1:1‑2, el buen comienzo seguido por la confusión y la ruina. La biografía de Abel y Set, antagónica a la historia de Caín y a su descendencia, pertenece a Génesis 1:3‑5, la separación de la luz de las tinieblas. La biografía de Noé y sus descendientes corresponde a Génesis 1:6‑8, la separación de las aguas respectivamente de las naciones. Para el resto de las analogías comparar el Apéndice I.

El primer capítulo del Génesis nos presenta el plan básico de todos los tratos de Dios con Su creación, la humanidad y el creyente individual, y culmina en el príncipe que ha de venir (Adán, José, y Cristo como el segundo Adán) así como el reposo sabático del reino venidero. Por lo que respecta a nuestra fe, la finalidad de Dios es que se forme en nosotros el varón perfecto para entrar en el reposo de Dios (Gal. 4:19; Efes. 4:13; Heb. 4:1‑11).

EL PLAN DE DIOS PARA LA CREACIÓN

El hombre y su mujer

Más bien que conflictivos, los capítulos 1 y 2 de Génesis son relatos de la creación que se complementan. Génesis 1 nos da una descripción de la creación tal como fue concebida para el hombre, cuya formación aparece al final del capítulo como corona de toda la creación de Dios. El siguiente capítulo empieza con la creación del hombre y sigue describiendo las diferentes relaciones en que Dios le ha establecido:

1.    La relación con el Creador

2.    La relación con el medio ambiente

3.    La relación con las demás criaturas para gobernarlas

4.    La relación con la mujer que se le había ofrecido como ayuda en todas sus obligaciones.

Adán significa "tierra roja", ya que fue creado del polvo de la tierra. Eva no obtuvo su nombre hasta después de la caída. Antes, Adán la llamaba Varona (Ishshah) porque fue tomada del Varón (Ish) (2:23; 3:20). Ella era la compañera de Adán y la madre de la raza humana, la madre de los vivientes (Eva= viviente, dadora de vida). El último acto de Dios, la creación del hombre, tuvo lugar en el sexto día, después de que todo el medio para regir se hubiera completado.

Dos series de tres días

Los seis días pueden clasificarse en dos ciclos paralelos de tres días: En el día primero se hizo la luz, mientras que en el cuarto día las dos grandes lumbreras fueron asignadas para señorear en el día y en la noche.

En el segundo día un firmamento (literalmente expansión), separaba las aguas que estaban debajo del mismo de las que estaban encima, mientras que en el quinto día las aguas fueron llenas de criaturas vivientes, y las aves surcaban la extensión de los cielos.

En el tercer día, la tierra seca se había formado, mientras que en el sexto empezó la tarea de traer a la existencia al género humano.

Resumiendo, los tres primeros días se refieren a los diferentes dominios o reinos de la creación (los cielos, el mar y la tierra), mientras que los últimos tres días señalan a los habitantes o gobernadores de estos dominios.

Adán y Cristo

El hombre creado a la imagen y semejanza de Dios ha recibido de Él dominio universal. El papel de Adán era representar a Dios en la tierra y ser el regidor sobre todas las obras de Dios (Sal. 8:6). Este plan de Dios serviría finalmente para que se cumpliera en Cristo, el segundo Hombre, el Señor del cielo (1 Cor. 15:27; Efes. 1:22; Heb. 2:6‑8).

Precisamente como Dios obró en Génesis 1 para con la creación del hombre, estableciéndolo por cabeza sobre las obras de sus manos, Dios ha estado obrando desde el momento en que aconteció la caída con la perspectiva de poner todas las cosas en sujeción al segundo Hombre (Juan 5:17).

Todo ello se deduce del descanso del séptimo día: el reposo sabático milenial que resplandecerá armoniosamente en la eternidad, donde Dios será todo en todos (1 Cor. 15:25‑28; Heb. 4:9‑10).

La nueva creación

La primera creación anuncia la nueva creación de Dios, de la cual los creyentes son las primicias (2 Cor. 5:17). Se puede trazar una línea desde el final de la primera creación hasta la conclusión de la nueva creación, la cual pasa por el monte Calvario , desde donde el Salvador una vez exclamó "Consumado es" (Gen. 2:1-3; Juan 19:28-30; Apoc. 21:1-6). Su obra acabada establece la base de la nueva creación.

Aparte del verbo acabar (completar o consumar), también encontramos los verbos hacer, formar y crear en el relato de la creación. Crear se usa nada más para el principio original de los cielos y la tierra, la creación de la fauna animal y la creación del hombre (Gen. 1:1, 21, 27). Los verbos hacer y formar indican la formación de la materia existente. La creación original de la materia de la nada está implícita en Génesis 1:1 (véase Sal. 33:6, 9; Rom. 4:17; Heb. 11:3; 2 Ped. 3:5).

Existe a la vez una analogía y una diferencia entre Génesis 1:1 y Juan 1:1‑3. Juan apunta al pasado inmemorial, antes de que el tiempo existiese. Génesis señala el principio del tiempo y la materia. Aquí vemos la actividad del Verbo eterno por quien todas las cosas fueron creadas.

Como la primera creación fue establecida por la actividad del Verbo y el Espíritu de Dios, la escena de la nueva creación es introducida de un modo similar. Dios creó y formó el mundo a través de Su Palabra (véase el reiterado "Entonces dijo Dios" en Génesis 1) y por Su Espíritu (Gen. 1:2; Sal. 104:30). Esta obra es comparada en la nueva creación, cuando el nuevo nacimiento se origina por el lavamiento y el poder de la Palabra de Dios otorgada y el Espíritu Santo (Juan 3:5; 15:3).

Dios ha estado obrando en nosotros desde el mismo instante en que la luz del Evangelio brilló dentro de nuestra oscura existencia, para que crezcamos espiritualmente y seamos conformados a la imagen del Hijo de Dios. Esta es la formación que tiene lugar en la nueva creación. Así es como Dios trata con el pueblo que Él creó para Su gloria. Dios nos forma para llevar la imagen de Su Hijo, el postrer Adán, para que en todas las cosas Él tenga la preeminencia (1 Cor. 15:48-49; Col. 1:18; 3:10).

El misterio de Cristo y la Iglesia

Adán se había convertido en el progenitor del género humano. Esta raza llevaba la semejanza de Adán después de la caída en el pecado (Gen. 5:1,3). El primer hombre es, como progenitor de la raza humana, un tipo de Cristo, el cual se convirtió en la Cabeza de una nueva generación de hombres después de su resurrección de entre los muertos. Adán era una figura de Aquel que había de venir, nos dice Romanos 5:14. En otros aspectos, Adán también es el contraste de Cristo. Los versículos 12-21 de Romanos 5 demuestran esta característica: por el pecado de Adán, el pecado entró en el mundo y la muerte por el pecado. El resultado fue la condenación de los pecadores culpables. Pero gracias a la obediencia de Cristo hasta la muerte en la cruz, la abundante gracia que nos une a Él otorga vida y justicia.

En 1 Corintios 15 vemos el contraste entre las dos cabezas de familia en relación con el tema de la resurrección. Si por un hombre (Adán) entró la muerte, también por un Hombre (Cristo) la resurrección de los muertos (v. 21). Al crear Dios al hombre del polvo de la tierra, se convirtió en un ser viviente después de haber soplado en su nariz el aliento de vida. Pero Cristo resucitado se convirtió en un espíritu vivificante al exhalar el aliento de vida a sus discípulos (Gen. 2:7; Juan 20:22; 1 Cor. 15:45).

Mientras que la posteridad de Adán era natural y carnal, la posteridad de Cristo es inmortal y espiritual. La creación del hombre fue un gran milagro, dada la difícil unión de mente y materia, del aliento de vida y del polvo de la tierra, pero el misterio de la nueva creación es mayormente inexpugnable, así como el nuevo nacimiento de aquellos que están unidos con el Hombre celestial.

Adán y Eva tenían su vínculo humano como pareja natural. ¡Cuánto más existirá el vínculo especial entre Cristo y la Iglesia! Eva era al mismo tiempo la esposa de Adán y parte de su cuerpo, pues ella era hueso de sus huesos y carne de su carne (Gen. 2:20‑24). Si trazamos un paralelo, la Iglesia es también esposa y el Cuerpo de Cristo, el último Adán (Efes. 5:23‑32). Como Eva salió del costado de Adán, asimismo la Iglesia es el fruto del sueño mortal de Cristo, habiendo sido obtenida de su costado traspasado. Adán y Eva fueron establecidos para gobernar la tierra. Así Cristo y Su Iglesia reinarán durante el milenio.

En Génesis 2 encontramos también la institución del matrimonio que emana de los pensamientos de Dios para una vida en compañía entre marido y mujer, santificada y bendecida (v. 24). El Señor menciona el casamiento en un pasaje del Nuevo Testamento (Mat. 19:3‑8). Las epístolas del apóstol Pablo nos muestran también el orden de la creación, como precepto para la posición del hombre y la mujer (1 Cor. 11:7-12; 14:34-35; 1 Tim. 2:12-13).

Verdaderamente, en lo que atañe a la salvación en Cristo, no existe diferencia alguna entre hombres y mujeres. Ellos son iguales en su posición delante de Cristo (Gal.. 3:28), pero permanecen en desigualdad en su lugar que la creación les ha dado. La realidad de la salvación no anula el hecho verdadero de la creación. Ello puede reflejarse entre las congregaciones de los redimidos, pues aun allí los ángeles son testigos del orden divino (1 Cor. 11:10).

LA CAÍDA DEL HOMBRE EN EL PECADO

La realidad de la caída

Tanto el Señor Jesús como el apóstol Pablo en el Nuevo Testamento se sirven del relato de la creación en Génesis 1 y 2 para difundir sus enseñanzas acerca de los papeles del hombre y la mujer. Pero también aluden a la caída del hombre en el pecado descrita en Génesis 3.

Es notable ver cómo Pablo usa el nexo de la historia de la creación con la caída en 1 Timoteo 2, porque de ahí deduce sus conclusiones sobre la conducta del hombre y la mujer. Presenta dos razones por las cuales da a entender que una mujer debe aprender en silencio sujetándose a la autoridad del hombre. El primer argumento abarca el orden creacional: Adán fue formado primero, después Eva. El segundo argumento es según la sucesión de la caída: "Porque Adán fue formado primero, después Eva, y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión" (v. 13‑14). De todas maneras, así es cómo concluye el apóstol con el consuelo de la promesa de gracia de Dios “Pero se salvará...” (v. 15). La caída y la maldición no tienen la última palabra, ya que en el capítulo 3 Dios provee en gracia para la necesidad del hombre caído, ofreciéndole la esperanza de la salvación.

Este capítulo nos presenta el gran daño y desorden que el pecado ha producido en el estado de cosas original en el jardín de Edén. Las circunstancias ahora son totalmente diferentes de como Dios se había propuesto que fuesen. El pecado penetra profundamente y se hunde en las relaciones entre Dios y el hombre, en los afectos naturales, entre las personas, al igual que entre el hombre y la realidad creada confiada a su cuidado.

La serpiente antigua

La caída del hombre de la posición en que Dios le había establecido provenía de la tentación de la serpiente, que era más astuta que todos los animales del campo (Gen. 3:1). La serpiente era el instrumento de Satanás, el adversario de Dios y de los santos, y por esta razón es conocido como la serpiente antigua (Apo. 12:9). También se le conoce como el tentador y el diablo, el acusador de los hermanos. Juan le llama el maligno. Anda a menudo como león rugiente, pero puede presentarse como ángel de luz (2 Cor. 11:14; 1 Tes. 3:5; 1 Ped. 5:8; 1 Juan 5:18-19; Ago. 12:10).

Cristo mismo le llamó homicida desde el principio y padre de mentira (Juan 8:44). Como padre de mentira, el diablo ocasionó a Eva las dudas sobre la fidelidad y el amor de Dios. Su sugerencia fue que Dios pretendía ocultar algo del hombre y que sus palabras no eran dignas de confianza. Al hacer esto privó a Dios de su honor delante de sus criaturas, honor que sólo pudo ser restituido por Cristo, quien como el Hombre obediente realizó todos los designios, honrando y glorificando a Dios en la tierra (Juan 13:31; 17:4).

Eva fue quien cayó primero, y entonces dio de comer a Adán del fruto prohibido. Pablo se refiere a ello en 1 Timoteo 2 y 2 Corintios 11. Igual que la serpiente engañó a Eva por su sutileza, que no preguntó primero a Adán su opinión ni le confió su lealtad, los corintios se desviaron de la sincera fidelidad a Cristo (2 Cor. 11:3). Aquí vemos de nuevo la relación entre el hombre y la mujer aplicada a la relación entre Cristo y la Iglesia. Existe una cita equivalente en Apocalipsis 2:4-5, donde la Iglesia infiel es acusada de haber abandonado su primer amor y haber caído de su elevada posición.

La naturaleza del pecado

La tentación atrajo al hombre otorgándole satisfacción en todos los aspectos de su vida física y espiritual. El árbol era bueno para comer de él, atractivo a la vista y codicioso para alcanzar sabiduría. El hombre escuchó los consejos del diablo, quien dado su orgullo y deseo de ser igual al Altísimo, se convirtió él mismo en una criatura caída (Isa. 14:13-14; Ezeq. 28:17; 1 Tim. 3:6).

Las sugerencias que había susurrado al oído de la mujer eran medias verdades. En realidad, los ojos del hombre fueron abiertos, pero solamente para descubrir que era un pecador culpable incapaz de permanecer delante de Dios. Cierto que obtuvo conocimiento del bien y del mal, pero no en la manera que Dios posee este conocimiento. Al contrario, como Dios es de ojos más puros para contemplar el mal, se mantiene plenamente fuera de todo contacto con el mismo; sin embargo, el hombre no es más que un esclavo del pecado.

La ganancia que obtuvo del conocimiento del bien y del mal fue una conciencia delatadora. De este modo Satanás triunfó cuando introdujo en el corazón humano las semillas de la codicia y del orgullo. Estos principios maliciosos han señalado el sistema mundano del cual él ha venido siendo el príncipe (Juan 14:30; Efes. 6:12; 1 Juan 2:16; 5:19).

Liberación del pecado

El hombre caído está sujeto al poder de la muerte y del pecado. El pecado está tan hondamente alojado en la naturaleza humana que la salvación se hace únicamente posible si el hombre se desprende de las podridas raíces y es injertado en un nuevo tallo. La Epístola a los Romanos nos muestra el hecho de que estamos unidos a Cristo en Su muerte y resurrección a la vez (Rom. 6:2-5).

El Hijo de Dios vino a deshacer las obras del diablo (1 Juan 3:8). Al querer tentar a Cristo, Satanás no pudo tocarle (Mat. 4:1-11). Adhiriéndose a la Palabra de Dios, Cristo pudo rechazar todos los ataques del enemigo hasta repelerle. De la misma manera también nosotros deberíamos usar la palabra de Dios escrita. Ello nos garantiza poder para vencer y vida por el Espíritu.

El primer hombre pecó en el Paraíso a pesar de que vivió en las circunstancias más favorables. El segundo Hombre, Cristo, se mantuvo firme en su terreno al ser tentado en el desierto bajo las circunstancias más adversas. Al final destruyó al diablo, quien tenía el poder de la muerte, muriendo y derrotando al adversario en su mismo fuerte (Heb. 2:14-15).

El Hijo de Dios libera realmente del poder de Satanás, del pecado y la muerte (Juan 8:36). En su segunda venida, Cristo destronará públicamente a Satanás y liberará a la creación del yugo de la corrupción al que permanece sujeta desde la caída del primer hombre (Rom. 8:19‑22; Ago. 20:1-3).

JUICIO Y REDENCIÓN

Las consecuencias del pecado

Como hijos de Dios, vivimos en un mundo donde Satanás ejerce libremente todas sus actividades en una creación que gime todavía por las consecuencias del pecado. La maldición sobre la serpiente en el capítulo 3, sobre el hombre y la mujer descubren un terreno verídico. La enfermedad y el pecado prevalecen, y el paraíso es una cosa del pasado. Vivimos en un mundo doliente donde todas las cosas llevan el sello de la imperfección. Pero a pesar de esta triste situación, la luz de la gracia de Dios brilla para que discernamos los importantes temas proféticos en este capítulo del libro del Génesis.

La promesa de la simiente de la mujer

En Génesis 3:15 vemos la promesa de la simiente que aparecería y heriría a la serpiente en el calcañar. Lleva generalmente el nombre de la promesa materna, el cual no es muy apropiado porque forma parte del juicio de la serpiente. Dios anuncia en este versículo el conflicto incesable entre la simiente de la serpiente y la de la mujer, entre los hijos del diablo y los hijos de Dios (Juan 8:38‑47; 1 Juan 3:8‑10). Finalmente vemos que la Simiente de la mujer se refiere a Cristo, quien nació de la virgen María, no de José. Cristo no es únicamente la Simiente de la mujer (Gal.. 4:4), sino también la Simiente del patriarca Abraham (Gal.. 3:16), y la Simiente del rey David (1 Crón. 17:11‑14; Mat. 1:1).

Al morir y resucitar Cristo, ha herido la cabeza de la serpiente, mientras que ella le hirió el calcañar poniendo fin a Su vida en esta tierra y llevándolo a morir en la cruz. Como hijos de Dios, nosotros también tenemos parte en el triunfo de Cristo, ya que el Dios de paz pronto aplastará a Satanás bajo nuestros pies (Rom. 16:20). Esta metáfora del juicio de la serpiente no excluye su aplicación literal.

El animal que Satanás había utilizado como instrumento fue humillado hasta comer el polvo: "Y Jehová Dios dijo a la serpiente: por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias del campo, sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida" (Gen. 3:14). Este juicio no será quitado ni en el Reino venidero: "El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y el polvo será el alimento de la serpiente. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová" (Isa. 65:25).

En lo que respecta a Satanás, será humillado en diferentes etapas. Primero, ya ha sido juzgado en la cruz al querer agitar al mundo a rebelión contra Dios y Su Ungido. Pero el veredicto no vendrá hasta que Satanás sea expulsado del cielo. Entonces será más humillado que nunca y echado dentro del gran abismo, hasta que sea lanzado finalmente al lago de fuego y azufre (Ago. 12:9; 20:2, 3, 10).

El juicio del hombre

Durante el tiempo en que la serpiente era el primer elemento juzgado por Dios, el hombre fue el primero en contestar al Juez. Dios le hizo algunas preguntas para probarlo: "¿dónde estás?, y ¿qué es lo que has hecho?" (v. 9‑13). Por causa de la caída, el hombre permanece ahora separado de un Dios santo. Por lo tanto, es un pecador que comete pecados y transgresiones. Adán trató de darle la culpa a su mujer, mientras que Eva, volviéndose también, pretendió cargar a la serpiente con ella. Todos tres fueron castigados en el orden contrario, es decir, la serpiente, la mujer y el hombre. Este juicio fue, a la vez, estricto y equilibrado.

El juicio de Dios fue en relación con la vida en la tierra, no al castigo eterno. La gracia y bondad de Dios suavizaron el juicio, ya que a la mujer se le concedió el gozo de ser madre aun cuando había de dar a luz con dolor, y al hombre se le ofreció la satisfacción de ver sus trabajos terminados a pesar de trabajar con esfuerzo y sudor. Por esta razón podemos hablar de un juicio benigno. Por otro lado, es perfectamente notable el juicio que resta, de modo que las bellezas naturales están rodeadas de "cardos y espinos".

La gracia de Dios sobre el hombre

Dios vino en gracia a encontrar al hombre. Le dio tiempo para que recapacitara y fue a encontrarlo en la tranquilidad del día. No vino en una nube negra como en el Monte Sinaí. Dios habló con calma y seriamente para convencer al hombre de su pecado y culpa, al mismo tiempo que le ofrecía Su gracia, la promesa del futuro Redentor.

De la historia podemos deducir que Adán aceptó con fe la promesa de Dios en cuanto a la simiente de la mujer: "Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes" (v. 20). J. N. Darby establece el siguiente criterio en su Introducción a la Biblia: "Antes de ser expulsados [del huerto], Adán, con fe, como parece, reconoce la vida en el lugar donde la muerte había entrado. Pero aún hay más. Hay la promesa hecha a la mujer, de la Simiente que heriría la cabeza de la serpiente: el Cristo, la Simiente de la mujer, por quien el mal entró en el mundo, destruiría todo el poder del Enemigo".

En los siguientes versículos descubrimos pruebas evidentes de los tratos de Dios en gracia con el hombre, a pesar de su profunda caída. La primera es que Dios vistió al pecador culpable, cubriendo su desnudez. Dios quitó su cubrimiento de hojas de higuera, es decir, el cubrimiento de la propia justicia del hombre y sus obras, y lo vistió con vestidos de piel: "Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles y los vistió" (v. 21). Para este fin hubo de sacrificar y derramar la sangre de un animal inocente. ¡Dios mismo fue el primero en proveer un sacrificio! Recordemos también las palabras de Abraham a su hijo Isaac: "Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos" (Gen. 22:8). Sólo por la muerte en sacrificio de un cordero Dios puede mostrar misericordia al pecador y cubrirlo con las vestiduras de salvación (Isa. 61:10).

La expulsión del jardín de Edén

Dios no quería que el hombre viviera en el pecado eternamente. En su estado caído no se le permitió comer del árbol de la vida, pues ello hubiera significado continuar en ese estado para siempre (v. 22). Así, fue expulsado del jardín, y el camino hacia el árbol de la vida fue protegido por querubines con espadas encendidas (v. 24).

Sin embargo, por Su muerte redentora, Cristo ha abierto un Paraíso mejor, un Paraíso celestial para todos aquellos que creen en Él (Luc. 23:43; 2 Cor. 12:4; Ago. 2:7; 22:1‑2). El camino al árbol de la vida y al río del agua de la vida en este Paraíso de Dios está abierto para todos aquellos que creen: "Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad" (Ago. 22:14).

CAÍN Y ABEL

El contraste entre Caín y Abel

Las Escrituras presentan un alto contraste entre estos dos hermanos, no solamente en Génesis 4, sino también en el Nuevo Testamento (Mat. 23:35; Heb. 11:4; 1 Juan 3:7‑12; Jud.: 11). Este contraste es evidente en sus obras, en los sacrificios que presentaron, así como en sus diferentes caminos. Al final, el básico contraste permanece entre Dios y el diablo, la luz y las tinieblas, la vida y la muerte.

La historia de Caín y Abel corrobora las palabras de Pablo cuando dice que la luz no tiene comunión con las tinieblas, y que el creyente no tiene parte con el infiel (2 Cor. 6:14‑15). Primero, la diferencia no parecía tan clara entre los dos hermanos, ya que por lo visto temían a Dios. Caín empezó como persona religiosa para acabar como el que vive en este mundo sin Dios ni esperanza. Se marchó de la presencia de Jehová (v. 16; Efes. 2:12). Se alejó de Dios prefiriendo su propio camino, un camino que va a la destrucción. Sus obras eran del diablo.

Las ofrendas de los dos hermanos

En el transcurso del tiempo sucedió que Caín trajo una ofrenda del fruto de la tierra a Jehová, pero en vano. Dios no respetó a Caín ni su ofrenda (v. 3‑5). Caín presentó un sacrificio incruento, sin tener en cuenta que el abismo que existía entre Dios y el hombre sólo podía ser salvado por la muerte de un sustituto. Porque sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados (Heb. 9:22).

Tampoco consideró el hecho de que Dios había maldecido la tierra (Gen. 3:17; 5:29). Apareció ante Él con el resultado de su propia labor de sembrador del campo, esperando que apreciaría sus esfuerzos mirando favorablemente la obra de sus manos. Este no fue el caso, pues como hemos dicho, Dios no miró con agrado ni a Caín ni su ofrenda.

Abel trajo una mejor ofrenda, "un sacrificio más excelente que Caín" (Heb. 11:4). Presentó de los primogénitos de sus ovejas (v. 4). Este era un sacrificio con sangre, una ofrenda hecha con fuego. El dulce aroma que desprendía esta ofrenda subió hasta Jehová, fue aceptable para Él. Esto explica el porqué mostraba más agrado por Abel y sus ofrendas. Precisamente como la ofrenda había hecho a Abel aceptable delante de Dios, Él nos hizo aceptos en el Amado en virtud de Su sacrificio (Efes. 1:6‑7; 5:2).

Las obras de Abel rindieron un testimonio claro en cuanto al modo de vida que Dios enseñó a Adán y a Eva al vestirles con túnicas de pieles (Gen. 3:21). Por otro lado, Caín quiso acercarse a Dios sobre la base de sus propios esfuerzos (Caín = adquisición). Esto no agradó a Dios, ya que sin fe en un sacrificio redentor es imposible agradarle. Abel entendió esto, y por la fe ofreció un sacrificio más excelente que Caín. Fue justificado por fe: él mismo estaba justificado delante de Dios y sus obras eran justas (Heb. 11:4; 1 Juan 3:12). Al considerar nuestro estado pecaminoso y depravación total, hace que reconozcamos la necesidad de tal ofrenda. Abel significa "aliento" o "vanidad".

El primer homicida: Caín

El favor de Dios hacia Abel sirvió sólo para remover los celos y el odio en el corazón de Caín. Cuando estaban en el campo, Caín se levantó contra Abel su hermano y lo mató (v. 8), convirtiéndose así en el primer homicida.

El pecado toma diversas formas y sombras. Adán pecó contra Dios, mientras que Caín pecó contra su prójimo, este último mostrando la combinación de maldad interior y violencia exterior. Esta es la manera en que el pecado, una vez nacido en el corazón, se manifiesta más tarde. Después vemos de nuevo esta reacción en Génesis 6: "Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia" (v. 11; véase v. 5).

Incluso después de este crimen, Dios se manifestó en gracia a Caín, aunque ya le había avisado previamente acerca del pecado que está a la puerta (v. 7). Pero Caín rehusó escuchar. Después de haber matado a Abel, Dios fue a buscarlo para pedirle explicaciones. Aunque fue condenado a destierro por el resto de sus días, se le preservó la vida, ya que la pena de muerte no existía aún (cf. Gen. 9:5‑6). Este era un caso de homicidio a sangre fría, y la sentencia de Caín debería haber sido la muerte. Pero recibió gracia de parte de Dios, quien le marcó en la frente para que nadie que lo encontrase lo matara y se marchara impune (v. 15, 24).

Es importante también destacar que Dios mismo actuó como el Vengador de sangre, pues el gobierno del hombre no se había instituido todavía. Dios se cuidó de los intereses de Abel y pidió cuentas a Caín: "¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a Mí desde la tierra" (v. 10).

Caín, el primer asesino, es una figura peculiar del pueblo infiel de Israel que permanece culpable de la muerte de Cristo. Igual que Caín fue un fugitivo y un errante en la tierra, los israelitas fueron esparcidos entre las naciones después de que el Mesías fuera cortado de la tierra de los vivientes.

Caín se alejó de la presencia de Jehová (como Jonás, véase Jon. 1:3), y se estableció en la tierra de Nod (= errante). Su actitud es la típica del hombre que se ha alejado de Dios, y cuyo camino lo aleja más y más de Él. El camino de Caín lleva a la ruina (Jud.: 11), y aunque pareció sentir su culpa, no era el dolor pío que produce arrepentimiento para salvación; era el dolor del mundo que produce la muerte (Gen. 4:13; 2 Cor. 7:10).

Abel y Cristo

Fijémonos ahora en Abel como tipo de Cristo, pues el Nuevo Testamento nos dice que la sangre de Cristo habla de mejores cosas que la de Abel (Heb. 12:24). Mientras que la sangre de Abel clamaba venganza contra el malhechor, la sangre de Cristo habla de la redención que Él obtuvo para los pecadores culpables. La sangre de Cristo no clama retribución de ningún tipo, sino redención, remisión y salvación: "Y Jesús dijo: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Luc. 23:34). "Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes. Pero Dios ha cumplido así lo que antes había anunciado por boca de todos Sus profetas, que Su Cristo había de padecer" (Hech. 3:17-18).

Aunque fue cortado de la tierra de los vivientes, fue precisamente la manera que Dios había preparado para que Él llevara mucho fruto (Juan 12:24). Por Su muerte y resurrección, Cristo se ha convertido en la Cabeza de una raza nueva. Después de ser librado de los dolores de la muerte, ha redimido a un pueblo para Sí, en medio del cual canta la alabanza de Dios (Sal. 22:22‑23; Heb. 2:12). Habiéndose ofrecido por el pecado y llevado el pecado de muchos, Él ve el fruto de la aflicción de Su alma, un linaje de creyentes (Isa. 53:10‑12).

LOS HIJOS DE LUZ Y LOS DE LAS TINIEBLAS

Set, el sustituto de Abel

Si Abel es el tipo de Cristo muerto, Set es un tipo del Señor resucitado. Set, cuyo nombre significa sustitución (véase Gen 4:25), pasó a ocupar el lugar del difunto Abel. Se convirtió en la cabeza de los hijos de luz, la simiente de la mujer, mientras que Caín fue el cabeza de familia de los impíos, la simiente de la serpiente, el linaje de las tinieblas. Estas dos líneas en Génesis 4 y 5, el linaje impío de Caín y el linaje fiel de Abel, son completamente opuestos el uno al otro. Esto explica porqué estos capítulos se relacionan con el primer día de la creación, cuando Dios separó la luz de las tinieblas, el día de la noche (Gen. 1:3‑5).

Entonces la diferencia entre los dos hermanos Caín y Abel continuó en estas dos familias. La descendencia de Caín era opuesta a la de Set, aquel que reemplazó a Abel. Igualmente, los hijos del mundo son distintos de los hijos de Dios que tienen la imagen del Señor resucitado. ¿Tomamos como ejemplo a la Cabeza de la nueva creación? Si así es, tendremos las nuevas características de los hijos de luz aquí descritas.

Los descendientes de Set

Entre la descendencia de Set descubrimos a muchos creyentes dignos de mención:

- Creyentes tales como Enós (= mortal), que invocó el nombre de Jehová en la certeza de su propia mortalidad y vulnerabilidad (Gen. 4:26, Sal. 8:4, 144:4).

- Los hijos de luz como Enoc (= dedicado, o maestro), que caminó con Dios y le fue dada luz para los planes y pensamientos de Dios incluso en el futuro lejano (Gen. 5:22, 24; Heb. 11:5, Jud.: 14‑15).

- Hijos del día como Noé (= descanso, o consuelo), quien obtuvo gracia ante los ojos de Dios y, como una salutación del nuevo día, trajo consuelo a una tierra maldecida (Gen. 5:29; 6:8; Heb. 11:7; 1 Ped. 3:19‑22; 2 Ped. 2:5; 3:5‑6).

Noé, el predicador de justicia, fue salvado por Dios dentro del arca cuando sucedió el diluvio. Cristo mismo comparó los días de Noé antes del diluvio al día de Su venida (Mat. 24:37‑39). En otras palabras, este período es una figura de los últimos días previos a la venida del Hijo del Hombre. Él vendrá inminentemente, como un ladrón en la noche, y Su venida traerá un juicio devastador sobre los impíos. La injusticia en la tierra será tan descollante que el juicio de Dios no tardará en manifestarse.

El diluvio nos habla de la marea de la ira de Dios que inundará el mundo hacia el final de los tiempos, y también señala el juicio final que será llevado a cabo, no por agua, sino por fuego (2 Ped. 3:7). La traslación de Enoc al cielo, como un paréntesis en la frase "y murió" repetido a menudo en Génesis 5, es un tipo del rapto de los santos. Tal como Enoc fue traspuesto antes del gran diluvio, asimismo la Iglesia será arrebatada para encontrar al Señor en el aire antes de que los juicios del Apocalipsis acontezcan (1 Tes. 4:15‑18;  Ago. 3:10). Noé fue salvado a través de las aguas del diluvio que arrasaron la tierra. En este sentido, es un tipo del remanente del pueblo de Israel, que será protegido cuando pase por los juicios de la gran tribulación con el fin de entrar a salvo en la nueva tierra milenial.

El linaje de Caín

El libro del Génesis muestra un intenso contraste entre los hijos de luz y la familia de Caín, el hombre alejado de Dios, fundador de una civilización sin Dios. Aunque vivió alejado de la presencia de Jehová, Caín todavía insistió en encontrar un lugar seguro en esta tierra para vivir. Construyó la primera ciudad en la historia del mundo, y llamó su nombre según el nombre de su hijo, Enoc (Gen. 4:17).

Nimrod, que significa rebelde, fue el nombre del segundo constructor de ciudades, conduciendo a la humanidad a rebelión abierta contra Dios (Gen. 10:10‑12). Sin embargo, Abraham es el ejemplo eminente que deberíamos considerar. En un mundo sin Dios, Abraham se convirtió en un peregrino marchando hacia una mejor ciudad celestial, cuyo arquitecto y constructor es Dios mismo (Heb. 11:10).

Aunque el hombre era un proscrito de Dios, las pruebas de la bondad de Dios no permanecieron ocultas ante él. Dios hace todavía brillar su sol sobre los buenos y los malos, y envía la lluvia sobre los justos e injustos (Mat. 5:45). Él nos concede las lluvias del cielo y los tiempos fructíferos, llenando nuestros corazones de sustento y alegría (Hech. 14:17). No obstante, a pesar de todas las manifestaciones de la gracia de Dios, el camino de Caín le hizo apartarse más y más de Él.

Es poco probable que su hijo Enoc estuviera familiarizado con los pensamientos de Dios, como fue en el caso del portador del mismo nombre en el linaje fiel de Set: Enoc, el séptimo desde Adán (Jud. 14). Verdaderamente, los descendientes de Caín mostraron ser gente muy creativa, ya que se valieron de sus habilidades en la forja del hierro para hacer armas y del talento musical para escribir ¡una canción de venganza! La línea de Caín finaliza en la fuerza bruta de Lamec (Gen. 4:23‑24).

La corrupción del hombre

Génesis 6 nos enseña la degradación absoluta de la raza humana sin Dios. La maldad del hombre era grande en la tierra, que estaba llena de violencia. Después de la caída, el hombre caminó guiado por la luz de su conciencia, ayudándole a discernir entre el bien y el mal.

Como ningún gobierno humano se había establecido todavía y la maldad del hombre no era castigada inmediatamente, el resultado vino a ser una corrupción universal. Mostrando paciencia durante mucho tiempo, Dios actuó y puso un final a esta situación por medio del juicio diluviano. Solamente después del diluvio se establecieron autoridades humanas para refrenar la maldad del hombre, especialmente la violencia y el derramamiento de sangre (Gen. 9:5‑6).

Durante todo este tiempo terrible previo al diluvio, podemos ver las fuerzas satánicas en acción. En Génesis 6:1‑4 leemos acerca de los casamientos entre los hijos de los hombres (ángeles caídos que no habían guardado su primer estado original, cf. Job 1 y 2; 2 Ped. 2:4; Jud.: 6), y las hijas de los hombres. Después de que toda relación ilegítima fuera destruida por el diluvio, las fuerzas del mal asumieron una forma diferente al introducirse la idolatría, la adoración de los demonios (Deut. 32:17; Jos. 24:2; 1 Cor. 10:20). Abraham fue llamado a dejar este mundo idólatra, con el fin de convertirse en el progenitor de un pueblo que sería puesto aparte para el Señor y para practicar la santidad.

El crecimiento de los poderes diabólicos antes del diluvio establece el paralelo entre esa época y el final del tiempo previo a la venida del Señor, un tiempo que vendrá determinado por las actividades sin precedentes de Satanás (Mat. 24:11, 15, 24; 2 Tes. 2:3-12; Ago. 13). Entonces, seamos prudentes y andemos como hijos de luz e hijos del día. Porque Dios no nos ha puesto para ira (los juicios de Dios atacarán a este mundo infiel), sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros, para que vivamos juntamente con Él (1 Tes. 5:4-10).

EL ARCA DE NOÉ

El significado de "las aguas"

La vida de Noé fue caracterizada por el agua en dos aspectos diferentes. Está claro que nos referimos a las aguas del diluvio, por las cuales el mundo que existía entonces pereció. El agua en las Escrituras tiene generalmente un significado positivo, ya que es una de las primeras necesidades de la vida humana (cf. Juan 7:37‑39; 1 Cor. 10:4; Ago. 22:17). Pero se usa también para indicar cosas negativas, tales como juicios y maldiciones (cf. Sal. 42:7; 66:12; 69:2; 109:18). Las aguas del diluvio llovieron sobre la tierra en juicio devastador, del cual Noé se salvó únicamente en el arca,  el medio de salvación para él y su familia.

Por otro lado, las Escrituras nos dicen a veces que las aguas son un tipo de las multitudes turbulentas e incesantes (Isa. 8:7‑8; Jer. 47:2; Ago. 17:15). Este sentido metafórico de la palabra puede ser hallado también en la vida de Noé, en los días después del diluvio. Empezó entonces una nueva era, al separarse como aguas que corren en todas direcciones los pueblos y las naciones de la tierra.

El Arca de la salvación

El arca de Noé es un tipo maravilloso de Cristo, el Arca de nuestra salvación. Sin Él, me encuentro perdido, y la ira de Dios permanece sobre mí (Juan 3:36). Solamente en Él me encuentro seguro de las aguas del juicio, pues "no hay condenación para los que están en Cristo Jesús" (Rom. 8:1). Cristo nos protege del juicio. Las aguas de la muerte han servido para bien ahora que Él nos ha puesto sobre un terreno completamente nuevo y en una esfera nueva donde permanecemos delante de Dios.

Esto también es expresado en el bautismo: el lavamiento del agua que habla, por una parte, de la muerte, y por otra, de la nueva vida en Cristo Jesús el Señor (Rom. 6:3‑4; 1 Ped. 3:20‑21). Fuimos sepultados con Él en la muerte por el bautismo, a fin de que alcanzásemos una nueva posición y caminásemos en novedad de vida. La vida de Moisés nos ofrece algo similar. Fue "sepultado" en las aguas del río Nilo en una arquilla de juncos, y de esta manera fue salvado por agua y sacado fuera de las aguas de la muerte. Génesis 6 y Éxodo 2 usan la misma palabra hebrea para el arca de Noé y la arquilla en que Moisés fue salvado.

El arca de Noé era un barco enorme de madera de trescientos codos de largo, cincuenta codos de ancho y treinta codos de alto (un codo es cerca de medio metro). Tenía tres cubiertas con compartimentos o habitaciones que servían como cámaras de vivienda y lugares de almacenamiento. Había una entrada en uno de sus lados, una puerta que Dios mismo cerró (Gen. 6:16; 7:16). Tenía también una ventana arriba del todo, la cual Noé abrió más tarde para enviar al cuervo y a la paloma (Gen. 8:7‑8).

Mirando el arca como un tipo de Cristo, el Arca de nuestra salvación, la madera como el fruto de la tierra nos habla de Su verdadera Humanidad (véase Isa. 4:2; 53:2). Hay un solo Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo Hombre (1 Tim. 2:5).

Noé tuvo que cubrir o calafatear el arca con brea por dentro y por fuera. Estas dos palabras en hebreo se traducen "(hacer la) expiación" y "rescate" en el resto del Antiguo Testamento. Este cubrimiento es una figura del poder redentor de la sangre de Cristo que cubre nuestros pecados, nos hace aceptos a Dios y nos libra del juicio.

La puerta en un lado del arca nos recuerda el costado traspasado de Cristo que abre el camino hacia la salvación para todo pecador (Juan 19:34‑35; 1 Juan 5:6‑9). Cristo es la puerta. Si alguien entra por Él, será salvo (Juan 10:9).

Las habitaciones o aposentos (literalmente nidos) dentro del arca significan la protección y seguridad que son la porción de todos aquellos que están en Cristo: "Y ahora, hijitos, permaneced en Él" (1 Juan 2:28). En este sentido, Él es como un santuario (Isa. 8:14). Recordemos que el templo de Salomón tenía también habitaciones en tres pisos, igual que en el arca (Gen. 6:16; 1 Reyes 6:4‑5). En la casa de Dios hay muchas mansiones, y hay lugar para todo el que cree.

Finalmente, el arca tenía una ventana, una abertura para la luz. De la misma manera, Cristo reveló la luz desde arriba, luz divina celestial en una escena de oscuridad y confusión (Juan 1:9; 3:12-13, 31‑32).

El arca de Noé enseña también una lección práctica a los padres creyentes. Igual que Noé preparó un arca para la salvación de su familia (Heb. 11:7), del mismo modo ellos deben conducir a sus hijos hacia Cristo y llevarlos al lugar de seguridad.

Un nuevo comienzo

Cuando las aguas se secaron de la tierra, la paloma que Noé envió halló un lugar de reposo donde apoyó su pie. La paloma es un tipo del Espíritu Santo (Juan 1:32‑34). El Espíritu descendió y reposó sobre Cristo, porque Él era el Hijo amado en quien el Padre halló complacencia. Ningún pecado podía hallarse en Él, por lo tanto, Dios pudo establecer Su sello sobre Él. Después de la cruz y la glorificación de Cristo en el cielo, el Espíritu Santo ha hallado un lugar permanente de reposo sobre la tierra en la Iglesia (Juan 7:39; 16:7; Hech. 2:33).

Las aguas del juicio nos han hecho bien y Dios nos ha dado Su Espíritu, "el Espíritu de Su Hijo" (Gal.. 4:6). Sobre la base de la obra consumada de Cristo, Dios encuentra satisfacción en nosotros también. Habiendo creído en Cristo, somos sellados con el Espíritu y debemos caminar en novedad de vida por el Espíritu. Luego, llevaremos fruto para Dios por el Espíritu, como una "hoja de olivo" fresca que fue hallada en la tierra purificada (Gen. 8:11; véase Zac. 4).

EL PACTO NOÉICO

Las bases del pacto

Después de abandonar Noé el arca y poner los pies sobre la nueva tierra, construyó un altar a Jehová y ofreció holocaustos de cada animal limpio y de toda ave limpia (Gen. 7:2; 8:20). De esta manera rindió homenaje a Dios por Su maravillosa salvación. El holocausto, con su aroma de suave olor (literalmente aroma de reposo) subiendo al cielo, es un tipo del sacrificio de Cristo, con el que Dios está plenamente satisfecho (Gen. 8:21; Lev. 1:9; Efes. 5:2; Heb. 9:14). Ya hemos visto la gran importancia de un sacrificio en el cual la sangre redentora fue vertida, en las vidas de Abel y de la primera pareja de la humanidad (Gen. 3 y 4). Luego, en Génesis 22, encontramos una indicación de que el mismo Hijo del Padre tuvo que derramar Su alma hasta la muerte y que había de convertirse en el Cordero de Dios.

Los sacrificios ofrecidos aquí por Noé constituyen la base del pacto de Dios con él, su descendencia y con cada criatura sobre la faz de la tierra (Gen. 9:9‑10). Desde entonces el hombre viviría en una tierra purificada en virtud de la aceptación de la ofrenda quemada. El hombre encontraría el favor de Dios, aunque él mismo no fuera mejor que el género humano de antes del diluvio, porque todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal (Gen. 6:5; 8:21). El hombre gozaba del favor de Dios por el valor de su ofrenda, el suave aroma que subió hacia Dios y le dio reposo. Así, Dios derramó Su favor sobre Noé y su descendencia, y sobre toda carne que habitaba la tierra. Incluso la tierra misma salió beneficiada y fue incluida en el pacto de Dios (Gen. 8:21‑22; 9:11‑13).

Dios muestra del mismo modo Su bondad para con el hombre en los fundamentos del sacrificio de Cristo, aunque por medio de la muerte de Jesús la corrupción del hombre ha sido plenamente descubierta. Dios es paciente con el hombre y le transmite las Buenas Nuevas. Dios todavía permite que la tierra exista, y Él sostiene todas las cosas por Su poder. Para nosotros, los creyentes, esto es una prueba clara de la gracia de Dios y del valor de la obra acabada de Cristo. ¡También nos abre la esperanza de un cielo nuevo y una tierra nueva!

Las provisiones del pacto

Dios preparó un nuevo comienzo con Noé, quien se transformó en el primer gobernante del nuevo mundo postdiluviano. Recibió una posición comparable con la de Adán (Gen. 1:28; 9:1-2). Existen, sin embargo, diferencias mayores entre Adán y Noé, como lo es el hecho de que a partir de aquel momento el gobierno del hombre sobre el reino animal iba a ser impartido con miedo y temor (v. 2). No encontramos lo mismo en el principio de la creación, cuando todo lo que Dios creó era muy bueno. Demuestra que la armonía original entre las criaturas había sido interrumpida.

Además, "todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo" (v. 3). Aquí leemos por primera vez acerca de comida animal para el hombre, ya que hasta entonces sólo las hierbas eran el sustento de ambos. Esta nueva dieta contenía una importante lección espiritual para el hombre caído, principalmente que el hombre iba a vivir ¡por la muerte de un sustituto! Ésta es una verdad que los vegetarianos, por ejemplo, rechazan con error (1 Tim. 4:3‑5).

En cuanto al comer de la carne, fue dada una restricción: "Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis" (v. 4). Había de ser comida sin sangre. Por este medio, el que comía reconocía que solamente Dios el Creador tiene autoridad sobre la vida que se encuentra en la sangre (Lev. 7:26‑27; 17:10‑14). La sangre no era para comer, sino para remisión del hombre pecador: "Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona" (Lev. 17:11; véase Rom. 3:25).

Hechos 15 reitera esta regla. Este capítulo confirma que, por medio del pacto noéico, la prohibición de comer sangre no se establecía sobre Israel únicamente, sino también sobre la humanidad entera. Por tanto, los creyentes de entre los gentiles habían de abstenerse de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre (Hech. 15:20). Estas instrucciones se basan en el orden de la creación y en el pacto de Dios con Noé, constituyendo una mira más amplia que el pacto mosaico.

Siguiendo a la prohibición de comer la sangre, hallamos otra, la de derramar sangre de hombre. De este modo se estableció lo sagrado de la vida humana: "El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre" (v. 6). Esto también suponía la instauración del gobierno humano, es decir, autoridades humanas que llevaran a cabo esta sentencia, castigando y refrenando el mal (véase Rom. 13:1‑4).

Un pacto perpetuo

La primera referencia de la palabra pacto se encuentra en la historia de Noé (Gen. 6:18; 9:9‑17). Pero el pecado de Adán puede considerarse ya una ruptura del pacto edénico (Os. 6:7). El pacto noéico es principalmente unilateral, es decir, una promesa de la parte de Dios de que nunca jamás ocurrirá un diluvio para destruir la tierra y a la humanidad (v. 11).

Como hemos dicho antes, tiene también un carácter universal. Se refiere a la humanidad lo mismo que al reino animal en la tierra, en una palabra, a la creación entera (v. 9-10). Dios lo llamó también un pacto perpetuo (v. 16). El pacto noéico durará durante todo el tiempo que la tierra exista, hasta el día en que ésta sea destruida, no por agua, sino por fuego (2 Ped. 3:3-7).

Para acabar, Dios ha dado una señal visible de Su pacto: el arco iris será visto en las nubes para recordarnos la fidelidad de Dios. Este arco asegura al hombre que en la bondad de Dios no existen límites. Cuando comienza a llover, la gente puede observar el arco en las nubes y saber que no deben temer otro diluvio universal. Esta señal nos recuerda la promesa misma de Dios de no volver a destruir esta tierra con aguas de diluvio (v. 16-17).

LA PROFECÍA DE NOÉ Y EL GÉNERO HUMANO DESPUÉS DEL DILUVIO

Noé, el regidor de la nueva tierra

Después del diluvio, Noé actuó como el primer gobernante sobre la nueva tierra. Pero, ¡qué poco tardó en cometer sus fallos, cuando al perder el control, se sometió bajo los efectos de la embriaguez! Ningún mal hay en el fruto de la viña, una de las bendiciones de la Tierra Prometida, pero las Escrituras se oponen al abuso del vino. Los creyentes son llamados a ser sobrios y vigilantes, sin embriagarse con el vino que conduce a la inmoralidad (Deut. 8:8; Jue. 9:13; Sal. 104:15; Rom. 13:13; Efes. 5:18; 1 Tes. 5:6‑7; 1 Tim. 5:23).

Cuando Noé estaba ebrio, no sabiendo lo que hacía, yacía descubierto en su tienda. Su hijo Cam vio la desnudez de su padre y lo contó a sus dos hermanos que estaban fuera (Gen. 9:21‑22; véase Lev. 18:6-7). A diferencia de sus hermanos Sem y Jafet, quienes de la manera más apropiada cubrieron a su padre otra vez, Cam no actuó con prudencia.

Cuando Noé digirió su vino, se despertó y vio lo que Cam le había hecho. Acto seguido pronunció un juicio importante (Gen. 9:25‑27). Otras declaraciones proféticas similares fueron hechas por los patriarcas Isaac y Jacob (Gen. 27 y 49).

La maldición de Canaán

La profecía de Noé consta de dos partes: una bendición y una maldición. Maldijo a Cam a causa de su mal comportamiento hacia su padre, pero fue su propio hijo, Canaán, quien fue atacado. "Y dijo: “Maldito sea Canaán, siervo de siervos será a sus hermanos" (v. 25). Sobre la base de este pasaje la discriminación de la raza negra no puede justificarse (Cam = caliente; negro). La maldición alcanzó claramente a Canaán, cumpliéndose con toda su fuerza en la conquista de la Tierra Prometida por los Israelitas, aunque la sumisión de los cananeos tardó muchos más siglos en realizarse, pues aun en los días de Abraham la maldad del amorreo no era aún completa (Gen. 15:16).

De este modo Canaán vino a ser esclavo de Sem: "Y sea Canaán su siervo" (v. 26). Se repite el mismo hecho para Jafet (v. 27). La servidumbre de Canaán para Jafet se hizo evidente porque la historia lo manifiesta; este país fue sojuzgado por los poderes mundiales que lo rodeaban, tales como los Medas y los Griegos, que son descendientes de Jafet.

La bendición para Sem y Jafet

Estos dos hermanos fueron, no obstante, bendecidos. Su padre Noé les bendijo con estas palabras: "Bendito por Jehová mi Dios sea Sem" (v. 26), y "Engrandezca Dios a Jafet, y habite en las tiendas de Sem" (v. 27). La bendición especial de Sem era que Dios estaba con él. Dios es llamado Jehová, el Dios de Sem. Sem simplemente significa nombre. Su nombre está aquí vinculado con el Nombre que es sobre todo nombre: YHVH, o Yahveh, el eterno YO SOY (Éx. 3:14). Si Jehová es el Dios de Sem, luego Sem debe ser feliz y bendecido, así como su posteridad. Si Dios es con nosotros, ¿de quién temeremos?

Esto no era solamente válido para Israel, el pueblo descendiente de Sem que gozaba de una relación con Jehová. Se aplica también a los cristianos. Dios nos ha bendecido grandemente, y no hay maldición que nos maldiga (Rom. 8:31‑34). Además, le llamamos ahora nuestro Padre en el Señor Jesucristo, de manera muy íntima y personal. Esto se desconocía en tiempos del Antiguo Testamento (Juan 20:17; Rom. 8:15; Gal.. 4:6; Heb. 2:12).

Como Jehová, Dios tenía un vínculo especial con Israel, Su pueblo redimido (Éx. 3:13‑18; 6:1‑8). Aun este nombre fue también usado en el libro del Génesis cuando Dios entró en relación especial con Su creación y con el hombre. El hecho de que así fuera, tenía que ver con Su presciencia y predestinación. Esto queda clarificado en la profecía de Noé en Génesis 9 y en las siguientes genealogías en Génesis 10 y 11:

- Pues Dios ha bendecido a Sem (9:26),

- y Sem fue padre de todos los hijos de Heber (10:21),

- y Heber fue el antepasado de Abram (11:10-26).

Ello demuestra cómo la línea de la gracia de Dios va desde Sem cruzando por Heber (= pasando sobre; región al otro lado) hasta Abraham, el progenitor del pueblo de Israel. Dios estableció Su pacto con un pueblo de peregrinos que sacó fuera de un mundo idólatra para servir al Dios vivo y verdadero. El Dios de Sem era el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios de los Hebreos (= pasando sobre).

El conocimiento del Nombre de Dios y de Su revelación distinguía a Israel de las otras naciones. Con todo, Dios veló sobre las naciones gentiles y las bendijo también. Dios bendijo a Sem, pero también a Jafet (= amplio). Jafet había de convertirse en el progenitor de la naciones que iban a expandirse hacia el norte y el oeste, sobre quien caería el dominio de los entonces bien conocidos imperios (medo, griego y romano). Dios extendería la descendencia de Jafet y los haría habitar en las tiendas de Sem (Gen. 9:27).

En el sentido literal, estas palabras pueden referirse a la expansión del dominio de Jafet incluso sobre las tribus semíticas, pero el significado más profundo de la profecía de Noé es que las naciones encontrarían su verdadera bendición sólo entre las tiendas de Sem, al compartir con ellos el conocimiento del Nombre de Dios. Como creyentes de entre los gentiles, nosotros hemos hallado un refugio en las tiendas de Sem, pues la salvación viene de los judíos (Juan 4:22; Rom. 9:5).

La mano de Dios en la historia del hombre

Así nos muestra la profecía de Noé la mano de Dios en la historia del mundo, lo cual se confirma en las genealogías de Génesis 10 y 11. Es Dios quien determina el curso de las cosas y divide su herencia a las naciones (Deut. 32:8; Hech. 17:26). Las tablas de naciones en Génesis 10 contienen también un sinfín de datos geográficos. El capítulo comienza con Jafet, a quien se le prometió la gran expansión. De los hijos de Jafet, los pueblos gentiles de los litorales fueron separados hacia sus tierras, cada uno según su lengua (v. 5). De los hijos de Cam y Sem se indica también que se separaron conforme a sus lenguas.

Esta división de las naciones de la tierra no tuvo lugar inmediatamente después del diluvio. Sucedió después de la construcción de la torre de Babel y el juicio siguiente de la confusión de las lenguas. Estos eventos se relatan en Génesis 11:1‑9. No se sabe con certeza si la división de la tierra en los días de Peleg se refiere también al esparcimiento de la humanidad por toda la faz de la tierra (Gen. 10:25). Algunos expositores sostienen el punto de vista de que la superficie de la tierra fue literalmente dividida a causa de la deriva de los continentes, que debió de ocurrir después del diluvio.

Jafet no recibió directamente el dominio sobre el mundo. Génesis 10 nos cuenta que Cam tiene un lugar más destacado. Él fue el ascendiente de los egipcios, los asirios y los babilonios, quienes primero gobernaron el mundo primitivo. En los registros de los hijos de Cam es especialmente Nimrod quien llama más la atención, y se nos da mucha información acerca de los habitantes de Canaán, la herencia futura de Israel.

LA TORRE DE BABEL

Babel, raíz de la ciencia astrológica y la idolatría

La descripción de Nimrod (=rebelde) en Génesis 10, el primer déspota de la era postdiluviana, nos presenta la construcción de la ciudad y el desarrollo de la torre de Babel. La rebelión del hombre en la torre condujo de nuevo directamente a una intervención divina en la historia de la humanidad. Allí se desmanteló el poder y la unidad que el hombre perseguía, confundiéndoles su único lenguaje y desuniéndolos al ser esparcidos sobre la tierra.

Después del diluvio la gente pasó más hacia el este, igual que Caín huyó de la presencia de Jehová y habitó al este de Edén (Gen. 4:16; 11:2). Encontraron una llanura en la tierra de Sinar (Babilonia), que era adecuada para establecerse allí. Pero según el testimonio claro de las Escrituras, esta tierra pronto se transformó en el origen de la idolatría y la astrología (cf. Jos. 24:2; Dan. 1:2; Zac. 5:11). Tendrá su equivalente hacia el tiempo final en Babilonia la grande, que será llena de idolatría (Ago. 17 y 18).

Después de que la gente se hubiera establecido en la tierra de Sinar, idearon un plan para construirse ellos mismos una ciudad y una torre cuya cúspide llegara al cielo. Serviría como símbolo de unidad de la indivisible raza humana y el centro de su poderío (Gen. 11:4). La torre debe haber sido un zigurat babilónico, una estructura piramidal característica de la arquitectura religiosa asirio-caldea. Constituía el elemento primordial de los templos, que los astrólogos usaban. La subida a la torre era un acercamiento meritorio hacia los dioses, y su cima era considerada la entrada al cielo.

Nimrod, vigoroso cazador delante de Jehová

Como uno de los fundadores de la civilización babilónica, Nimrod estuvo involucrado en la construcción o reconstrucción de Babel y otras ciudades de la tierra de Sinar (Gen. 10:10). Más tarde construyó también Nínive, la gran ciudad (Gen. 10:11‑12; véase Jon. 1:2; 3:2; 4:11). Así siguió Nimrod la línea de Caín, el primer constructor de una ciudad. Sin embargo, la capital de su reino no era la ciudad del Dios vivo, sino la del hombre pecador que quería ser como Dios. La construcción de esta ciudad era la expresión del orgullo y presunción del hombre.

Nimrod es descrito como "el primer poderoso en la tierra" y también un "poderoso cazador delante de Jehová" (Gen. 10:8‑9). Fue un gran tirano y gobernante de los hombres. Por lo visto, abusaba del principio de gobierno humano que Dios había establecido después del diluvio para reprimir a pueblos y naciones. No obstante, los hombres que Dios escoge para realizar Sus planes no son cazadores, sino pastores como Abel, Abraham, Moisés, David y Cristo mismo, el buen pastor de Sus ovejas.

Aunque Babel parecía ser un punto elevado en el desarrollo de la humanidad, era en realidad un punto vil que demostraba lo bajo que el hombre había caído y lo lejos que se había apartado de Dios. Babel era el símbolo del orgullo humano, el lugar donde se dijo: "Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre" (Gen. 11:4). Muchos siglos después, el rey Nabucodonosor exclamó: ¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?" (Dan. 4:30). Pero existe un límite en la altivez del hombre, ya que el Altísimo es capaz de humillar a los que caminan con soberbia. Esto experimentó Nabucodonosor, lo mismo que la gente que construyó la torre de Babel.

En el final del tiempo, esto sucederá otra vez, cuando el futuro dictador mundial se exaltará a sí mismo pretendiendo ser Dios. En Nimrod podemos ver el tipo del último regidor mundial. En el libro del Apocalipsis es descrito como una bestia, no un hombre (véase  Dan. 4). Me refiero ahora al futuro dictador del imperio romano revivido, que tendrá lazos de amistad con Babilonia la grande de aquellos días (Ago. 13 y 17).

La confusión de las lenguas

La humanidad indivisible, sin conocer al Dios verdadero, sirvió a los ídolos y quiso hacerse un nombre para ella sola. Aquí vemos cómo el hombre sin Dios se alaba a sí mismo e intenta alcanzar el cielo. Dios puso un final a su ambición confundiendo el único lenguaje del género humano, esparciéndolos de este modo sobre la faz de toda la tierra. No es el nombre del hombre orgulloso, sino el nombre de Dios el que debe ser excelente en toda la tierra (Sal. 8:1,9). La actividad del hombre orgulloso fue contestada por la actividad de Dios, ya que Él dijo: "Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua". Babel significa confusión (Gen. 11:7-9).

Las gentes no se podían entender más y eran incapaces de trabajar juntos. Entonces, el esfuerzo de unión y fortaleza fue cortado repentinamente. Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. Desde entonces, Dios permitió a las naciones seguir su propio ritmo de vida, aunque la providencia divina determinó sus tiempos preasignados y las fronteras de sus habitaciones (Hech. 14:16; 17:26). Pero Dios fue en Su camino especial con Abraham, a quien sacó fuera de una tierra idólatra, y con Su pueblo escogido, Israel, hasta la venida de Cristo, quien daría otra vez al pacto divino con la raza humana un carácter claramente universal.

Con la venida de Cristo a este mundo, Dios no vino al hombre en juicio, sino en la plenitud de Su gracia (Juan 1:14‑18). Hasta aquel entonces, era del todo claro que el hombre pecaminoso era incapaz de alcanzar el cielo y acercarse a Dios. Ello demuestra el gran contraste entre estos dos lugares: Babel y Belén. Babel nos habla del orgullo del hombre que quiere alcanzar el cielo, pero Belén testifica de la mansedumbre del Señor del cielo, quien cubrió Su gloria y visitó al hombre en gracia.

Babel y Jerusalén

Debemos notar un mismo contraste entre Babel y la ciudad de Jerusalén en el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo descendió del cielo y la sentencia de la confusión de las lenguas fue más o menos cambiada. Los apóstoles fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen. La gente estaba confundida, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua (Hech. 2:4-12). Desde Babel, los hijos de los hombres fueron esparcidos sobre la faz de toda la tierra, pero en la ciudad del gran Rey, Dios mismo creó un nuevo hombre, un cuerpo de creyentes de cada tribu, lengua, pueblo, linaje y nación. Todos los verdaderos creyentes son miembros del cuerpo de Cristo, miembros de la Iglesia, y Cristo es su Cabeza en el cielo. De esta manera, la nueva unidad que Dios ha formado desde el día de Pentecostés es lo contrario de la dispersión en la torre de Babel.

También Pentecostés es una diferencia clara de la dispensación de la Ley, la cual Pablo llama el ministerio de la muerte y el ministerio de condenación (2 Cor. 3:7-9). Cuando Moisés dio la Ley y ésta fue violada en seguida por Israel, tres mil hombres del pueblo cayeron aquel día (Éx. 32:28). Pero en el día de Pentecostés, cuando el Espíritu fue derramado y la gracia de Dios abundó para muchos, tres mil almas fueron salvadas (Hech. 2:41).

Como ya hemos visto, la antigua Babel tendrá su equivalente en Babilonia la grande al final del tiempo (Ago. 17 y 18). El último libro de la Biblia describe claramente la diferencia entre esta ciudad, la ciudad del hombre, y la ciudad de Dios, la nueva Jerusalén, la esposa del Cordero (Ago. 21 y 22). La ciudad de Dios, el trono celestial de gobierno en el Reino futuro, descenderá del cielo de Dios. Esta ciudad celestial es el regalo de Dios a la humanidad y el trono del reinado milenial de Cristo. Dios destruirá para siempre el orgullo del hombre y reemplazará la ciudad del hombre con Su ciudad, que será la luz del mundo. Esta es la ciudad de la esperanza verdadera.

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.

Apocalipsis 21:1-2
 

APÉNDICE I

La aplicación individual y dispensacional de Génesis 1

Los siete días de la creación

0. El principio original, siguiéndole el caos y la confusión.

1. Y dijo Dios: "Sea la luz" (Gen. 1:3). Él separa la luz de las tinieblas.

2. Dios separa las aguas debajo de la expansión de las aguas sobre la expansión.

3. Dios descubre la tierra seca y junta las aguas en un lugar. La tierra produce hierba, plantas y árboles frutales.

4. Dios hace las dos grandes lumbreras para que gobiernen el día y la noche, y también las estrellas.

5. Dios hace las aguas repletas de seres vivientes, y crea también las aves según su especie.

6. Finalmente, aparece el hombre, la joya de la creación de Dios y el regidor de las obras de Sus manos.

7. La obra de la creación finaliza en el descanso del séptimo día, el sábado, que es santificado y puesto aparte por Dios de los otros días. No se hace mención acerca del día o la noche del día séptimo.

Las siete biografías en el libro del Génesis

0. La vida de Adán: su creación y caída; su expulsión de Edén.

1. La vida de Abel en contraste con la de Caín. El linaje fiel de Set (Sustituto de Abel), en contraposición al linaje infiel de Caín.

2. La vida de Noé, muy caracterizada por las "aguas".

3. La vida de Abraham, llamado fuera de un mundo profano gentil, para servir al Dios verdadero y llevar fruto para Él.

4. La vida de Isaac, el hijo de la promesa, guiado por principios divinos y bendecido en Canaán.

5. La vida de Jacob transcurrida en su mayoría en el exilio que en la Tierra Prometida. Con todo, su vida se rige por principios divinos y celestiales.

6. La vida de José, el hijo amado de su padre Jacob. Su profunda humillación seguida por su exaltación al alto cargo de virrey y salvador del mundo.

El plan de la salvación a través de las edades

0. El periodo de la inocencia en el Paraíso, terminando en la caída del hombre.

1. El tiempo desde la caída hasta el diluvio, durante el cual el hombre caminó con la luz de su conciencia.

2. La dispensación del gobierno humano desde el diluvio hasta la construcción de la torre de Babel, después de la cual las naciones se dividieron en la tierra.

3. El tiempo de los patriarcas, los herederos de la promesa, y el pueblo de Israel bajo la Ley, lo que desunió al pueblo de Dios de los gentiles (las "aguas") para llevarle fruto.

4. El periodo actual de Cristo y la Iglesia, que en Cristo ha sido establecida en los lugares celestiales y otorga luz divina en la tierra.

5. El tiempo de la gran tribulación después del arrebatamiento de la Iglesia, en el transcurso del cual los mensajeros del Evangelio del Reino recogerán gran multitud de peces fuera del mar de pueblos y naciones (Mat. 13; Ago. 7), y Dios bendecirá también a los santos del Altísimo (Dan. 7).

6. El reino milenial, cuando todas las cosas se sujetarán a Cristo, el postrer Adán. Tal como José tomó una esposa pagana, la esposa de Cristo, la Iglesia, es (principalmente) tomada de los gentiles y comparte Su gloria real.

7. Al reino de Cristo le seguirá el estado eterno, cuando Dios será todo en todos (1 Cor. 15:24-28). Este es el reposo del Sábado eterno.

El crecimiento del creyente a una madurez espiritual

0. El pecador se convence de su condición pecaminosa por la obra del Espíritu Santo en su corazón.

1. Dios resplandece en el negro corazón del hombre con la luz del Evangelio, y separa la vida nueva de la vieja (2 Cor. 4:6).

2. En la vida del creyente, Dios divide las cosas celestiales de las cosas de aquí abajo (véase Rom. 7).

3. Dios diferencia a los Suyos del mundo. El pueblo de Dios está en el terreno de la resurrección, que no cesa de dar fruto, el fruto del Espíritu (Sal. 1:3; Gal.. 5:22; 6:8; Fil. 1:11).

4. El cristiano vive en la luz de Dios. Cristo es la gran Luz que gobierna su vida, y el creyente refleja la luz de Cristo sobre un mundo de oscuridad (Efes. 5:14; Fil. 2:15).

5. Las pruebas en la vida del creyente, la agitación de las aguas, apuntan a una presentación de fruto para Dios incluso en tiempos difíciles (Rom. 5:3). Después elevará su corazón al cielo en las alas de la fe.

6. El propósito de Dios para Sus hijos aquí en la tierra es que sean conformados a la imagen de Su Hijo. Cristo debe formarse en nosotros. Luego, creceremos a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Rom. 8:29; Gal.. 4:19; Efes. 4:13).

7. Tenemos paz para con Dios por la fe en Cristo, mas también gozamos de la paz de Dios y de la paz de Cristo (Mat. 11:29; Juan 14:27; Rom. 5:1; Fil. 4:7). De este modo entramos en el reposo de Dios mismo (Heb. 4:1-11).

APÉNDICE II

Referencias del Nuevo Testamento sobre Génesis 1-11

La creación del mundo (Génesis 1–2)

Mateo 13:35

"Declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo".

Marcos 13:19

"Porque aquellos días serán de tribulación cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios creó, hasta ese tiempo, ni la habrá."

Juan 1:3,10

"Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho... y el mundo por él fue hecho".

Hechos 4:24

"Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay".

Hechos 14:15

"Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay."

Hechos 17:24–25

"El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas."

Romanos 1:20

"Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa."

Romanos 1:25

"El Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén."

Romanos 4:17

"Dios... quien llama las cosas que no son, como si fuesen".

1 Corintios 8:6

"Para nosotros, sin embargo, sólo hay un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él."

"Pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y cada semilla como su propio cuerpo. No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de dos hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves. Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria."

2 Corintios 4:6

"Porque Dios que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo."

Efesios 1:4

"Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo."

Efesios 3:9

"Dios que creó todas las cosas por Jesucristo."

Efesios 3:14–15

"El Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra."

Colosenses 1:15–17

"Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en el subsisten."

1 Timoteo 4:3–4

"Prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad. Porque todo lo que Dios creó es bueno."

1 Timoteo 6:13

"Dios, quien da vida a todas las cosas."

Hebreos 1:2

"Dios, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo."

Hebreos 1:10

"Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos."

Hebreos 2:10

"Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas y por quien todas las cosas subsisten."

Hebreos 3:4

"Pero el que hizo todas las cosas es Dios."

Hebreos 4:3–4

"Aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo. Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día."

Hebreos 9:26

"De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo."

Hebreos 11:3

"Por la fe entendemos haber sido constituidos el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía."

Hebreos 12:26–27

"Pero ahora ha prometido, diciendo: aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo. Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles."

Santiago 1:17–18

"Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas."

1 Pedro 1:20

"Ya destinado desde antes de la fundación del mundo."

2 Pedro 3:4–5

"¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación. Estos ignoran voluntariamente, en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua, y por el agua subsiste."

Apocalipsis 2:7

"Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios."

Apocalipsis 4:11

"Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas."

Apocalipsis 10:6

"Por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él."

Apocalipsis 13:8

"Y todo el que habita sobre la tierra le adorará, todos cuyos nombres no han sido escritos desde la fundación del mundo en el Libro de la Vida del Cordero que ha sido inmolado."

Apocalipsis 14:7

"Temed a Dios, y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas."

Apocalipsis 21:1

"Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más."

Apocalipsis 22:1–2

"Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y a otro lado del río, estaba el árbol de la vida."

La creación del hombre (Génesis 1-2)

Mateo 19:4-6

"¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre."

Marcos 10:6-9

"Pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a la mujer; y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre."

Hechos 17:26

"Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten toda la faz de la tierra."

Hechos 17:29

"Siendo, pues, linaje de Dios."

1 Corintios 6:13-17

"Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo... ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor un espíritu es con Él."

1 Corintios 11:7-12

"Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, porque él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón. Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles. Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios."

1 Corintios 15:45-49

"Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial."

2 Corintios 5:17

"De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas."

 

Efesios 5:30-32

"Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia."

1 Timoteo 2:12-13

"Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, después Eva."

Santiago 3:9

"Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios."

1 Pedro 4:19

"De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien."

La caída del hombre (Génesis 3)

Juan 8:44

"Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira."

Juan 14:30

"Porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí."

Romanos 5:12-21

"Por lo tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado. No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir. Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo. Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y el don de la justicia. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, nuestro Señor."

Romanos 8:20-22

"Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora."

Romanos 16:20

"Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies."

1 Corintios 15:21-22

"Porque por cuanto la muerte entró en un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán, todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados."

1 Corintios 15:50-57

"Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción... Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción y esto mortal se vista de inmortalidad, y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo."

2 Corintios 2:11

"... para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones."

2 Corintios 11:3

"Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo."

1 Tesalonicenses 3:5

"Por lo cual también yo, no pudiendo soportar más, envié para informarle de vuestra fe, no sea que os hubiese tentado el tentador, y que nuestro trabajo resultase en vano."

1 Timoteo 2:14-15

"Y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión. Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia."

Hebreos 2:14-15

"Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos lo que por el temor de la muerte, estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre."

Santiago 1:13-15

"Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado para el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte."

2 Pedro 1:4

"... para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia."

1 Juan 2:16-17

"Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre."

1 Juan 3:8

"El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio."

1 Juan 5:18-19

"Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca. Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno."

Apocalipsis 2:4-5

"Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de donde has caído."

Apocalipsis 2:7

"Al que venciere, le dará a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios."

Apocalipsis 3:18

"Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres... vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez."

Apocalipsis 12:9

"Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero."

Apocalipsis 20:2

"Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás."

Apocalipsis 22:3

"Y no habrá más maldición."

Apocalipsis 22:14

"Bendecidos son los que lavan sus ropas, para que puedan tener derecho al árbol de la vida."

Linajes de familia conflictivos (Génesis 4-5)

Mateo 23:35

"... para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar."

Lucas 3:23,36-38

"Jesús mismo al comenzar su ministerio era como de treinta años, hijo, según se creía, de José... hijo de Sem, hijo de Noé, hijo de Lamec, hijo de Matusalén, hijo de Enoc, hijo de Jared, hijo de Mahalaleel, hijo de Cainán, hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios."

Lucas 11:50-51

"... para que se demande de esta generación la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde la fundación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo; sí, os digo que será demandada de esta generación."

Hebreos 11:4

"Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella."

Hebreos 11:5

"Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios."

Hebreos 12:24

"... a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel."

1 Juan 3:11-12

"Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas."

Judas 11

"¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín."

Judas 14-15

"De estos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos."

El gran diluvio (Génesis 6-9)

Mateo 24:37-39

"Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre."

Lucas 17:26-27

"Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre. Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos."

Hebreos 11:7

"Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe."

1 Pedro 3:18-21a

"Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; por el cual fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua. El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva."

2 Pedro 2:4-5

"Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos."

2 Pedro 3:5-7

"Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, por los cual el mundo de entonces pereció anegado en agua; pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos."

Judas 6

"Y los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día."

La humanidad después del diluvio (Génesis 10-11)

Hechos 7:2-4

"El Dios de la gloria apareció a nuestro Padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Harán, y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la tierra que yo te mostraré. Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán; y de allí, muerto su padre, Dios le trasladó a esta tierra, en la cual vosotros habitáis ahora."

Hechos 14:15-17

"De estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay. En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos; si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones."

Hechos 15:28-29

"Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación."

Hechos 17:26-31

"Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios... Siendo, pues, linaje de Dios no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres. Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en otro lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos."

Romanos 1:22-23

"Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles."

Romanos 1:25

"... ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén."

Gálatas 3:8-9

"Y la escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, como diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham."

Hebreos 11:8

"Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba."

Apocalipsis 17:5

"... un misterio: BABILONIA LA GRANDE, MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA."

Apocalipsis 18:21-24

"Con el mismo ímpetu será derribada Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada... Porque tus mercaderes eran los grandes de la tierra; pues por tus hechicerías fueron engañadas todas las naciones. Y en ella se halló la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los que han sido muertos en la tierra.

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